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Arabia Saudí: represión feroz y violaciones de derechos humanos

“No hemos tenido noticias de Lujain desde el 26 de octubre”, explica Lina al Hazlul, la hermana de la activista encarcelada, “cuando mis padres la visitaron ese día, ella les dijo que estaba perdiendo la esperanza y que estaba iniciando una huelga de hambre“. La historia de Lujain al Hazlul es la de cualquier activista en Arabia Saudí.  Pese a la reciente apertura del régimen con algunas reformas, el sello de la monarquía del príncipe heredero Mohammed Bin Salman (conocido por sus siglas, MBS) sigue siendo su represión feroz, las violaciones de derechos humanos y el encarcelamiento de activistas. Su impunidad se ve reforzada este fin de semana con la celebración del G-20 en Arabia Saudí.

La principal cumbre económica y política mundial tiene en el empoderamiento de la mujer uno de sus principales ejes de discusión. “Desde que asumió la presidencia del G-20, Arabia Saudí ha hecho una gran inversión en renovar su imagen, pero las verdaderas agentes del cambio en el país están en la cárcel“, ha defendido Lynn Maalouf, directora regional adjunta de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.

Una de ellas es Lujain al HazlulLuchadora incansable por el derecho de las mujeres a conducir, defendió el fin del sistema de tutela masculina que impera sobre la población femenina del reino wahabí. En el 2018, semanas antes del levantamiento de la prohibición de conducir, muchas activistas por los derechos de las mujeres fueron detenidas y encarceladas. Acusadas de cargos muy alejados de su activismo, estas mujeres fueron torturadas y agredidas sexualmente. Pese a la liberación de algunas de ellas, cinco siguen en prisión, según Human Rights Watch

‘Sportswashing’

“Después de tres años de encarcelamiento arbitrario de activistas, creo que la estrategia debe cambiar”, defiende Lina al Hazlul desde París. “Debemos aprovechar esta cumbre donde Arabia Saudí estará en el centro de atención durante unos días para decir las cosas públicamente“, añade. Pero esta táctica ya ha sido utilizada por los activistas en la diáspora para exigir cambios en el país que los exilia. Sobretodo durante grandes eventos deportivos, de los que Arabia Saudí se ha servido para lavar su imagen a través del ‘sportswahing’.

Desde la Supercopa de fútbol de España hasta grandes premios de Fórmula 1 han sido ensombrecidos por la represión a activistas y la marginación de mujeres en la teocracia del Golfo. Pero nada amenaza el poder de la monarquía petrolera, gobernada con dureza por el príncipe heredero. Aunque el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en octubre del 2018 escandalizó al mundo, dos años después, MBS no ha hecho rendir cuentas a los oficiales de alto nivel implicados en su muerte y desmembramiento.  

En el 2017, el nombramiento de MBS como gobernante de facto del reino a sus tempranos 33 años rejuveneció la imagen de la teocracia saudí, dándole ciertos aires de modernidad y reformismo que, a día de hoy, están por ver. En el marco de la Visión 2030, el príncipe heredero ha impulsado una serie de reformas que pretenden modernizar el país. Y aunque sí que ha habido avances en materia de reconocimiento de derechos sobretodo para las mujeres, sus principales impulsoras siguen siendo víctimas de desapariciones forzosas, torturas y penas de cárcel injustificadas. 

Gritos al vacío

Sus violaciones de los derechos humanos han llegado hasta Yemen, donde desde hace un lustro, la coalición saudí bombardea a la población civilLa hambruna causada por la guerra podría provocar la muerte de 13 millones de yemenís. En su intento por mostrar su lado humanitario, el reino anunció la eliminación de la pena de muerte a menores y la retirada de ciertas limitaciones abusivas para los trabajadores extranjeros en el país bajo el sistema kafala.

“Los países del G-20 pueden marcar la diferencia y desempeñar un papel importante para convencer a Arabia Saudí de que detenga sus abusos contra los derechos humanos”, ha insistido Michael Page, subdirector para Oriente Próximo de HRW. Huérfano del apoyo de Trump, MBS se enfrasca en un nuevo escenario internacional liderado por un menos permisivo Joe Biden. Aunque el líder wahabí no teme a una comunidad internacional que lleva años vendiéndole armas para atacar a Yemen. Y así, desde la península arábiga, los gritos de activistas y oprimidos cada vez se oyen menos.

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