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El miedo preside el regreso de miles de estudiantes en Latinoamérica

Incertidumbre, miedo, escepticismo, polémica… Son algunos de los efectos de un tema que tiene en jaque a la mayoría de naciones: el regreso a las clases presenciales. Y las contradicciones y temores crecen aún más en países en vías de desarrollo, sobre todo por la desigualdad de condiciones a las que se enfrentan los niños y adolescentes, y por la escasez de recursos de muchos centros educativos.

Eso sucede en varias ciudades de Latinoamérica, la región más desigual del planeta y ahora epicentro de la pandemia, que ayer rebasó los seis millones de enfermos y sumó un total de 237.829 muertos por coronavirus. Por si fuera escasa la envergadura de la catástrofe, los niños no sólo se enfrentarán el peligro latente del virus, sino que, según los expertos consultados por este diario, habrá consecuencias en su salud mental ante un contexto desconocido para ellos y a un constante control que impedirá un adecuado desarrollo interpersonal y de sus emociones.

Brasil

Una vuelta a las aulas anticipada y entre críticas

Pese al miedo de contagios, la incertidumbre y a que es el segundo país más golpeado por la voraz enfermedad, Brasil se ha adelantado a la vuelta al colegio. Específicamente en Manaos, la capital del Estado de Amazonas, una ciudad que hasta hace unas semanas presentaba sus sistemas de salud y funerario colapsados.

Después de cinco meses sin ir a las aulas, unos 110.000 niños y adolescentes volvieron a los centros de enseñanza públicos esta semana en dicho Estado, cuyos registros de muertes y positivos ascienden a 3.384 y 107.197, respectivamente. Aunque, según las autoridades, la pandemia ya se ha controlado en la región. El regreso a clases tiene una serie de protocolos que van desde el uso de mascarillas, un número reducido de estudiantes en las aulas y un estricto control de la higiene.

Esta decisión, no obstante, es vista en Brasil con gran escepticismo por la amenaza pandémica, ya que el país presenta casi la mitad del número de fallecidos del continente, con más de 100.000. Son varias las voces que se oponen ante la feroz incertidumbre.

Como la profesora brasileña Fran Bernardes, que no ve «nada bueno» el retorno a clases presenciales en estos momentos, pues teme que tanto los estudiantes como los profesores «estarán intranquilos porque todavía hay un contexto muy arriesgado, y no hay un sistema protocolario comprobado». Algo que «pone en riesgo la vida» de todos los involucrados, apunta.

En el Estado brasileño Espíritu Santo, donde ella trabaja, es posible que el regreso a las aulas sea en septiembre, una decisión que para Bernardes, sometería a los profesores a un alto estrés porque cree que, así haya protocolos, no pueden garantizar que los «niños sigas las normas» y que no haya contagios. Piensa que con los adolescentes será más fácil porque son más conscientes de la situación, sin embargo, «controlar» a los más pequeños será un reto que tiene varios riesgos.

La psicóloga infanto-juvenil chilena Paula Valdevenito concuerda con Bernardes pues «los niños no tienen internalizadas esas medidas preventivas en sus rutinas». «Se sentirán temerosos por cómo tienen que comportarse frente a las demás personas». Sobre todo, asegura, presentarán ansiedad porque cualquier medida preventiva que a ellos se les olvide hacer puede ser «una puerta hacia el contagio del Covid-19».

Argentina

Paso al frente para retomar las clases presenciales

La situación en Latinoamérica no se puede generalizar, porque cada nación presenta contrastes extremos. Tanto por los recursos de las familias, el precario acceso a internet de muchas poblaciones, las diferentes condiciones de los centros públicos y privados, así como por los casos de coronavirus.

Tal es el caso de San Juan, la primera provincia argentina en reanudar las actividades escolares después de que en todo el país se suspendieran a mediados de marzo. Este distrito ha presentado un panorama completamente distinto al de Manaos, ya que es la región argentina con el menor número de casos, con apenas 22 de los 246.499 contagios confirmados en el país.

Panamá

La crisis aumenta las matrículas en la red pública

Panamá presenta unos altos índices de desigualdad social y la educación es uno de los sectores en los que se más se evidencia esa realidad. Ahora la crisis del Covid-19 ha acentuado dichos contrastes y ha propiciado que muchos padres que tenían a sus hijos inscritos en escuelas privadas los cambiasen a instituciones públicas, cuyas clases se reanudaron en julio. Según un estudio, menos del 30% de las familias del país pueden pagar actualmente las cuotas de los centros privados.

La alternativa pública, sin embargo, parece ser deficiente. Varios maestros del país aseguran que «el sistema público no tiene la infraestructura física ni curricular para absorber a tantos niños. No están contratando docentes y la ley establece una máxima capacidad de 35 alumnos por salón, pero hay escuelas que ni siquiera tienen esa capacidad», denuncian los docentes.

El ‘oasis latino’

Uruguay, a la cabeza en asistencia a los colegios

Se trata de un ejemplo aislado en la región latinoamericana. Según los expertos, Uruguay cuenta con las condiciones para haber retomado las clases en los centros de enseñanza. Aunque se ha fortalecido su educación virtual, el país apuesta por la educación presencial, pues para sus docentes nada sustituye la enseñanza «cara a cara».

A diferencia de otras regiones, este ‘oasis latino’ ha sido elogiado por su exitoso control de la pandemia, sin una cuarentena obligatoria. Cuenta con 3,4 millones de habitantes y, hasta el momento, contabiliza 1.318 casos y 37 fallecidos por coronavirus. Después de un mes, no se ha producido ningún foco de contagio en las aulas.

Otros Estados

La gravedad de la epidemia impide abrir las escuelas

En otros Estados mucho más afectados por la pandemia como México, Colombia, Ecuador, Chile o Perú, todavía no existen fechas oficiales para el regreso a las aulas. Todos éstos continúan con la dinámica virtual. En Chile, por ejemplo, el Gobierno estudia una vuelta gradual y voluntaria en ciertos centros a partir de septiembre, pero, según explica la psicóloga Paula Valdevenito, el Colegio de Profesores «se opone a esa medida» por la falta de claridad de los protocolos.

Los miedos están más que justificados. Las expertas consultadas por este periódico coinciden en las enormes dificultades para los alumnos y también para los profesores, quienes se verán sometidos a un estrés desmesurado. Sobre ellos recae la responsabilidad de un control constante. «Y los estudiantes van a sentirse ansiosos, inseguros e inestables. Este regreso afectará a su comportamiento social y dejará una huella en el aprendizaje académico», menciona Valdevenito, quien todavía no ve factible reanudar las clases presenciales. Una opción que, por el momento, parece inviable en varios países, donde se viven los momentos más álgidos de la pandemia.

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