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El adolescente que mató a dos manifestantes en Kenosha es seguidor de Trump

Se llama Rusten Sheskey. El fiscal general de Kenosha idéntifico por fin el miércoles al policía que el domingo metió siete tiros por la espalda a Jacob Blake, un joven de 29 años con seis hijos que necesitará «un milagro» para volver a caminar y múltiples operaciones para seguir con vida, ha apuntado su abogado. La familia ha intentado desactivar las revueltas desatadas por el video que recoge el brutal atentado policial, pero el hecho de que el agente siga cobrando su sueldo sin haber sido arrestado y que las autoridades hayan tardado tres días en identificarlo públicamente no ayuda.

Tampoco los videos que demuestran que el martes la policía de Kenosha dejó escapar tranquilamente al adolescente de 17 años que apareció en la ciudad con las milicias de vigilantes armados y disparó contra los manifestantes, matando a dos e hiriendo gravemente a uno. Para este también hay ya un nombre, Kyle Rittenhouse, y eso ha permitido encontrarle en las redes sociales vestido de policía y hasta en un mitin de Trump celebrado en enero, donde se sentó en primera fila.

El martes la prensa le entrevistó en una gasolinera que decía defender con un grupo de hombres armados llegados por su cuenta del vecino Illinois. «Si los polis no van hacer su trabajo de impedir que lancen bombas caseras sobre civiles inocentes, alguien tiene que hacerlo», dramatiza en el vídeo grabado poco antes de que matara a una chica negra de un tiro en la cabeza. Anthony Huber, un joven blanco de 26 años que sus amigos definen como «un pacifista», intentó detenerle y murió de otro disparo.

LAS CLAVES:

Seguidor de Trump.
Rittenhouse, de 17 años, aparece en redes sociales en primera fila en un mitin del presidente de EE UU
Sin orden de arresto.
El fiscal desvela después de tres días el nombre del agente que atacó a Jacob Blake, Rusten Sheskey

Como en las películas de Rambo que debe haber visto con avidez, Rittenhouse rodaba por el suelo disparando el rifle AR-15. Tras escapar a tiros del forcejeo con los manifestantes que intentaban detenerlo, se dirigió directamente con los brazos en alto hacia las tanquetas de policía que disparaban gases lacrimógenos y pelotas de goma contra los manifestantes. El contraste no pudo ser mayor. Le dejaron pasar sin intentar apresarle, a pesar de que llevaba el rifle colgado al pecho y un manifestante gritaba que había disparado contra alguien.

El domingo, sin embargo, Sheskey tardó menos de dos minutos en agarrar a Blake por la camiseta y meterle siete tiros por la espalda que le hicieron añicos las costillas, el intestino delgado y la columna vertebral, además de agujerearle el estómago, los riñones, el hígado y el brazo. Los agentes habían acudido a una llamada de disturbios domésticos en la que Blake había intentado separar a dos mujeres, pero los policías no se tomaron ni dos minutos para intentar averiguar cuál era su papel en ese episodio. Blake se estaba marchando cuando llegaron y tenía ya a sus tres hijos en el asiento trasero del coche, testigos de un brutal atentado que no olvidarán en su vida y que cambiará no solo su existencia, sino la de todo el país.

Estados Unidos vive convulso desde que otro vídeo mostrarse la muerte de otro afroamericano, George Floyd, que murió asfixiado por la rodilla de un Policía que se la hinco en el cuello durante siete largos minutos mientras él rogaba «no puedo respirar». Este viernes miles de afroamericanos se manifestarán bajo la estatua de Abraham Lincoln en Washington DC siguiendo el llamado del reverendo Al Sharpton, que desfilase junto a Martin Luther King en ese mismo lugar hace 57 años. El eslogan de la marcha, «¡Quítanos la rodilla del cuello!».

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