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Biden se rodea de su vieja guardia ante las presiones de los radicales

«Dije desde el principio que quería una campaña que representara cómo es América y creo que lo logramos», aseguró
Joe Biden
en su discurso de celebración de la victoria electoral el pasado sábado en Wilmington, la ciudad de Delaware en la que ha hecho buena parte de su carrera política. «Ahora quiero que la Administración se parezca a eso», dijo sobre su inminente formación de Gabinete. Pero la definición del equipo de Gobierno será la primera gran batalla interna que vivirá el presidente electo.

Biden ha anunciado esta semana que empezará a dar nombres en las inmediaciones del día de Acción de Gracias, el próximo 26 de noviembre. Entonces se empezará a perfilar qué tipo de Gabinete arrancará al frente de EE.UU. a partir del 20 de enero, la fecha en la que Biden jurará el cargo como presidente en el Capitolio de Washington. Tendrá elementos de un Gabinete «que se parezca al país», según ha dicho varias veces en campaña, en una referencia a una mayor inclusión de mujeres, minorías y miembros de la comunidad LGBT. Pero también podría tener aspectos del «equipo de rivales» de Abraham Lincoln en 1860, y que Barack Obama prometió reeditar cuando llegó a la presidencia en 2008, aunque fue más una declaración de intenciones que una realidad. Los rumores han colocado como posibles miembros de la Administración Biden a republicanos como el senador y exnominado a la presidencia Mitt Romney -lo ha desechado- o el exgobernador de Ohio y candidato presidencial John Kasich. Esa opción disgustaría a las corrientes izquierdistas del partido demócrata, que presionan a Biden para escorar al Gabinete al máximo hacia su costado.

De momento, a lo que se parece el equipo de Biden es a sí mismo. En sus primeros pasos como presidente electo, ha colocado a personas de su mismo perfil -veteranos políticos de Washington, con mucha experiencia en los pasillos del poder- y que han sido sus colaboradores durante décadas.

El nombre más relevante es el de
Ron Klain
, que fue nombrado este miércoles por la noche como su futuro jefe de Gabinete en la Casa Blanca. Klain figuraba en todas las quinielas para el puesto, uno de los de mayor poder en el Gobierno. El jefe de Gabinete es la mano derecha del presidente, cercano a todas sus decisiones. Organiza el día a día de la Casa Blanca, toma las decisiones sobre el equipo e impulsa el programa de Gobierno del presidente.

Klain conoce muy bien el paño. Fue jefe de Gabinete de Biden, cuando este era vicepresidente en el Gobierno de Barack Obama. Antes también tuvo ese mismo cargo con Al Gore, vicepresidente con Bill Clinton.

Pero conoce al presidente electo desde incluso antes. Nada más salir de Harvard, Klain empezó a trabajar para Biden en 1989, cuando era senador. En la Administración Obama también fue el llamado «zar del Ébola», el encargado de coordinar todos los esfuerzos de la Administración Obama para contener la expansión de este virus mortal en su segundo mandato. La pandemia de covid-19 está ahora en pleno repunte en EE.UU., con varios récords de casos diarios en los últimos días y con la preocupación de un invierno que solo empeorará el escenario, y el nombramiento de Klain también se justifica en la gestión de esa crisis, la primera prioridad para Biden a partir de enero.

Klain no fue uno de los altos cargos de la campaña de Biden, pero sí fue clave en otra de sus especialidades: la preparación de debates. Todos los candidatos demócratas de los últimos treinta años han pasado por sus manos para entrenarse: Bill Clinton, Gore, John Kerry, Obama, Hillary Clinton y Biden.

Largo historial
Otro colaborador íntimo de Biden es la pieza clave de la transición desde la victoria electoral a la jura del cargo. El presidente electo ha puesto al frente del equipo de transición a Ted Kaufman, que trabaja con Biden desde su desembarco en la política nacional. En la campaña para senador por Delaware en 1972, cuando Biden tenía solo 29 años y muy pocas posibilidades de ganarla, Kaufman fue uno de sus principales asesores. Después sirvió como su jefe de Gabinete en el Senado y, brevemente, como senador en sustitución de Biden cuando este fue nombrado vicepresidente por Obama.

Es muy probable que otros dos altos cargos de la campaña presidencial de Biden, con un largo historial junto al presidente electo, tengan presencia importante en la Casa Blanca: Mike Donilon, que trabajó para Biden en la Casa Blanca, y que ha sido decisivo en su estrategia electoral, y Steve Ricchetti, que también fue jefe de Gabinete de Biden y ha sido presidente de la campaña.

Mientras se producen estos movimientos, la presión para que Biden nombre a miembros progresistas en su Gobierno ya ha empezado. Esta semana, dos organizaciones izquierdistas con mucho peso en EE.UU. dieron a conocer su lista de peticiones para el Gabinete. Los movimientos Sunrise Movement y Justice Democrats quieren a Elizabeth Warren como
secretaria del Tesoro
y a Bernie Sanders como secretario de Trabajo. También apuestan por Rashida Tlaib, una las cuatro legisladoras que forman el llamado «Squad» -el grupo de diputadas izquierdistas en el que también está
Alexandria Ocasio-Cortez
-, como secretaria de Vivienda, y por Keith Ellison, peso pesado del sector progresista, como fiscal general.
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