Política

El superviviente del chalet de Alcanar ratifica sus declaraciones anteriores y dice estar arrepentido

Los acusados por los atentados del 17-A optaron por distintas estrategias de defensa, en función de la contundancia de las pruebas existentes en su contra. Mohamed Houli Chemlal, único superviviente de la explosión del chalet de Alcanar, dijo estar “arrepentido” ante el tribunal de la Audiencia Nacional que juzga desde este martes los atropellos de Barcelona y Cambrils de agosto de 2017. En cambio, Driss Oukabir, que alquiló la furgoneta utilizada en La Rambla, negó conocer a los miembros de la célula o al imán de Ripoll Abdelbaki Es Satti, porque no es religioso, ‘trapicheaba’ con drogas y le gustaba la fiesta y las “mujeres de compañía”.

Houli Chemlal fue el primero en comparecer ante el tribunal, pero de forma muy escueta se limitó a ratificar lo que había manifestado durante la instrucción, que incluso prestó de forma voluntaria, según señaló. Dijo estar “arrepentido”, pero no mencionó expresamente su participación en los planes de la célula terrorista de Ripoll, que, según lo que declaró él mismo tras su arresto, pasaban por atentar con explosivos contra edificios emblemáticos catalanes. 

El superviviente de Alcanar, que se enfrenta a una petición fiscal de 41 años de cárcel, compareció ante el tribunal junto a los otros dos acusados desde el habitáculo de cristal que les separa del resto de la sala de vistas por motivos de seguridad. Tras su breve manifestación, la fiscal Ana Noé pidió al tribunal que se exhibieran las distintas declaraciones que prestó en instrucción y varios vídeos en los que se ve a los miembros de la célula terrorista preparar el explosivo conocido como la madre de Satán con el que quería atentar en monumentos y “castigar a los infieles”, como se les oye comentar entre risas.

A preguntas de su abogada, María Carmen González, Houli Chemlal volvió a ratificar sus declaraciones ante los Mossos y el juez de la Audiencia Fernando Andreu y aseguró que su arrepentimiento es “sincero”. El presidente del tribunal, Alfonso Guevara, acabó interrumpiéndola al entender que el acusado había dicho que no declararía y a medida que asentía a las preguntas de la letrada de alguna forma lo hacía.

El siguiente en comparecer fue Driss Oukabir, cuyo hermano Moussa fue abatido en Cambrils. Solo contestó a su abogado, Luis Álvarez Collado, a cuyas preguntas dijo que él “no era una persona ni religiosa ni practicante“, cuya “vida era salir de fiesta”, tomar “cocaína, hachís…. Ir con chicas de compañía”. “Trapichear con drogas para buscarme la vida”, añadió.

Oukabir, que se enfrenta a una petición fiscal de 36 años de cárcel, sostuvo que nunca estuvo en Alcanar ni formaba parte de la célula terrorista. Señaló que estaba en Marruecos, por la orden de alejamiento que tenía de su expareja, y que volvió por el juicio por violencia machista pendiente. Explicó que alquiló la furgoneta para su hermano y sus amigos, porque ellos no tenían la edad necesaria para hacerlo, pero ni conoció sus planes ni mucho menos participó en ellos. 

El tercer acusado, Said Ben Iazza, al que solo se acusa de colaboración y se enfrenta a una petición fiscal de ocho años de cárcel, dijo que prestó una furgoneta a los terroristas, a los que conocía únicamente como “clientes” de la carnicería de su tío, para transportar productos de limpieza, y que obviamente ninguno le dijo que era para cometer atentados.

Célula de amigos

Tras ellos declaró el instructor de los atestados policiales que describió ante el tribunal cómo se produjeron los atentados y cómo, según permitieron descubrir las pesquisas, se formó la célula terrorista por un grupo de amigos de la infancia, por eso mismo, muy cerrado. 

Explicó desde cómo improvisan los atropellos tras las explosión de Alcanar hasta la quema de sus documentos de identidad, lo que se considera un juramento de lealtad al Daesh. Guevara le recordó que había prevista una pericial sobre ello.  

Sin cuestiones previas y con problemas de sitio

El juicio empezó de forma algo accidentada, al amenazar Álvarez Collado con abandonar la sala de vistas si no se le cambiaba de sitio, al estar sentado detrás de los fiscales y no poder ver sus reacciones.

El presidente del tribunal, Alfonso Guevara, como policía de estrados se lo denegó, al advertirle que las reacciones que tiene que ver son las de los acusados y testigos, no las de los fiscales, aunque habitualmente se sienten enfrente y no detrás. No obstante, acabó ofreciéndole un lugar alternativo, que el letrado acabó aceptando y la vista pudo comenzar, después de que Guevara, que exhibió su particular genio, impidiera a las defensas plantear cuestiones previas al no estar previstas en el sumario ordinario.

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