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El clan Kennedy, golpeado por una inesperada derrota política en su feudo

Todo iba a velocidad de crucero para Joe Kennedy III en su apuesta electoral al Senado por el Estado de Massachusetts. Con una cómoda ventaja en las encuestas, una campaña bien financiada, apoyos políticos de nivel. Y el blasón de la familia más famosa del país en un Estado donde un candidato Kennedy, después de todo, nunca ha conocido una derrota. Pan comido. El nieto del venerado senador Bobby Kennedy, sobrino-nieto del legendario presidente John Fitzgerald Kennedy y sobrino-nieto del prestigioso y entrañable senador Ted Kennedy, tenía la victoria escrita en bandeja de plata.

El martes por la noche, pocas horas después del cierre de los colegios electorales, se rompió el ‘hechizo’: el veterano senador Ed Markey clamaba victoria con un 55% frente al 45% de Kennedy, que hacía historia como el primero de la familia en perder unas elecciones. El mito de las 26 victorias en las primarias en el Estado de Massachusetts se desvanecía ante el asombro general. Una derrota que no se venía venir. Hasta hace unos meses todas las encuestas le daban como ganador. En mayo Kennedy lideraba con 16 puntos de ventaja en las encuestas mientras un desesperado Markey trataba de conseguir en medio de la pandemia las firmas necesarias para entrar en la papeleta de voto.

En la esfera política incluso se manejaban ya estrategias para la salida del veterano senador. Algunos sugerían una retirada digna para evitar una derrota vergonzosa y dejar paso a la nueva generación Kennedy. Todo tenía sentido. 39 años, educado, liberal, graduado en Stanford, un doctorado en Derecho en Harvard y dos años de voluntariado en los Cuerpos de Paz en República Dominicana engalanaban el currículum del elocuente joven. Kennedy apenas se estrenaba en su puesto de ayudante del fiscal de distrito a la espera de la oportunidad al Congreso que se materializó con el retiro del congresista de Massachusetts Barney Frank y una fácil victoria para la legislatura de 2013 en la Casa de Representantes.

LAS CLAVES:

Fracaso familiar.
El veterano senador Ed Markey clamaba victoria con un 55% frente al 45% del nieto de Kennedy
Mala estrategia política.
Confiado en ganar sin mucho esfuerzo, Joe presentó a Markey como alguien desconectado
Respaldo total.
Markey creó una gran coalición con demócratas y los alineados con la izquierda del partido

En 2019 llegaba otra elección y el ambicioso nuevo congresista ya tenía los ojos en un escaño del Senado, el que ocupaba otro compañero demócrata, el veterano Ed Markey, de 74 años. Una encuesta privada en el verano de 2019 le daba una ventaja de 14 puntos sobre Markey. Kennedy vio una oportunidad y se lanzó a por ella. En septiembre anunciaba su candidatura para el Senado. Que no hubiera una razón clara para lanzar una campaña contra un senador compañero de partido en la línea progresista, era lo de menos. Un nuevo Kennedy con la marca de la juventud, rico, famoso y sobrado de contactos políticos se abría paso en Washington para hacerse con una posición de poder que por derecho de nacimiento se entiende que le pertenece. Toda la familia se movilizó.

Niño mimado y oportunista

En diciembre Joe Kennedy III sobrepasaba el capital de campaña de Markey en un millón de dólares. Confiado en repetir una victoria sin mucho esfuerzo, Kennedy pensó que sería fácil presentar a Markey como alguien desconectado después de décadas en el Congreso. Pero el veterano senador Markey, con más de cuatro décadas en el Congreso, tenía más de una carta debajo de la manga. No por nada en marzo de 2019, selló sus credenciales en el terreno despejado del progresismo demócrata al introducir como coautor, junto a la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, el ‘Green New Deal’, la legislación ambiental más potencialmente transformadora de la historia de Estados Unidos para abordar el cambio climático y la desigualdad económica. Y aunque fue derrotada en el Senado, la iniciativa, inspirada en el ‘New Deal’ de Roosevelt, permanece como el gran bastión legislativo en la lucha contra el cambio climático.

Como demócrata moderado que había crecido hacia el progresismo, Markey había construido una gran coalición que incluía desde los principales grupos demócratas hasta a los alineados con la izquierda del partido. Una coalición que le granjeó el valioso apoyo del joven Movimiento Sunrise, el respaldo de la campeona del progresismo Ocasio-Cortez y el de figuras del ‘establishment’ demócrata como el senador Chuck Schumer y la senadora Elizabeth Warren de Massachusetts.

Con ello, Markey concibió una campaña mucho más sincronizada con el momento de cambio que demanda la realidad social del país que la que la mayoría de los demócratas manejan actualmente a nivel nacional. Una campaña que, en el profundamente demócrata Estado de Massachusetts, no sólo reconocía los resultados de Bernie Sanders que ganó allí en 2016, sino que respondía a las aspiraciones de la nueva generación de demócratas milenials.

Los críticos de Joe Kennedy vieron en él a otro niño rico mimado y oportunista que se presentaba a las elecciones ‘porque podía’, no porque tuviera algo que decir o deseos de cambio, no más que un mero intento de elevar su pedestal de juventud y de familia a otra posición de poder. Joe Kennedy, el portador de la juventud, fue al final derrotado por la veteranía de Ed Markey. Pero si algo ha demostrado esta elección es la viabilidad del movimiento progresista creando alianzas con los veteranos del establecimiento demócrata. Nada mal para una derrota Kennedy.

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