Biden, sobre la resistencia de Trump a irse: «Es bochornoso»

Joe Biden respondió ayer por primera vez a preguntas de los periodistas desde que se confirmara su victoria electoral el pasado sábado. El presidente electo compareció en un momento en el que Donald Trump está enrocado en su posición de no reconocer los resultados de las urnas. El presidente de EE.UU. ha asegurado que se ha producido un «fraude masivo» y un «robo» electoral –pese a que no ha presentado pruebas de ello– y ha conseguido que los pesos pesados republicanos, de momento, le secunden.

«Es un bochorno, francamente», reaccionó Biden ante la actitud del presidente, para quien tuvo un mensaje «Señor presidente, estoy deseando hablar con usted». Biden aseguró que su actitud ante los resultados «no le ayudará en su legado».

El presidente electo se refirió también a los bloqueos de la Administración Trump para dar acceso a información y datos del Gobierno federal a su equipo de transición, como es normal tras una elección y en preparación de la jura de su cargo, que se producirá –si la batalla legal que plantea Trump no lo impide– el 20 de enero.

«Ya estamos empezando la transición», defendió Biden, que trató de quitar importancia a esos bloqueos y buscó dar una sensación de tranquilidad ante un momento convulso en el país. Aseguró que el hecho de que no haya concesión por parte de Trump y de sus aliados «no tiene relevancia», «no cambia la dinámica», para la transición de poderes. Biden informó de que ya ha hablado con varios líderes de aliados de EE.UU. –mencionó, entre otros, Reino Unido, Alemania, Francia y Canadá– y que «están deseando» empezar a colaborar con su Administración para «volver a poner a EE.UU. en un lugar de respeto».

El presidente electo también reconoció la «intimidación» que está logrando Trump con los legisladores republicanos, pero se mostró confiado en que, una vez en la Casa Blanca, podrá trabajar con ellos para avanzar en su programa de gobierno.

Una de esas prioridades será la ampliación de la cobertura sanitaria, uno de los asuntos prioritarios para los votantes estadounidenses. La comparecencia de Biden de ayer era para discutir sus planes para defender y ampliar la Ley de Cobertura Sanitaria Accesible (ACA, en sus siglas en inglés) la reforma sanitaria que puso en marcha Barack Obama, cuando él era vicepresidente. Más conocida como Obamacare, la norma redujo en más de 20 millones el número de estadounidenses sin seguro médico, amplió la cobertura pública para personas de bajos recursos –Medicaid–, protegió a las personas con enfermedades previas –a las que se negaba cobertura o se les obligaba a pólizas muy altas– y estableció la obligación de suscribir seguros, bajo la amenaza de multa. Esta última condición fue muy peleada por los republicanos, y consiguieron eliminar la multa, pero no desmantelar Obamacare.

Biden se refirió a ella el mismo día en el que el Tribunal Supremo comenzaba a escuchar a las partes en el último embate legal de la Administración Trump y de varios estados bajo control republicano para tumbar la ley. El alto tribunal tiene una mayoría conservadora reforzada, tras la confirmación expedita el mes pasado de la jueza Amy Coney Barrett. Sin embargo, por lo escuchado ayer en las alegaciones, los magistrados podrían mantener en pie la ley.
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