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EEUU entra en un frenético final de campaña

El reloj de la cuenta atrás hacia las elecciones presidenciales del 3 de noviembre en Estados Unidos ya no marca días, sino horas. Son menos de 100 las que quedan para que las urnas decidan si Donald Trump sigue cuatro años más en la Casa Blanca o si vuelve allí, ahora como presidente, Joe Biden. La incertidumbre y también las tensiones están disparadas, pero no son lo único.

En unos comicios marcados por la pandemia de coronavirus, ampliamente interpretados como un referendo sobre Trump que funciona a modo de chute de adrenalina, tanto a favor como en contra del presidente, más de 85 millones de estadounidenses ha votado ya por anticipado y por correo, según el registro que mantiene el US Elections Project. Son el 62% del total que votó en las presidenciales del 2016. Y los primeros pasos hacia un récord de participación en un siglo están dados con firmeza.

El hito de Tejas

Este mismo viernes, Tejas anunciaba que allí ya han votado más de nueve millones de personas, más ciudadanos que todos los que participaron hace cuatro años, que ya batieron una marca histórica. Entonces Trump se llevó el estado por nueve puntos pero hoy, según la media de sondeos de Real Clear Politics, está a poco más de dos por encima de su rival demócrata. Y Trump arriesga una derrota que los republicanos no sufren en uno de sus más relevantes feudos desde que en 1976 Jimmy Carter se llevó de allí los 38 votos del colegio electoral.

La intensidad de la pelea por cada voto tejano la demostraba la visita de la número 2 de Biden, Kamala Harris, con tres mítines en tres ciudades. Y en el disputado duelo el Partido Republicano lee mucho más que un mensaje sobre Trump. “Estamos casi en modo crisis“, ha reconocido el congresista Dan Crenshaw. “La base del partido es muy blanca, muy mayor y rural en un estado que se está haciendo más joven, más diverso y más urbano“. Es lo mismo que sucede en Arizona, donde pasaba la jornada haciendo campaña el vicepresidente Mike Pence.

Agendas frenéticas

Hay mucho frenético en esta recta final de la campaña y nada lo es posiblemente más que la agenda de los candidatos. Este viernes, por ejemplo, Biden ofrecía tres mítines en Iowa, Minnesota y Wisconsin. En estos dos últimos estados, y en Michigan, veían a Trump. Y es solo aperitivo de una traca final de infarto.

El presidente, de 74 años, recuperado hace solo unas semanas del contagio de coronavirus, tiene cuatro mítines el sábado en Pensilvania, uno de los estados que se llevó en el 2016 por menos de un 1%, donde ahora la lucha es feroz y donde el candidato demócrata hará su cierre de campaña el lunes. El domingo, Trump ha planeado cinco mítines en cinco estados diferentes y otros cinco (en cuatro estados) el lunes.

Tanto él como Biden están compitiendo por lograr una movilización que puede ser clave: la de quienes no votaron en el 2016, y de momento parecen estar consiguiéndola. Según análisis de datos de TargetSmart referenciados por ‘The New York Times’, un 25% de 10 millones de votos emitidos ya en 14 estados bisagra son de ciudadanos que no votaron en las últimas presidenciales. En ese voto temprano y por correo la ventaja, de 14,5%, es para los demócratas, pero la expectación es que se reduzca el día 3 con el voto en persona, que se anticipa más favorable a Trump.

Ese hecho, y la tardanza que en algunos estados habrá para contar los votos que han llegado por correo, elevan también la posibilidad de que no se conozcan resultados definitivos la noche del  3. Con Trump minando la confianza en el sistema y en sus tiempos, cuestionando por ejemplo este viernes una decisión del Tribunal Supremo que da nueve días a Carolina del Norte para contar sus votos por correo, crece el miedo a que la incertidumbre explote en forma de enfrentamientos.

Ese miedo se palpa ya en calles como las de Washington, en cuyo centro los negocios han empezado a vallarse en preparación a potenciales protestas. Y se siente en decisiones como la adoptada por Walmart, una de las mayores cadenas de grandes almacenes del país, que “por precaución” y ante la “agitación social” ha decidido retirar de sus estantes armas y municiones (aunque no suspende su venta). En lo que va de año los estadounidenses han comprado un récord de 17 millones de armas de fuego.

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