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Buenos aires abre las cafeterías a pesar del aumento de contagios por coronavirus

Tomar café con mascarilla no es un el mejor de los programas recreativos pero para algunos argentinos es una forma de escape a los rigores de la pandemia. Los comensales miran a los lados y se la quitan para beber un sorbo. Mientras degustan, el tapabocas cuelga alrededor del cuello. Luego se cubren otra vez. Y así, hasta vaciar la taza.

En la nueva y laxa fase de la cuarentena, la alcaldía de la ciudad de Buenos Aires permite  a las cafeterías y restaurantes recibir clientes puertas afuera. Las mesas deben respetar la distancia social. La apertura decidida por el alcalde Horacio Rodríguez Larreta, que forma parte de la oposición, coincide con el aumento de los contagios en la capital y su populosa periferia.  El país se acerca a las 460.000 infecciones y los 10.000 muertos por covid-19.  El número de decesos es todavía bajo en comparación con los países vecinos. Pero se han encendido las luces de alerta. El relajamiento colectivo es tan evidente en las calles como riesgoso. “Lo más probable es que si seguimos como hasta ahora dentro de un mes haya 16.000 fallecidos o peor”, ha advertido el bioinformático de la Universidad de Buenos Aires, Rodrigo Quiroga.

La mayoría de los casos se concentran en la capital y sus alrededores. Pero el virus ha comenzado a circular por otras provincias que están cerca del colapso, como Jujuy. En medio de las degustaciones en las terrazas,  la Universidad de Medicina capitalina recordó que “hoy pasamos el momento más difícil de la pandemia“. “El sistema sanitario ha llegado al límite. La única posibilidad de evitar un desastre es bajar el número de contagios, y no hay otra herramienta más que el aislamiento. La apertura es una invitación al desmadre”, ha advertido la Sociedad Argentina en Terapia Intensiva (SATI). La ocupación de camas araña el 70%. El presidente del país, Alberto Fernández, ha recibido a los miembros del SATI y le han transmitido que están “agotados físicamente, exhaustos en los psicológicos”.

Relajamiento social

El relajamiento social ha venido de la mano de la banalización de la pandemia por parte de varios comunicadores y dirigentes opositores, lo que llevó al mismo Fernández a asegurar que “no van a tirar por la borda” todo el esfuerzo médico desde marzo. A Fernández le gustaría que Rodríguez Larreta condenara esas actidudes, pero el alcalde no quiere polemizar en público con Macri. “Si un expresidente desde Suiza celebra que la gente salga a la calle y se contagie, yo no me voy a callar”, criticó Fernández a su antecesor. “Muchos factores de poder utilizaron la pandemia como un mecanismo de ataque contra el Gobierno”. Patricia Bullrich, la activa organizadora de las protestas, acaba de contraer el covid-19. “Yo soy la que sale a hacer las compras. Bueno, evidentemente, en algún momento o en algún lugar me lo pesqué”, dijo. 

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