Biden acusa a Trump de instigar la violencia como estrategia para ganar las elecciones

¿Les parezco un socialista radical tolerante con los disturbios? ¿De verdad?». Un incrédulo y a veces atónito Joe Biden dio ayer comienzo formal a su campaña electoral con un enardecido discurso de respuesta al que Donald Trump pronunció desde la Casa Blanca el jueves pasado para aceptar la candidatura de su partido a la reelección. «Yo quiero una América segura, libre de coronavirus, libre de criminalidad y saqueos, libre de violencia racial, libre de policías corruptos, y, por ser claro, libre de cuatro años más de Donald Trump», proclamó el candidato demócrata.

Que Biden se viera obligado ayer a hablar de ese modo y pronunciar esas palabras significa que su campaña se ha tomado en serio los ataques proferidos contra él por los republicanos la semana pasada en su congreso electoral, durante el cual le acusaron de ser una marioneta del ala más radical de su partido. El candidato demócrata, que ha pasado gran parte de la pandemia aislado en su residencia de Delaware, se desplazó ayer unos 500 kilómetros al oeste hasta Pittsburgh, en Pensilvania, un estado en el que nació y que Trump ganó por sorpresa en 2016.

«El trabajo de un presidente es ser honesto, decir la verdad, ser sincero, enfrentarse a los hechos, ser líder, no ser un instigador, y por eso estoy yo hoy aquí, porque el actual presidente es incapaz de decirnos la verdad, incapaz de enfrentarse a los hechos, incapaz de curar heridas, no quiere iluminaros, quiere encendernos, y está instigando violencia en nuestras ciudades», dijo Biden en su discurso, en una de las críticas más ácidas que le ha dedicado a Trump desde que lanzara formalmente su candidatura.

La violencia en las calles de EE.UU., instigada por una nueva oleada de abusos policiales, se ha convertido en uno de los asuntos centrales de esta campaña. Grupos armados, entre ellos milicias partidarias de Trump y en ocasiones alentadas por el presidente en redes sociales, han protagonizado enfrentamientos con turbas que denuncian la brutalidad policial atrincheradas en el centro de grandes ciudades como Portland, en Oregón. El fin de semana murió a tiros un partidario del presidente en esa misma localidad. Otro, menor de edad, fue detenido en Illinois como posible autor de dos homicidios en las protestas de Wisconsin.

A ese último estado, a la localidad de Kenosha, viaja hoy Trump, que ha decidido visitar en persona las escenas de los disturbios de la semana pasada. En Kenosha la policía abatió a tiros a Jacob Blake, un hombre de raza negra al que había intentado detener por una orden de arresto por agresión sexual. Se encuentra ingresado en estado grave. El presidente instó al gobernador de Wisconsin, el demócrata Tony Evers, a que desplegara a la Guardia Nacional para sofocar la violencia, algo que este hizo.

Quedan apenas dos meses para las elecciones del 3 de noviembre y las dos campañas ya están a pleno rendimiento mientras la distancia entre ambos candidatos se va reduciendo en los sondeos, aunque Biden lleva una ligera ventaja en la media general. Consciente de que la pandemia es un lastre para él, con más de 180.000 fallecidos y un desempleo por encima del 10%, Trump ha logrado centrar la contienda en los disturbios y saqueos, algo que le permite presentarse como el candidato de la mano dura, la ley y el orden.
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