La cumbre del G-20 celebrada en Osaka (Japón) no ha resuelto los problemas más candentes de la globalización, la oleada de proteccionismo y el fracaso de la unanimidad en la lucha contra el cambio climático, pero al menos no se ha agravado la coyuntura y vuelve a haber algunos signos estimulantes. De hecho, el primer ministro nipón, Shinzo Abe, en la rueda de prensa al término de la reunión, manifestó que el Grupo de los Veinte «fue capaz de reafirmar los fundamentos del libre comercio», y destacó el respaldo del G-20 a «lograr mercados abiertos, libres y no discriminatorios» y «un terreno de juego justo». El imprevisible presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras su reunión con su colega chino, Xi Jinping, admitió que las conversaciones encaminadas a poner coto a la guerra comercial «están de nuevo por buen camino». Fuentes chinas confirmaron que las negociaciones, que fueron abruptamente interrumpidas en mayo, se reanudarán, y Washington ha levantado su amenaza de imponer nuevos impuestos a las importaciones, que habrían afectado a intercambios por más de 300.000 millones de dólares anuales. No obstante, los analistas comparan esa distensión con la que tuvo lugar en la cumbre del G-20 en Argentina a finales de 2018, que desembocó tiempo después en otra ruptura y en un recrudecimiento del conflicto. Veremos. En lo referente al otro gran asunto, el del cambio climático –la reunión ha tenido lugar mientras Europa padecía una intensa ola de calor–, la unanimidad ha sido imposible, aunque los demás países del G-20 han reafirmado la «irreversibilidad» de los Acuerdos de París y se han comprometido a la «plena implementación» de sus medidas nacionales pactadas en 2016; además, se ha fijado la fecha de 2020 para «actualizar las contribuciones nacionales» a la lucha común contra el calentamiento global. Sin embargo, en la declaración se hace mención a que Estados Unidos «reitera su decisión de retirarse de los Acuerdos de París porque suponen una desventaja para los trabajadores y contribuyentes estadounidenses». El aislamiento de EE UU, a quien todos han abandonado (incluso el Brasil de Bolsonaro), es un presagio de esperanza para el mundo. La imprevisibilidad de Trump impide afirmar con rotundidad que hemos asistido a un discreto triunfo del multilateralismo frente al proteccionismo, pero la realidad es que el balance de Osaka es hasta cierto punto positivo.

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