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Capriles reclama su turno

“Hablaremos con todo el que sea necesario para sacar a los venezolanos de esta crisis”. Con esa certeza, Henrique Capriles Radonski intenta disputarle la conducción opositora al diputado Juan Guaidó, cuya estrella viene menguando de manera sostenida a pesar del sostén de la Administración Trump y el reconocimiento de otros 53 gobiernos como “presidente encargado“. Capriles (Primero Justicia) no es un novato: ha sido gobernador del estado de Miranda y dos veces candidato a presidente. Perdió con Hugo Chávez por seis puntos en el 2012 y por un poco más de un punto frente a Nicolás Maduro, un año más tarde, tras el deceso del boliviariano. La escasa diferencia dio lugar a la inmediata sospecha.

A partir de ese momento, la legitimidad de Maduro fue puesta bajo un serio cuestionamiento. En el 2014 y el 2017 tuvieron lugar dos protestas que dejaron decenas de muertos. En el medio de esas convulsiones, el antimadurismo logró imponerse de manera contundente en las elecciones legislativas. Sin embargo, nunca pudo capitalizar esa mayoría parlamentaria. Apostó a la salida inmediata del presidente aunque sin resultados. La relación entre el Gobierno y sus adversarios osciló entre las fallidas tentativas de un consenso mínimo y el mutuo hostigamiento. Como parte de esa dinámica, Capriles fue inhabilitado para ejercer cargos públicos durante 15 años. Eso le impidió presentarse a los comicios presidenciales del 2018.

La era Guaidó

Buena parte de la oposición se negó a participar de aquella contienda que ganó Maduro. Y así se pavimentó el camino hacia la “autoproclamación” de Guaidó en enero del 2019. “Cese de la usurpación, Gobierno de transición y elecciones libres”, dijo a la multitud que lo vivó en Caracas. Con los meses, el mantra dejó de ser escuchado como una promesa. Capriles, quien en un principio respaldó a Guaidó, se desmarcó de la hoja de ruta de los sectores más radicales, que incluyó en mayo pasado una fallida incursión armada. Semanas atrás dio por fracasada la estrategia de esos dirigentes, con Leopoldo López, de Voluntad Popular, a la cabeza, llamó a discutir sobre la posibilidad de participar en los comicios parlamentarios del 6 de diciembre y se involucró en negociaciones que, vía Turquía, facilitaron el indulto de 110 opositores

La moneda de cambio ofrecida por esos dirigentes es un barniz de legitimidad a las futuras elecciones que Guaidó quiere boicotear con el aval de Washington. Por eso rechazó de forma airada las gestiones realizadas “a título personal” por Capriles y Stalin González. “Se hicieron sin conocimiento ni autorización del Gobierno interino, la Asamblea Nacional, nuestros aliados internacionales”. A la vez recordó: “Jamás estaremos dispuestos a aceptar acuerdos electorales que no permitan la verdadera expresión de la voluntad del pueblo”.

Controversia en puerta

Capriles no demoró en contestarle. Y dijo que gracias a sus “gestiones personales”, se pudo lograr la libertad de 110 personas. “¡No nos vamos a resignar, así como ningún venezolano lo hará hasta ver el cambio en el país!”. No solo defendió haber conversado con autoridades turcas para lograr el objetivo. Si fuera necesario, se sentará en una mesa “con chinos, con rusos, con europeos”. Capriles no dudó en confrontar elípticamente con Guaidó. “Hay quienes se terminan convirtiendo en lo que critican”. Y en ese sentido consideró que es necesario buscar una “solución creíble” a un conflicto que no hace más que eternizar al madurismo. La lucha por el liderazgo opositor entra en otra fase y con los comicios de por medio. El Palacio de Miraflores observa con cierto placer como sus enemigos se pelean entre sí.

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