Uno de los aspectos más importantes de internet es su globalidad. Su capacidad de conectar con miles de personas. De compartir conocimiento. Un medio que, pese a las intentonas de controlarlo por parte de gobiernos, sigue campando a sus anchas libremente. Al menos de momento. Y eso a pesar de los casos puntuales donde se ha implantado la censura. Pero también ha contribuido a viralizar contenidos rápidamente y a un hecho: el robo de contenidos protegidos por derechos de autor.

Las redes sociales han participado en una cruda realidad marcada por la pose, a presumir. En definitiva, al llamado «postureo». Muchos usuarios comparten todo tipo de contenidos audiovisuales en sus perfiles. Todos queremos atribuirnos la autoría. Tener nuestro momento de gloria. Y muchos lo hacen a pesar de ser una práctica de dudosa legalidad. Hay ejemplos flagrantes como el de Cabronazi, un perfil que acumuló una ingente cantidad de usuarios y que supo sacarle provecho robando memes e imágenes generadas por distintos usuarios.

La creatividad forma parte de estas plataformas. Memes, fotomontajes, dibujos y esbozos se muestran con asiduidad, al igual que los trabajos de muchos fotógrafos -profesionales o amateurs- que alimentan sus perfiles con algunas de sus obras más interesantes. Sucede que, sin embargo, no tiene reparos en cogerla de prestado. Le sucedió a la modelo Jelena Noura Hadid, más conocida como Gigi Hadid.

Es una modelo estadounidense de 24 años que se las ha tenido que ver con un profesional de la imagen después de publicar una foto en la que ella aparecía en Instagram. Sin permiso de su autor. Sin consentimiento. Su alegato: «salgo yo». El fotógrafo, que trabaja en la agencia Xclusive-Lee, le denunció (PDF) por apropiación indebida. Y como tal cosa, se montó el lío. Generó el debate sobre el copyright y si esta acción de la modelo infringía los derechos de autor. Un intento de reescribir la ley vigente.

Los expertos en derecho digital y propiedad intelectual lo tienen claro. Una fotografía pertenece a su autor. A la persona que captura la imagen. Otro debate, lógico por otra parte, reside en la posible intromisión a la intimidad y al honor, pero eso es harina de otro costal en este caso. Pero eso en teoría, porque la vulneración de este derecho en redes sociales es habitual. «La propiedad intelectual pertenece al autor, y hay que pedirle permiso al autor para usarlo», asegura a este diario Borja Adsuara, jurista digital, quien añade, sin embargo, que en el caso de los famosos se produce una paradoja: «creen que existe un pacto tácito al dejarse fotografiar».

Entre anónimos también debería suceder. «Igual que habría que pedirle permiso a tus amigos para subir una foto, pero nadie lo hace», añade este experto. «Desde el punto de vista de la propiedad intelectual es del autor. Hasta tal punto que se protege el valor de la autoría porque a la chica -por la modelo en cuestión- le gusta esa foto y no la de otro. Aporta valor como obra artística», sugiere.

«En España, si no hay ningún acuerdo entre las partes, la fotografía es del fotógrafo. Y más teniendo en cuenta que este no estaba posando», manifiesta por su parte Samuel Parra, jurista experto en derecho digital. En caso sucederle a uno directamente, siempre -recalca- dirigirte al medio o al usuario para reclamarle tus derechos. Algo que, en la práctica, y salvo contadas ocasiones, no suele darse el caso. «Esto sucede constantemente en redes sociales. De hecho, me consta que existen perfiles que se nutren de estos contenidos para generar más actividad, retuits…». Por contra, Adsuara considera que estas prácticas de robar contenido ajeno «está mal hecho», pero «es difícil de evitar sobre todo cuando se viraliza el contenido», dado que «hay veces que el contenido ha circulado tanto por internet que es difícil de averiguar la autoría».

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