No ha sido una mala primera parte del año para la renta variable. Las Bolsas acumulan una rentabilidad del 15% en muchos casos, aunque el Ibex-35 se haya quedado un poco atrás por el mal comportamiento de la banca. Lo mejor ocurrió en los cuatro primeros meses de 2019. El selectivo, que arrancó en el entorno de los 8.500 puntos, marcaba el 18 de abril los máximos del ejercicio a las puertas de los 9.600 puntos.

A partir de ahí, sobre todo en mayo, la situación se complicó. Si hasta entonces parecía que Estados Unidos y China llegarían rápido a un acuerdo comercial, lo que despejaba el que se cree mayor riesgo para la economía global, después el mercado empezó a ser consciente de que iba a ser difícil dar carpetazo a esta incertidumbre a cuenta de los recelos mutuos que se hicieron patentes desde las dos grandes potencias mundiales.

Las caídas han encontrado, al menos por ahora, un suelo. En el caso del selectivo, en los 9.000 puntos. Ante los débiles datos económicos a uno y a otro lado del Atlántico, la falta de inflación suficiente y a la vista de los riesgos para el crecimiento que se derivan de la guerra comercial, la Reserva Federal y el BCE se han mostrado dispuestos incluso a bajar los tipos de interés o a recuperar otras medidas de apoyo extraordinario a la economía de ser necesario. Ello ha dado soporte a las Bolsas. Aunque también hay quien avisa de que los mercados pueden estar pecando de optimismo.

¿Complacencia?

Así opina Natalia Aguirre, de Renta 4: «Nos da la impresión de que el mercado está complaciente». Las Bolsas se han recuperado por expectativas de estímulos monetarios, pero lo que subyace es una mala noticia: la economía falla. Además, plantea que ahora esas expectativas de bajadas de los tipos tienen que materializarse y, como explica, el mercado está descontando reducciones muy agresivas del precio del dinero.

Neil Dwane, de Allianz, coincide con esta preocupación: «Los mercados cuentan con que haya entre dos o tres bajadas de tipos hasta final de año. Pero creemos que la Fed seguirá siendo paciente, tomará las decisiones según los datos que se publiquen y no actuará si si las perspectivas no cambian de forma significativa».

Aguirre señala otro «pero» en este asunto: el sostenimiento de las Bolsas está sujeto a que los estímulos monetarios cumplan con su fin, esto es, evitar el deterioro económico.

En definitiva, las Bolsas pueden estar más optimistas que la realidad que les espera. Harald Berres, co-gestor del fondo Ethna-Dynamisch, lo explica: «Tras las ganancias registradas desde principios de año, los mercados han cotizado una cantidad considerable de buenas noticias y las valoraciones son algo más ambiciosas, al menos a corto plazo».

De hecho, espera que se mantenga la volatilidad reciente: «La evolución de mayo ha demostrado que es más difícil subir y hay más volatilidad en los mercados que en los primeros meses del año. Esperamos un entorno similar en los próximos meses. Hacia finales de año, las Bolsas podrían volver a calmarse y prepararse para realizar una serie de nuevos máximos. Pero hasta entonces hay que encontrar soluciones para los actuales puntos conflictivos, en particular, la guerra comercial entre EE UU y China».

Guerra comercial y Fed

De momento, y aunque en el G-20 se ha terminado logrando una nueva tregua – solo eso- entre Donald Trump y Xi Jinping, el mercado no se ha hecho muchas ilusiones sobre la posibilidad de un acuerdo amplio que zanje el conflicto, aunque sí esperaba algún avance. Ahora ninguno de los dos líderes siente una gran presión para acabar de una vez con el enfrentamiento tarifario. Y según Álex Fusté, de Andbank, Trump menos.

Este experto razona que Jerome Powell, el presidente de la Fed, ha dicho que recortará los tipos si no se despejan los riesgos. A partir de ahí, continúa, es legítimo pensar que Trump tratará de mantener el conflicto comercial «a fuego lento» para que Powell termine bajando el precio del dinero y, más adelante, con vistas a 2020, año electoral en EE UU, pelee por la paz con China. Así, el presidente americano se enfrentaría a su reelección en las mejores condiciones posibles: bajos costes de financiación sosteniendo la economía y un acuerdo comercial que despeje riesgos.

Pero Sara Herrando, de Norbolsa, plantea el segundo semestre con la premisa de que, antes o después, habrá un gran acuerdo comercial entre EE UU y China, lo que mejorará la visibilidad del crecimiento. Ello, junto con el apoyo subyacente de los bancos centrales, puede poner las bases para «una cierta alegría en las Bolsas en la segunda mitad del año». Herrando anticipa una rentabilidad de un dígito bajo de julio a diciembre, sujeto a las noticias que vayan llegando de la guerra comercial.

Aguirre recuerda, asimismo, la importancia de los resultados del primer semestre que se empezarán a publicar el 15 de julio. Anticipa el riesgo de que las empresas avisen de una desaceleración más duradera y estructural. «De momento, se han revisado a la baja los resultados de 2019 pero los de 2020 aún no», avisa Aguirre.

¿Puede haber recortes?

Los analistas avisan de la posibilidad de recortes a corto plazo. Fusté comenta que los potenciales recortes serían para aumentar exposición porque cree que los riesgos aún sobre la mesa, como un ‘brexit’ sin acuerdo o una guerra entre EE UU e Irán, tienen poca probabilidad de realizarse.

Los expertos de Bankinter son optimistas: lo que otros analistas califican de complacencia ellos lo consideran solidez. Afirman que la resistencia de las Bolsas puede ser síntoma de que «los riesgos podrían estar deslizándose a la baja» y, además, de que los precios de los activos cuentan con la protección de los bancos centrales.

Aunque esos mismos especialistas advierten: «Con volúmenes a la baja en verano debemos estar preparados para alguna corrección aunque sin asustarnos». Y_respecto a la preocupación que muestran otros expertos por los resultados apuntan: «En septiembre los analistas ya sustituiremos los beneficios esperados para 2019 por los estimados para 2020 y, de acuerdo con nuestros cálculos preliminares, las valoraciones seguirán ofreciendo potenciales atractivos».

Para Aguirre, de mantenerse las circunstancias actuales, cualquier recorte sería para comprar, aunque avisa de que habrá que ir vigilando los riesgos que ocasionan las caídas por si hay que cambiar la aproximación al mercado. Pero, según Sara Herrando, ante las incertidumbres existentes habría que mantener una cartera de valores equilibrada entre títulos cíclicos y defensivos.

Aguirre se inclina en todo caso por una cartera defensiva, entendida en sentido amplio. Ello no significa que tenga que estar compuesta por eléctricas y ‘telecos’ sino, en general, por compañías que sacan partido de los bajos tipos de interés, como Telefónica, Cellnex, Merlín, Iberdrola y Enagás;_y también, eso sí, por aquéllas que se encuentran muy infravaloradas, como Repsol y Ferrovial.

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