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Alemania experimenta con el modelo sueco

Más de 12.000 contagios en las últimas 24 horas, desde hoy cerrados el ocio, la gastronomía y la cultura y con el sistema sanitario preparándose para un pico de demanda de camas UCI en dos semanas, en este contexto, la ciudad alemana de Tübingen cambia de estrategia y, en modo experimental, introduce el modelo sueco, que intercambia restricciones generales por una protección específica de los grupos de riesgo, entre los que destacan los ancianos.

«Tratamos de poner en práctica lo que están recomendando los expertos», dice el alcalde de Tübingen, Boris Palmer, del partido Los Verdes, en referencia a la reciente sugerencia del director de Virología de la Charité de Berlín, Christian Drosten. El reconocido experto y asesor del gobierno alemán ha llamado incluso a modificar los criterios oficiales para aumentar reforzar las medidas de prevención, sustituyendo la incidencia por cada cien mil habitantes por la tasa de infectados de más de 65 años de edad. «Es el grupo de mayor mortalidad y por tanto, si los protegemos a ellos, estamos mejorando la lucha contra el virus», justifica el alcalde.

En la primera semana de octubre, el Instituto Robert Koch (RKI) registró 1.242 nuevas infecciones en pacientes mayores de 70 años. Antes de fin de mes, el número se había multiplicado. Entre el 19 y el 25 de octubre, el RKI registró más de 6,900 nuevas infecciones en mayores de 70 años, por lo que advirtió oficialmente que «dado que estos pacientes tienen más a menudo un curso severo de Covid-19, el número de casos graves y muertes también está aumentando».

Las medidas que pone en marcha la ciudad son una flota de taxis municipales que evite que los ancianos utilicen el transporte público, un corredor comercial de 9:30 a 11:00 en el que solamente los mayores podrán entrar a los comercios y el reparto gratuito de mascarillas FFP2 a los mayores de 65 años. Al igual que en Suecia, la estrategia estará plenamente basada en la protección de las personas mayores.

En un llamamiento a la población, Palmer ha pedido a todas las personas mayores que «no utilicen más los autobuses urbanos en noviembre» y que utilicen el taxi colectivo solo para «viajes esenciales». En cambio, «todo el que esté lo suficientemente en forma debería usar la bicicleta, incluso si empieza a hacer más frío», en referencia a un medio de transporte muy habitual en Alemania también entre la población de más edad. «También las personas que no son mayores deben ayudar», ha añadido el alcalde como parte de la estrategia, «todos los ciudadanos menores de 65 años y sin enfermedades previas no deben ir de compras entre las 9:30 y las 11:00 para mantener las tiendas libres para las personas mayores y personas con enfermedades previas, reduciendo así el riesgo de infección».

«Nuestra estrategia se basa en la responsabilidad personal y la protección especial de los ancianos», explica Parlmer, «personalmente, no creo que un cierre o confinamiento general sea una estrategia productiva a largo plazo» y «hemos tomado el modelo sueco del epidemiólogo de Estocolmo Jonas F. Ludvigsson porque creemos que es el que más vidas salvará”. En Suecia y durante más de seis meses, el Ministerio de Salud pidió a las personas mayores de 70 años que evitasen el transporte público y redujesen los contactos sociales. Un 59% de las personas mayores suecas, según las encuestas, vieron a su familia con menos frecuencia, el 69% restringió el contacto con amigos y conocidos.

«El gran error de Suecia, con graves consecuencias, fue la protección inicialmente deficiente de las residencias de ancianos. Murieron miles de personas de la tercera edad, significativamente por encima de Alemania, por eso nosotros hemos mejorado el modelo, haciendo que el personal se someta a pruebas regularmente desde septiembre, y ahora los visitantes deben someterse también a pruebas rápidas antes de entrar para detectar el virus», añade Palmer. El alcalde ve a su ciudad como pionera en la lucha contra la pandemia y cree que se convertirá en ejemplo para otras cuando los datos demuestres que su estrategia ha sido más efectiva.

La responsabilidad personal, sin embargo, «no puede ser sustituida por ninguna estrategia estatal», advierte, en referencia a casos muy sonados, como la fiesta de cumpleaños con más de cien invitados que la policía ha disuelto este pasado fin de semana en Múnich. Los padres de un niño que cumplía un año habían organizado una celebración masiva que ahora es puesta como ejemplo, por parte de las autoridades alemanas, de comportamiento irresponsable e indiferente con el sufrimiento de los grupos de riesgo. «Debemos concienciarnos de que hay determinados grupos de población a los que tenemos que proteger y que los protegemos con lo que hacemos dada día, cada hora, y también con lo que dejamos de hacer».
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