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El fantasma de Venezuela planea sobre la convención republicana

Si los demócratas pensaron que eligiendo a Joe Biden se librarían de la etiqueta de socialistas que les caería con el senador Bernie Sanders, se equivocaron. Anoche, durante la primera jornada de la Convención Nacional del Partido Republicano que ha nominado a Trump para representarle nuevamente en las elecciones, el ex vicepresidente de Obama fue tildado repetidamente de izquierda radical, acusado de estar dominado por «la China comunista que nos pegó el virus» y de querer traer a Estados Unidos «su visión socialista».

La lectura es simple: no importa a quién hubieran elegido, los republicanos le hubieran etiquetado de socialista, porque el fantasma de Chávez en Venezuela ha dado importantes frutos electorales en todo el mundo, desde México hasta España, pasando ahora por Estados Unidos. Se diría que a Biden ya le conocen después de medio siglo en política y ocho años como vicepresidente de Barack Obama, «pero un mandato de Biden-Harris será mucho peor, porque antes Obama era el jefe de Biden, y ahora lo son (la portavoz del Congreso Nancy) Pelosi, Sanders y el pelotón (que componen las jóvenes congresistas Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Rashida Tlaib y Ayanna Pressley», dijo la ex embajadora ante la ONU Nikki Haley, que apuesta por suceder a Trump en el 2024.

Haley era la más esperada en la primera noche de la convención, junto a la de Donald Trump Junior, que en justicia expuso mucho más de la agenda política de su padre que él mismo. El presidente había aparecido por sorpresa esa mañana en el desolado escenario de Charlotte (Carolina del Norte), donde se celebra sin público la convención virtual, para improvisar un discurso desordenado y errático con el que agradecer anticipadamente la nominación de su partido. El discurso oficial lo dará el jueves leyendo del teleprompter, pero no desperdiciará la oportunidad de chupar cámara cada noche.

Su primogénito se encargó anoche de vender los grandes logros de su mandato, que empiezan por una economía boyante con el desempleo más bajo de la historia «hasta que el Partido Comunista chino nos trajo el virus», acusó. Por supuesto, en la realidad paralela del show de Trump, su padre «actuó rápidamente». En contraste, un estudio de la Universidad de Columbia determinó que si el gobierno hubiera implementado la distancia social y otras restricciones tan sólo una semana antes, se hubieran ahorrado casi 36.000 vidas. Estados Unidos registró la primera muerte por Covid-19 a principios de febrero, aunque el virus estaba circulando por el país desde enero sin que se supiera, debido a la resistencia del gobierno federal a las pruebas de diagnóstico.

En esa línea de falsas realidades, Donald Trump Jr. atemorizó a sus bases al decir que los demócratas «Están hablando de cerrar el país de nuevo, ¡Es una locura!». Cosas de esos «comunistas radicales» que quieren traer al país más inmigrantes ilegales «para llevarse los trabajos», cerrar las exploraciones petrolíferas que tan buenos empleos generan, quitarles a todos sus armas y reprimir la libertad de expresión, deletró. «No te dejan ir a rezar a la iglesia pero le dan un pase al caos masivo en las calles», dijo en referencia a las manifestaciones de Black Lives Matter.

Si eso suena disparatado, mucho peor fue la descripción que hizo del programa de Biden la pareja de San Luis enjuiciada por apuntar con la pistola a los manifestantes de color que atravesaron su propiedad para evitar una calle cortada. Invitados como estrellas de honor a la convención republicana, Mark y Patty McCloskey les acusaron por video de querer «abolir por completo los barrios residenciales de las afueras, acabando con las casas unifamiliares». El plan, aseguraron, es aumentar el crimen, los «territorios sin ley» de viviendas de protección oficial que construirían en los mejores barrios. «Esas son las políticas que traerán a tu barrio», advirtieron. «Tú y tu familia no estaréis seguros en la América de los demócratas radicales».

Para cimentar esa imagen de «monstruo del lago Ness del pantano», como bautizó a Biden Donald Trump Jr., hacía falta una de esas venezolanas crispadas que vaticinase para EEUU lo mismo que ocurrió en Cuba y Venezuela. «Una película de horror, de verdad», entonó a grito limpio Kimberly Guilfoyle, la expresentadora de Fox novia de Donald Trump Jr. que se presentó como «latina». «Quieren destruir el país, arrebataros todo lo que habéis construido, robaros vuestra libertad, esclavizaros, haceros dependientes del gobierno, controlar lo que veis y pensáis. Os quitarán las armas, vaciarán las prisiones, os encerrarán en vuestras casas e invitarán a los pandilleros del M-13 vivir en la puerta de al lado. Y la policía no va a venir cuando la llaméis, porque en las ciudades en las que gobiernen los demócratas les habrán retirado los fondos y la habrán desmantelado».

Solo en ese panorama apocalíptico puede brillar como auténtico salvador el presidente que trae a sus espaldas 180.000 muertos de Coid-19 y más de 20.000 mentiras, según la cuenta que le siguen los principales medios de comunicación. La convención de su partido se encargará esta semana de redefinir su imagen para entusiasmar a las bases que le eligieron presidente hace cuatro años y claman todos los días «¡cuatro años más!», coreaban ayer.

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