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Argelia celebra un referéndum constitucional pese a las críticas de los manifestantes

Argelia celebra este domingo un referéndum sobre la nueva Constitución del país, surgida de los trabajos iniciados tras la llegada al poder de Abdelmayid Tebune en diciembre a raíz de la dimisión en abril de 2019 del histórico líder argelino Abdelaziz Buteflika, tras semanas de movilizaciones a nivel nacional contra su intención de presentarse a un quinto mandato.

Tebune, quien tras su victoria en unas elecciones rechazadas por los manifestantes, que exigían la cancelación de la votación y la salida del poder de personas del círculo de Buteflika para un cambio real, tendió la mano al ‘Hirak’ –movimiento popular– y se comprometió a acometer una reforma de la Carta Magna para dar respuestas a las exigencias de la población.

Así, el mandatario, quien fue primer ministro entre mayo y agosto de 2017 y quien, según la oposición, contó con el respaldo del Ejército en su candidatura a la Presidencia, abogó por modificaciones “profundas” en el documento constitucional y creó en enero un comité de expertos encargado de presentar propuestas, en medio del escepticismo de manifestantes y oposición.

Sin embargo, el llamamiento al diálogo por parte de Tebune dividió en parte a la oposición, mientras que las restricciones impuestas desde marzo a causa de la pandemia de coronavirus han limitado las muestras de rechazo público a los planes de reforma, en los que no han sido incluidos representantes de la oposición ni de la sociedad civil.

Durante el anuncio de la creación del citado comité, el presidente argelino dijo que la revisión de la Constitución suponía “la piedra angular para la edificación de una nueva República” con el objetivo de “favorecer el surgimiento de nuevos modos de gobernanza y asentar los pilares de la nueva Argelia”.

Tebune se ha escudado desde entonces en la reforma constitucional para presentar una imagen de cambio y ha realizado declaraciones ensalzando las movilizaciones contra Buteflika, al tiempo que ha denunciado en numerosas ocasiones los casos de corrupción y abuso de poder durante sus 20 años de mandato.

Por contra, la realidad sobre el terreno parece haber sufrido pocos cambios y los arrestos de manifestantes y activistas se han sucedido durante los últimos meses, lo que ha hecho saltar las alarmas y ha reforzado las denuncias del ‘Hirak’, que sigue exigiendo un cambio profundo en la clase política del país.

Estas críticas se han visto reforzadas desde que se desveló el proyecto de Constitución, que contempla pocos cambios respecto al texto anterior y refuerza las competencias de la Presidencia y el Ejército, por lo que la oposición y la sociedad civil siguen insistiendo en que las modificaciones aplicadas desde la caída de Buteflika no pasan de gestos cosméticos que no abordan los problemas fundamentales que provocaron las movilizaciones.

Una campaña sin voces opositoras

Tanto el Gobierno como el Ejército han lanzado en las últimas semanas diversos llamamientos a la participación y han ensalzado que el nuevo texto responde a las demandas de los manifestantes, ante el temor de que el referéndum sufra el mismo mal que las presidenciales de diciembre, cuando la elección de Tebune quedó empañada por una participación cercana al 40 por ciento, la más baja en la historia del país.

De hecho, el país ha ido sufriendo un descenso en estas cifras –en 2014 fue del 50,7 por ciento y en 2009 del 74,56–, reflejo del aumento del rechazo de la población al sistema político, motivo por el que has autoridades han invertido gran parte de su trabajo de comunicación a animar a los ciudadanos a acudir a las urnas y a dar un espaldarazo al proceso de transición.

En este sentido, el primer ministro de Argelia, Abdelaziz Yerad, se mostró confiado este semana en que la población “dará su apoyo” al proyecto y defendió que el documento “completa el proceso de edificación del Estado”, un mensaje que ha sido repetido durante las últimas semanas por diversos miembros del Ejecutivo.

Por su parte, el jefe del Ejército, Said Chanegriha, mostró el 22 de octubre su convencimiento en que el “orgulloso pueblo” de Argelia “acudirá en masa el 1 de noviembre para participar en el referéndum” para “hacer que su voz soberana sea escuchada en las enmiendas propuestas, abortando los planes de todos los que vigilan la seguridad y la estabilidad” del país.

La fecha del 1 de noviembre está además cargada de simbolismo, ya que durante este día se conmemora el inicio de la Guerra de Independencia en 1954, conflicto que concluyó en 1962 con la independencia del país de Francia, la metrópoli. De hecho, el lema de la campaña de cara al referéndum ha sido ‘Noviembre 1954: Liberación. Noviembre 2020: Cambio’.

El mensaje oficial ha encontrado un importante altavoz en los medios estatales argelinos, que han publicado durante las últimas semanas numerosos mensajes de ministros y otras autoridades a favor de la participación, mientras que las voces críticas con las enmiendas no han recibido prácticamente espacio.

Un ejemplo de esta situación fue la polémica desencadenada por las declaraciones del ministro de Juventud y Deportes, Alí Jaldi, quien manifestó durante la campaña que “aquellos que no estén satisfechos con la situación en Argelia pueden irse a vivir a otro país”, con los críticos haciendo hincapié en que supone una confirmación de la falta de aceptación del disenso en el país africano.

Las enmiendas constitucionales

El proyecto plantea una serie de enmiendas a la actual Carta Magna e incluye en su preámbulo una declaración de intenciones sobre dar respuesta a las “aspiraciones de un cambio profundo a nivel político y social para la construcción de una nueva Argelia” durante las movilizaciones de los últimos meses.

En esta línea, incluye un artículo que obliga a las autoridades a respetar la Constitución en lo relativo a los derechos y libertades de la población y prohíbe cualquier limitación de la libertad de prensa, al tiempo que impide modificar el estatus del tamazight como lengua oficial y expande los derechos de las mujeres. Por otra parte, resalta que la legislación no debe impedir la libertad de creación de partidos políticos y sindicatos y recoge el derecho de los ciudadanos a presentar peticiones.

Sin embargo, las voces críticas han resaltado que la redacción de estos artículos es demasiado difusa y no fija unas limitaciones claras para proteger estos derechos, mientras que amplía el papel del Ejército, del que dice que “defiende los intereses vitales y estratégicos” del país y autoriza por primera vez que participe en operaciones de paz en el extranjero, algo achacado a la preocupación que genera la crisis en la vecina Libia.

Las enmiendas incluyen la limitación de los mandatos presidenciales a dos, sucesivos o separados y de cinco años cada uno, y exige que el mandatario nombre a un primer ministro salido del partido con mayor representación parlamentaria, si bien el jefe de Estado seguirá manteniendo amplios poderes y podrá elegir al Gobierno, a un tercio del Senado y a los altos cargos en el aparato de justicia y las fuerzas de seguridad.

Por último, refuerza las tareas de prevención y lucha contra la corrupción, incluida la declaración de bienes al final del mandato de todas las personas elegidas para cargos públicos, en un intento por dar respuesta a este problema, uno de los principales males que la población achaca a la cúpula política y económica, conocida como ‘Le Pouvoir’, especialmente durante la Presidencia de Buteflika.

El referéndum, uno de los principales proyectos políticos de Tebune, se celebrará sin embargo sin su presencia debido a que se encuentra hospitalizado en Alemania tras el positivo por coronavirus de varios de sus asesores. La Presidencia ha asegurado que se encuentra “estable”, sin confirmar los motivos de su ingreso.

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