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EE UU teme pérdidas humanas «en masa» por los incendios que devastan California

California, Oregon y Washington luchan con la ayuda de más de 18.000 bomberos para tratar de contener decenas de incendios forestales que arrasan la costa Oeste de Estados Unidos. Las intensas temperaturas, de entre 42 y 49 grados centígrados en algunos puntos, los fuertes vientos cálidos y una vegetación especialmente seca están configurando la peor temporada de fuegos, que ha obligado a evacuar a decenas de miles de ciudadanos, destruido numerosas casas y causado hasta el momento ocho muertes, aunque las autoridades esperan que su número aumente cuando sea posible inspeccionar las zonas asoladas en los próximos días. Oregón y California no descartan una pérdida de vidas «en masa» en el inmenso horno en que se ha convertido esta parte del país

Los intentos de contención de la catástrofe se ven dificultados además por la pandemia. La evacuación y realojamiento de los afectados «resulta diez veces más difícil», según han narrado algunos testigos de las operaciones. Uno de los problemas graves a los que se enfrentan los servicios de emergencia es la imposibilidad de construir grandes refugios temporales manteniendo las mínimas precauciones ante el coronavirus, muy virulento en estos Estados, ya que no es factible habilitar literas, comedores o duchas comunitarias. En algunas zonas, con carreteras cortadas y prácticamente aisladas por las llamas y el humo, tampoco es fácil hacer llegar mascarillas.

La situación resulta especialmente grave en California y Oregón. En el primero, todavía conmocionado por el peor desastre forestal de su historia, el Camp Fire ocurrido hace dos años y que causó 85 muertes, existen ahora cerca de sesenta incendios activos, de los cuales veinte están considerados «grandes fuegos». Lo peor es que el Estado arde ya sobre cenizas, pues ha registrado 7.600 incendios desde enero y todavía no ha llegado lo peor de la temporada, que suele venir entre este mes y noviembre.

Diez mil kilómetros cuadrados del territorio han desaparecido bajo las llamas, que han engullido a un número de casas todavía sin catalogar pero que las autoridades califican de «muy elevado». De hecho, se teme que ciudades como Paradise y Oroville queden devastadas y el Gobierno ha ordenado la evacuación de todos los parques nacionales, como el Bosque de Plumas, donde se han quemado 23.000 acres. Las fuerzas de rescate trabajan intensamente incluso con la ayuda de helicópteros militares de transporte para desalojar las zonas afectadas, pero creen que en los bosques, entre los miles de coches abandonados y bajo las ruinas de las residencias puedan aparecer víctimas mortales. En San Francisco, el cielo ha amanecido de color naranja debido a la combinación del humo y la niebla habitual de la bahía y las calles aparecen cubiertas de ceniza.

Pero donde más preocupa la situación es en Oregón. La gobernadora, Kate Brown, ha anunciado que al menos cinco ciudades han quedado «sustancialmente destruidas» y advierte que «esta podría ser la mayor pérdida de vidas humanas y propiedades debido a los incendios forestales en la historia de nuestro Estado». En total hay 85 focos activos, más de 130.000 hectáreas calcinadas y un contingente de miles de bomberos que miran al cielo rojo intenso. La esperanza de que llueva es una utopía y la ilusión de que aminoren los vientos secos ha sido destrozada por los últimos partes meteorológicos, que advierten que continuarán durante varios días más empujando frentes kilométricos de llamas hacia las ciudades, muchas de ellas ya evacuadas. El Estado ha pedido ayuda federal a Washington y se espera que Trump se pronuncie en breve.

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