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Biden acepta la nominación: «El final de este episodio de oscuridad en EE.UU. empieza esta noche»

Joe Biden aceptó este jueves por la noche -entrada la madrugada en España- la nominación del partido demócrata para la presidencia de EE.UU. Lo hizo en el tradicional discurso que ofrece el nominado en el cierre de la convención del partido, la gran fiesta electoral de la campaña, condenada a ser virtual, sin público, por la pandemia de Covid-19.

Después de cuatro días de discursos y de un ejercicio formidable del partido para dar una imagen de unidad alrededor de su candidato, Biden se enfrentaba a una prueba de fuego. Ha pasado buena parte de la campaña encerrado en su mansión de Delaware, maniatado por las restricciones del coronavirus. A sus 77 años, el secuestro forzado le ha venido bien: no se ha desgastado en mítines y la crisis sanitaria y económica de la pandemia han pasado factura a quien está al timón del país, Donald Trump. El demócrata tiene una distancia de más de siete puntos respecto al presidente, según el acumulado de encuestas de «RealClearPolitics».

Pero Biden no tenía más opción esta noche que salir al ruedo, y con la presión de enfrentarse al discurso más importante de su dilatada carrera en la política. El candidato cumplió con suficiencia, quizá también porque las expectativas tampoco eran enorme en una persona que no destaca por su oratoria.

Al contrario de la imagen de senilidad y somnolencia con la que Trump le ataca, Biden mantuvo buen tono en el discurso. Fue firme, familiar en ocasiones, emotivo al hablar de las tragedias de la pandemia -él, que perdió a su primera mujer y a dos de sus hijos en edad temprana, trasmite ese sentimiento mejor que nadie- y enérgico en algunos momentos.

Biden dijo desde que presentó su candidatura en la primavera del año pasado que venía a dar la «batalla por el alma de América». Este jueves profundizó en esa idea, con una propuesta de revertir la polarización y la agresividad que han marcado a la presidencia de Trump.

Defendió que el próximo 3 de noviembre, la cita con las urnas, están en juego «el carácter, la compasión, la decencia, la ciencia, la democracia, quiénes somos como país, quiénes queremos ser».

«La elección es muy clara», aseguró y repasó el impacto trágico de la pandemia en EE.UU.: cinco millones de contagios, más de 170.000 muertos, decenas de millones de empleos perdidos y «un peor desempeño que cualquier país» en la lucha contra el virus. «Juzgad al presidente por los hechos», pidió a los votantes. «Si resulta reelegido, sabéis lo que pasará: el número de casos y de muertes seguirá alto».

El exvicepresidente, que cargó las tintas, como era de esperar, en la gestión de Trump de la pandemia, aseguró que «el presidente ha fracaso en su obligación, que es protegernos, proteger a EE.UU. Eso es imperdonable».

Biden habló un día después de que Barack Obama, del que fue su vicepresidente, ofreciera un discurso cargado de ataques contra Trump, en el que defendió que la democracia de EE.UU. está amenaza de gravedad ante la posibilidad de que el multimillonario neoyorquino siga en la Casa Blanca.

Trump buscó contraprogramar a Biden con un discurso en el mismo día y, para hacer mayor daño, desde la zona de Pensilvania en la que nació el candidato demócrata. Utilizó también una retórica apocalíptica: «Si queréis una visión de vuestra vida bajo una presidencia de Biden, imaginad las ruinas humeantes de Mineápolis, la anarquía violenta de Portland, las aceras manchadas de sangre de Chicago», dijo en una referencia dramática a las protestas de los últimos meses en las ciudades de EE.UU. «E imaginad ese caos llegando a vuestro pueblo y todos los pueblos de América».

Biden se distanció de Obama y de Trump, y apostó por una mirada optimista hacia el futuro de EE.UU. «El actual presidente ha ensombrecido a EE.UU. durante demasiado tiempo», dijo sobre Trump, al que no mención por su nombre en todo el discurso. «Aquí y ahora, yo os prometo: si me confiáis la presidencia, sacaré lo mejor de nosotros, no lo peor».

El candidato transmitió una voluntad de unidad después de la división que ha marcado la presidencia de Trump. Dentro de su partido -sus siete principales rivales en las primarias compartieron una conversación antes del discurso para loar a Biden- y fuera de él. «Soy un candidato demócrata, pero seré un presidente estadounidense. Trabajaré tan duro por aquellos que no me apoyen como por los que lo hagan. Ese es el trabajo del presidente. Representarnos a todos, no solo a las bases de nuestro partido».

Lo que no hizo fue explicar cómo será su Gobierno, más allá de ideas generales, defensa de valores familiares, recordatorios de su compromiso con el ejército y apelaciones tradicionales contra la desigualdad y, en especial, contra el racismo estructural. «¿Seremos la generación que por fin saque la mancha del racismo de nuestro carácter como país?», se preguntó. En el gran discurso de lanzamiento de su campaña, Biden se mostró más como un candidato ‘anti-Trump’, con mucho peso de la crítica a la gestión de la pandemia, que como una alternativa propia.

En un final emotivo, sacado del libreto del que fuera su jefe en la Casa Blanca, Barack Obama, proclamó que «este es nuestro momento» y que ·el final de este episodio de oscuridad en EE.UU. empieza aquí esta noche, como amor, esperanza y luz. Sumaos a la batalla por el alma de la nación».

No hubo la tradicional lluvia de globos y confeti, ni un público electrizado. Pero sí fuegos artificiales. Con la mascarilla puesta, y acompañado de su mujer, Jill, de su candidata a vicepresidenta, Kamala Harris, y el marido de esta, Doug Emhoff, salieron a las afueras del centro de convenciones de Delaware donde se celebró el discurso. Un grupo reducido de seguidores les aplaudió desde sus coches, hubo estruendo de música y de cohetes. Había comenzado la recta final de la campaña.

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