Economía

El BCE proyecta pesimismo y se prepara para reforzar su arsenal ante otra recaída

Europa se repliega para evitar el colapso sanitario y el BCE entra en fase de recarga para atenuar el impacto económico de esta nueva etapa de confinamientos. Se prepara para incrementar su arsenal de estímulos. Y se da un plazo, diciembre (aunque sin descartar reunión previa de emergencia). Para entonces cree que contará con un imagen más exacta del tamaño del desastre. Y no porque no tenga claro que ya pinta mal. Sino porque sospecha que irá a peor. La recuperación económica de la eurozona que se evidenció en julio ya comenzó a decaer en septiembre y ahora se encuentra seriamente amenazada por la propagación exponencial de las infecciones.

El coronavirus apenas si ha dado tregua y el rebote (insuficiente, porque partimos de un -11,8% de contracción por la primera ola pandémica) está perdiendo impulso muy rápido. Tanto que no solo noviembre se espera «muy negativo», sino que el último tirón del año puede ser para echar a correr. No se descarta un PIB de nuevo a la baja.

Así que la misma Christine Lagarde que hace un mes lanzaba mensajes de confianza a los mercados, este jueves quedó envuelta por el halo del pesimismo. «Perspectivas claras de deterioro a corto plazo», «significativa ralentización de la actividad en el cuarto trimestre», «un repunte de la inflación que no se espera hasta finales de 2021»… el suma y sigue de otra alerta roja que obliga a una reactivación en la que ya están trabajando los servicios técnicos del Banco Central Europeo. Mayor potencia de fuego «en todos los instrumentos» de una política monetaria ya de por sí flexible por un ‘a la fuerza ahorcan’ de manual.

Pero el Consejo de Gobierno del principal emisor del euro aún no toca ninguno de esos ‘instrumentos’. Mantiene los tipos de interés de las operaciones principales de financiación y los tipos de interés de la facilidad marginal de crédito y de la facilidad de depósito en el 0%, 0,25% y -0,50%, respectivamente. Y también las compras de deuda en el marco del programa de emergencia contra la pandémica (PEPP, por sus siglas en inglés) con la dotación total de 1,35 billones de euros (de los que ha consumido hasta la fecha en torno a 500.000). Lo mismo sucede con las adquisiciones vía programa ordinario (20.000 millones al mes hasta 120.000).

El comunicado lanzado por el BCE antes de la comparecencia de su presidente hubiera sido un calco exacto de los de los últimos meses si no fuera por un párrafo introductorio que estuvo en el eje de todo el discurso de Lagarde. La institución «queda a la espera» de las proyecciones macroeconómicas elaboradas por los expertos del Eurosistema en diciembre para realizar una «reevaluación exhaustiva de las perspectivas económicas y el equilibrio de riesgos». Sobre la base de esta evaluación actualizada, añadía «recalibrará sus instrumentos, según proceda, para responder a la situación y garantizar que las condiciones de financiación sigan siendo favorables» para apoyar la recuperación y contrarrestar el impacto negativo en la inflación.

La banquera central, que cumple su primer año en el cargo, no quiso (o no pudo) ir más allá cuando se le requirió concreción. Los analistas auguran que el programa de compras contra la pandemia se reforzará -con un montante que rondaría el medio billón extra-. Pero ella se cerró en banda. Al principio se excusó con amabilidad. Incluso con sonrisa.

A todos los niveles

 Pero la insistencia de los periodistas la llevó a ser más cortante: «Leo de nuevo este párrafo porque me gusta leer (…) recalibrado de todos los instrumentos, recalibrado, recalibrado (…) eso significa en todos los niveles, tanto cuantitativo, como duración, etcétera». «Lo vamos a mirar todo», añadió haciendo hincapié en que no hubo fisuras en el consejo sobre la necesidad de actuar. Aunque la unanimidad no es necesaria «para hacerlo», matizó.

«El BCE estuvo ahí en la primera ola y estará en la segunda», enfatizó cuando fue cuestionada sobre si la entidad tiene margen suficiente para hacer frente a la envergadura del problema. Aunque, eso sí, reclamó que el paquete clave de la UE, el ‘Next Generation’ que incorpora el Fondo de Recuperación de 750.000 millones, «entre en funcionamiento sin demora».

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