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El juicio de los atentados contra ‘Charlie Hebdo’ arranca mañana en París

“Por ahora, ningún atentado en Francia“, titulaba la viñeta, “¡Esperad! Todavía tenemos hasta finales de enero para presentar nuestros deseos”, respondía un diminuto personaje, la caricatura de un yihadista. Firmada por Charb, director de ‘Charlie Hebdo’, la ilustración apareció publicada el 7 de enero del 2015 en el semanario satírico, siempre irreverente, polémico, libre. Una sátira convertida en trágica premonición, cuando el mismo día Chérif y Saïd Kouachi atentaron contra la publicación en nombre de Al Qaeda. Acabaron con la vida de 12 personas, entre ellas, varios miembros de la redacción, invitados a la reunión matinal, policías… y Charb. Cinco años después de aquella fatídica mañana, el Tribunal Judicial de París juzgará a partir de este 2 de septiembre a 14 acusados de complicidad con los autores materiales del crimen, así como de Amedy Coulibaly, acólito de los hermanos Kouachi que asesinó a una policía un día más tarde y, el día 9 de enero, a cuatro personas durante la toma de rehenes en un supermercado ‘kosher’.

Tres de los procesados no estarán presentes: Hayan Boumedienne -pareja de Coulibaly- y los hermanos Belhoucine, todos ellos viajaron a la zona iraquí-siria días antes de los atentados, actualmente se desconoce su paradero. En el banquillo, acusados de “complicidad en crímenes terroristas“, cuya pena puede ascender a cadena perpetua, se sentará Mohamed, el hermano mayor de los Belhoucine, y también Ali Riza Polat, amigo de Coulibaly sospechoso de haber facilitado el armamento. Los otros acusados serán juzgados por “asociación ilícita terrorista criminal“, enfrentándose a una pena máxima de 20 años de reclusión.

Con 144 testigos, 94 abogados, 200 personas como acusación civil, 90 medios de comunicación acreditados, la dimensión de este proceso judicial avala la magnitud del trastorno que Chérif Kouachi, Saïd Kouachi y Amedy Coulibaly provocaron en la sociedad francesa. “Los terroristas perdieron (…) Francia es el país de la libertad de expresión, la de ‘Charlie’ (…) Perdieron porque la reacción del pueblo francés fue admirable”, estima ahora François Hollande, por aquel entonces presidente.

El juicio concluirá el próximo 9 de noviembre, a lo largo de los dos próximos meses, se sucederán los testimonios, los recuerdos, desfilarán los acusados, se reabrirán viejas heridas y aparecerán otras nuevas. Una de ellas ya está sobre la mesa: el retroceso del derecho a la blasfemia, a la irreverencia y a la sátira, pues son muchos los que contestan la observación de Hollande, asegurando que la libertad de expresión en Francia aún tiene mucho camino que recorrer.

“No te mato porque eres mujer”

“El 7 de enero del 2015 hace frío. Es el cumpleaños de Luz y llega tarde. Fui a una panadería a comprar un pastel, un pastel marmoleado. Cabu no se lo come, pero coge una rebanada y se la da a Lila, la perra…”, recuerda sobre aquella fatídica mañana Sigolène Vinson, cronista judicial de ‘Charlie Hebdo’ y superviviente del atentado, con una voz serena, haciendo prueba de una resilencia abrumadora. Uno de los hermanos  Kouachi decidió dejarla con vida: “No te mato porque eres mujer, a cambio leerás el Corán”.

En la antena de Europe 1, la exabogada reconstruye con meticuloso detalle los hechos de aquella mañana de invierno. Tras los estruendos provocados por las armas de asalto, se instaló el vacío. “Un verdadero silencio como nunca he oído. Es un silencio de ausencia, es un silencio de muerte. Hay personas muertas y las que no lo están se hacen pasar por muertos”, relata Vinson.

Los diseñadores Charb, Cabu, Honoré, Tignous y Wolinski, el economista Bernard Maris, la psicoanalista Elsa Cayat, el corrector Mustapha Ourrad, el policía Franck Brinsolaro -encargado de la protección de Charb-, el invitado de la redacción Michel Renaud y el conserje del edificio Frédéric Boisseau, murieron aquel día bajo el grito “Allahou Akbar ¡Hemos vengado al profeta Mahoma! ¡Matamos a ‘Charlie Hebdo’!El agente Ahmed Merabet también perdió la vida aquella mañana tratando de detener a Chérif y Saïd Kouachi en su fuga.

Toma de rehenes

Hubo que esperar a la mañana siguiente para recuperar el rastro de los dos terroristas, vistos en una gasolinera en Villers-Cotterêts -a 90 kilómetros de París-, antes de perderlo de nuevo. Francia contenía el aliento, atónita ante la evasión de los terroristas. Al día siguiente, el viernes 9 de enero, los hermanos Kouachi encontraron refugio en una imprenta al este de la capital. El dueño del establecimiento se convirtió en su rehén durante dos horas, su único empleado permaneció escondido debajo de un lavabo desde donde intercambió múltiples mensajes con el equipo de intervención sin ser descubierto.

Los relojes marcaban las 16.56 horas cuando, acorralados por las fuerzas del orden, los hermanos Kouachi salieron de la imprenta abriendo fuego. Fueron abatidos por la policía, muriendo “como mártires” al servicio de la causa yihadista, un deseo que uno de los hermanos habría evocado durante las negociaciones con los gendarmes.

“Yo soy Charlie”

“Todo ha sido perdonado”, con este titular acompañado de una caricatura de Mahoma sosteniendo una pancarta con la frase “Yo soy Charlie”, el semanario satírico volvió a los quioscos una semana después de la tragedia. Una semana que conmocionó a todo el país. Francia no había asimilado aún el atentado contra ‘Charlie Hebdo’ cuando Amedy Coulibaly entró en escena. El 8 de enero, el acólito de los hermanos Kouachi, acabó con la vida de Clarissa Jean-Philippe, una policía municipal de 26 años, en la comuna de Montrouge, al sur de París. Al día siguiente, Coulibaly protagonizaría una toma de rehenes en un supermercado de productos judíos, asesinando a cuatro clientes, antes de ser abatido por las fuerzas del orden.

Frente a la sucesión de acontecimientos, los franceses se echaron a las calles bajo el lema “Yo soy Charlie”. El 11 de enero del 2015, más de 4 millones de manifestantes se movilizaron en todo el país, en homenaje al semanario satírico, en recuerdo a las víctimas, en contra del terrorismo y en defensa de la libertad de expresión.

Han pasado cinco años y el recuerdo de aquella fría mañana de enero está presente. Un recuerdo inamovible para aquellos que sobrevivieron, amargo para los que perdieron a un ser querido en un minuto y 49 segundos, el tiempo que duró el asalto de los hermanos Kouachi al irreverente semanario satírico. Imposible olvidar a las víctimas de Amedy Coulibaly, cuyas vidas se vieron truncadas al cruzarse con un presunto “soldado de Daesh”.

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