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El Gobierno afgano acusa a los talibanes del asalto a la Universidad de Kabul

El Gobierno de Afganistán no cree en la inocencia de los talibanes y les acusó de ser los verdaderos autores del asalto del lunes a la Universidad de Kabul, que acabó con 35 estudiantes muertos y decenas de heridos. La operación fue reivindicada por el brazo afgano del grupo yihadista Estado Islámico (EI), pero el vicepresidente primero, Amrulá Salé, aseguró que fue una reivindicación «falsa», según recogió el canal Tolo. En una reunión con responsables de seguridad, Salé desveló que los yihadistas que aparecieron en el vídeo difundido por EI no son los que atacaron la universidad y reveló que la Policía encontró una bandera de los talibanes -es de color blanco, no negra como la de EI- y una pintada en las paredes que rezaba «larga vida al Emirato».

El portavoz insurgente, Zabihullah Mujahid, negó de forman inmediata estas acusaciones e insistió en que ellos no tuvieron nada que ver, mismo mensaje que transmitió la víspera. Tras alcanzar un acuerdo de alto el fuego con Estados Unidos, a cambio de la retirada de sus tropas del país, los talibanes se encuentran inmersos en una negociación con el Gobierno de Kabul en Doha.

Mujahid señaló como culpables a «elementos diabólicos que huyeron tras las derrotas en las provincias de Nangarhar y Jowzjan», lugares en los que los dos grupos islamistas pelean por la hegemonía. Las acusaciones del Gobierno provocaron la reacción de figuras de la insurgencia como Anas Haqqani, hermano más joven de Sirajuddin Haqqani, líder de la temida Red Haqqani, quien anunció en Twitter su disposición a colaborar en la «detención de los culpables de estos ataques inhumanos».

El nivel de infiltración en grupos como el EI es tan fuerte que es posible conocer el nombre de los autores de este asalto a la universidad, pero resulta imposible saber con certeza quién dio la orden de una operación que desestabiliza aun más el frágil diálogo entre afganos.

Boicot al proceso de Doha
Kabul vivió un día oficial de luto, dedicado a los funerales de las víctimas. Un grupo de estudiantes se concentró frente a la universidad con pancartas en las que se leían eslóganes como «¡Dejad de matarnos!» y leyeron un comunicado en el que pidieron una investigación seria del asalto, la despolitización de la educación y levantar en el campus un monumento en recuerdo a las víctimas.

Activistas de los derechos humanos como Zarifa Ghafari se sumaron a una campaña en las redes sociales para pedir el final de las negociaciones con los talibanes. «Dicen que el ataque no fue talibán, ¿a quién quieren engañar? Por desgracia para ellos sabemos muy bien el juego, los directores y actores son los mismos, solo cambia el color de la bandera que es blanca (talibán) o negra (EI) en función de lo que interese en cada momento», escribió en su cuenta Ghafari, que a sus 28 años es también una de las pocas mujeres del país que ocupa una alcaldía. Esta campaña también llegó a los muros de la universidad con carteles que pedía el boicot al diálogo con la insurgencia.

El portavoz insurgente,
Zabihullah Mujahid
, negó de forman inmediata estas acusaciones e insistió en que ellos no tuvieron nada que ver, mismo mensaje que transmitió la víspera. Tras alcanzar un acuerdo de alto el fuego con Estados Unidos, a cambio de la retirada de sus tropas del país, los talibanes se encuentran inmersos en una negociación con el Gobierno de Kabul en Doha.
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