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El oligarca Vasil Bozhkov es uno de los promotores de la incesante protesta en Bulgaria

«Hoy es el último día de protestas pacíficas» afirmaba uno de los organizadores de las manifestaciones el día anterior a que se cumplieran 56 días desde que se exige la dimisión del primer ministro Boiko Borisov y del Fiscal General. Desde muy temprano, más de dos horas antes de que el Parlamento iniciara sus sesiones, varios centenares de personas se habían congregado frente a su sede.

La amenaza de una jornada turbulenta ya se vislumbraba. Mientras la multitud se agolpaba frente al Parlamento, unos cuantos hacían tambalear varios coches de la gendarmería; uno de ellos subió a un coche patrulla y con un altavoz lanzaba los consabidos gritos de ostavka [dimisión]. Estas intolerables acciones transcurrieron ante la mirada tensa de los órganos de seguridad hasta que la policía tuvo que actuar, deteniendo a uno de los más activos que fue reducido y esposado. Varios manifestantes arrancaban de la calzada adoquines que se supone piensan utilizar posteriormente. Ante las amenazas y agresiones a la policía, el número de detenidos creció hasta treinta, seis de ellos con antecedentes penales. En esta nueva jornada de protestas también hubo policías agredidos; dos con quemaduras en los ojos y otro con un esquince en el brazo. El jefe de la policía advirtió que si la violencia sube, se verán obligados a actuar con contundencia. Desde el martes pasado ya se habían montado controles en los accesos a la capital debido a la información de que grandes grupos vendrían en autocares a Sofía desde distintas ciudades del país, muchos de ellos del contingente criminal.

El presidente, Rumen Radev, que desde hace semanas mantiene una guerra sin cuartel contra Borisov y su gobierno, apoyando y alentando las protestas, ayer inauguró la sesión parlamentaria con un breve discurso. En ese momento tres grupos parlamentarios abandonaron el recinto y Radev habló ante una sala semivacía. Según diversos analistas, la nominación de Radev a la máxima jefatura del estado fue consultada en su momento por la líder socialista Kornelia Ninova con el agente de los servicios secretos rusos, general Reshetnikov.

El Parlamento, que ayer ya se había trasladado a un nuevo edificio –la sede del antiguo Comité Central del Partido Comunista cuando éste dominaba hasta el comienzo de la transición toda la vida política del país– iniciaba sus sesiones en un ambiente nunca visto hasta ahora. Es lamentable que el primer día en que el Parlamento se reunía en la renovada sala Santa Sofía, un recinto moderno y totalmente reformado, tuviera que ser escenario de protestas, gritos y actuaciones deplorables.

Vasil Bozhkov, el oligarca búlgaro con 19 acusaciones por diferentes delitos, desde blanqueo de dinero hasta impago de más de 350 millones de euros al fisco, que logró huir a Dubai, es uno de los cerebros de estas protestas, apoyado por tres cabecillas detenidos hace pocos días, que dirigen sus negocios ilegales. Fueron éstos los que anunciaron días atrás que para ayer habían preparado «un asalto brutal» y una «grandiosa manifestación de protesta nacional». Sofía amaneció, en varios de los cruces bloqueados ya tantas semanas, con horcas de las cuales colgaban muñecos de trapo.

Todas estas trifulcas, inspiradas por Bozhkov y sus adláteres, hicieron que la policía, informada de que se preparaba una máxima radicalización de las protestas, advirtiera que era recomendable que los niños no salieran a la calle porque «no se sabe lo que pueda ocurrir». El rostro visible de Bozhkov en las protestas son «el trío ponzoñoso» como ellos mismos se autodenominan: el abogado Nikolai Jadzhiguenov, el periodista Arman Babikian, célebre por las falsas noticias que difunde y el escultor Velislav Minekov. No debemos pasar por alto que lo que caracteriza a este trío vociferante es que todos provienen de familias de bien conocidos altos funcionarios del antiguo régimen comunista.
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