Economía

El nuevo mapa afianza la posición de los bancos en cada una de sus provincias

Si llegan a buen puerto los procesos de integración en los que están inmersos CaixaBank y Bankia, por una parte, y Unicaja y Liberbank, por otra, el sistema financiero español visualizará otra reducción del número de entidades en activo. Habrá pasado de casi 50 hace una década a menos de diez grandes grupos bancarios distribuidos por todo el territorio. Su poder, medido en cuota de mercado y presencia física, saldrá aún más reforzado en cada una de las zonas en las que históricamente cada banco ha dominado. Y ante esta nueva realidad la pregunta que se hacen los clientes es si ese grado de concentración irá en contra de sus intereses al disponer de menos posibilidades de elección o negociación.

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El sistema bancario tiene actualmente un grado de concentración «moderado», según la escala europea medida por un índice (el HHI): hasta finales de 2019 la cuota de mercado de los cinco mayores bancos se situaba en el 68,5%. Y ese indicador IHH superaba una barrera (la de los 1.000 puntos) por la que dejaba atrás la concentración «baja» que tenía hasta el año pasado. La situación es distinta a la que viven otros vecinos europeos como Alemania, Francia o Italia, con unos índices mucho más bajos.

Hace diez años, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, el reparto del mercado era más heterogéneo en cada comunidad autónoma. Y ahora, las operaciones que se están preparando solo supondrán un reforzamiento de cada entidad en su territorio. No habrá grandes cambios en los ‘ranking’:la nueva CaixaBank sería la primera entidad en Cataluña, buena parte de la Comunidad Valenciana y de Andalucía, Murcia, Madrid, Navarra, Canarias, Baleares y parte de Castilla y León. La futura Unicaja-Liberbank ostentaría esa posición en zonas de Andalucía (sobre todo Málaga), parte de Extremadura, Castilla La Mancha, Castilla y León y Asturias. Ibercaja, que no está inmersa en fusiones, dominará Aragón y La Rioja, y zonas de Extremadura y Castilla La Mancha. Kutxabank lo hará en el País Vasco, así como Córdoba, a través de Cajasur. Abanca en toda Galicia. Y entre la gran banca, diseminada por toda España pero sin grandes puntos de concentración, Banco Sabadell domina Alicante y Banco Santander, Cantabria.

El de toda la vida

A pesar de esta presencia notoria, la realidad de cada provincia revela cómo en algunas zonas ese poder es muy elevado, mientras que en otras varias entidades casi se pisan los talones en protagonismo. El último informe del Banco de España revelaba que la cuota de mercado de la primera entidad de cada provincia era muy elevada en 2016 en toda Cataluña, Aragón, Burgos y Segovia, Huelva y Almería, Cáceres y Orense. Se trata de las zonas en las que acumulan mayores índices de concentración. Joaquín Maudos, director adjunto del IVIE y catedrático de la Universitat de València, explica que en algunas provincias «los índices de concentración ya superan» los ratios financieros considerados como ‘altamente concentrados’. «Es posible que en función de las entidades fusionadas el aumento de la concentración sea excesivo», apunta Maudos.

Sin embargo, este experto destaca que, al mismo tiempo, la realidad por la que atraviesa el sector financiero desde hace ya varios años no implica que la competencia entre los bancos se pueda ver resentida de cara al usuario. Más bien al contrario. «No por ello va a salir perjudicando el cliente, ya que la alternativa de tener un sector bancario con problemas serios de baja rentabilidad es la peor de las alternativas», afirma Joaquín Maudos. Y también apunta que «si con las fusiones se consiguen sinergias entre entidades que se materializan en reducciones de costes, el aumento de la concentración no debe ser visto como alto negativo, sino todo lo contrario».

Así también lo indica Juan Abellán, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). No ve problemas de competencia porque «está probado que es un sector hipercompetitivo». Y pone un ejemplo, el de la resolución que obligaba a la banca a asumir la mayor parte de los costes iniciales de la hipoteca. «Entonces se dijo que eso iba a repercutir en el cliente, y al final lo que ha ocurrido es que no solo no ha sido así, sino que ahora muchos bancos ya asumen el coste de la tasación, del que no están obligados a pagar» por ley.

Brecha rural y tecnológica

El proceso de digitalización en el que se encuentra inmerso todo el sector también explica cómo la relación entre el cliente y el banco ya no se circunscribe a la de la oficina que se encuentra debajo de casa, o la única sucursal que pueda seguir abierta en un municipio. «El cliente percibe que tiene muchas más opciones de las que tenía antes», explica Francisco Uría, socio de Servicios Financieros de KPMG. Sostiene que «el comportamiento competitivo de la banca se ha incentivado en los últimos años porque todos tienen un problema de rentabilidad y la competencia es feroz» por buscar más clientes.

Sin embargo, es la menor digitalización de los sectores de población con más edad, o aquellos colectivos que residen en zonas rurales, la que puede poner en peligro su capacidad para negociar con un solo banco, que pueda ver reforzada su presencia tras las nuevas fusiones. Patricia Suárez, presidenta de Asufin (Asociación de Usuarios Financieros), advierte de que «hay que tener cuidado con la brecha financiera y digital que supone la reducción de oficinas en nuestro país y el riesgo que implica para las zonas más despobladas».

Para evitar conflictos, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC)supondrá uno de los filtros para adecuar las fusiones. Joaquín Maudos destaca que es necesario que este organismo «analice las implicaciones y, si sobrepasan determinados umbrales de excesiva cuota de mercado en algún mercado o producto, imponga las correspondientes restricciones».

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