El que fuera abogado de Trump durante 22 años le acusa de ser «racista y matón»

Ante una serie de libros con escandalosas alegaciones y una sorprendente escasez de fondos en su campaña electoral, el presidente Donald Trump defendió ayer su gestión de la economía como factor determinante en la rápida recuperación del mercado de empleo que vive Estados Unidos durante la pandemia de coronavirus. La última agresión a la campaña para la reelección del presidente es un nuevo libro de alguien que en el pasado fue un estrecho colaborador suyo, el abogado Michael Cohen, quien le acusa hoy de ser «un tramposo, un mentiroso, un fraude, un matón, un racista, un depredador y un estafador».

Ese libro, titulado «Desleal, unas memorias» (Skyhorse Publishing), se pone a la venta este martes. En él, Cohen, que hasta hace unos meses era el mayor defensor de Trump, acusa ahora al que fue su jefe durante 22 años, de 2006 a 2018, de querer sacar ventaja de su buena sintonía con el presidente ruso, Vladimir Putin, y de haber llegado a decir que «los negros son demasiado estúpidos como para votar por Trump» o que no hay «un país dirigido por una persona negra que no sea un mierda». La Casa Blanca niega todas esas afirmaciones, y acusa a Cohen de ser un delincuente que actúa solo movido por ansias de venganza.

La portavoz de la presidencia, Kayleigh McEnany, emitió un comunicado en el que dijo: «Michael Cohen es un delincuente condenado, deshonrado e inhabilitado como abogado, que mintió bajo juramento en el Congreso. Ha perdido toda credibilidad y no es sorprendente ver su último intento de sacar provecho de sus mentiras».

En diciembre de 2018 Cohen fue condenado a 36 meses de cárcel tras declararse culpable de varios delitos, incluido el de mentir bajo juramento en el Capitolio sobre los intentos del actual presidente de construir un rascacielos en Moscú y pagar por el silencio de actrices pornográficas y modelos de Playboy con las que Trump mantuvo relaciones extramatrimoniales. En este momento, Cohen se halla en arresto domiciliario, tras ser excarcelado durante la pandemia.

El presidente Trump aprovechó ayer la festividad del día de Trabajo en EE.UU. para dar una conferencia de prensa desde la columnata delantera de la Casa Blanca, en la que se dedicó sobre todo a criticar a Joe Biden y a los demócratas, en lo que pareció más que nada un mitin electoral. «Si Biden y los socialistas radicales ganan, la economía se hundirá», dijo el presidente, quien calificó al candidato demócrata de «estúpido». «Si Biden gana, China controlará este país». También dijo Trump que no considera que EE.UU. sea una nación desarrollada «por la mala labor de los demócratas en ciudades como Portland», que viven más de cien noches de disturbios y protestas raciales.

En su conferencia de prensa, el presidente recordó que en agosto EE.UU. ha creado 1,4 millones de puestos de trabajo, reduciendo el índice de desempleo del 10,2% al 8,4% aun cuando la pandemia de coronavirus no está del todo controlada.

El diario «The New York Times» publicó ayer una información sobre la creciente preocupación dentro del Partido Republicano por la falta de liquidez de la campaña de Trump, que no ha informado todavía de los ingresos por donaciones del mes de agosto. Según el Partido Demócrata, Biden ingresó en agosto una cantidad récord, 310 millones de dólares, o 270 millones de euros. El «Times» asegura que la campaña de Trump ha recortado los anuncios de televisión y radio en algunos de los estados cruciales donde se decide la presidencia en las elecciones del 3 de noviembre.

También se refirió el presidente ayer al mayor escándalo de las semanas pasadas, unos supuestos comentarios que hizo en 2018 en una visita a París tras negarse a visitar un cementerio militar donde había enterrados estadounidenses caídos en combate. Según publicó la revista «The Atlantic», el presidente dijo entonces que los soldados muertos en combate eran «unos perdedores» porque «se habían dejado matar».

Ayer Trump volvió a negar esas alegaciones, acusando a «The Atlantic» de mentir con fuentes anónimas. Después dijo que es muy popular entre las fuerzas armadas. «Me quieren los soldados, no los generales y los demás jefes del Pentágono, porque esa gente lo que quiere es mantener abiertas todas esas guerras interminables. Yo lo que quiero es acabar esas guerras», dijo ayer el presidente en su conferencia en la Casa Blanca.
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