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El Vaticano admite el encubrimiento del cardenal pederasta Theodor Edgar McCarrick

El cardenal engañó a tres Papas, varios obispos fueron reticentes a admitir sus abusos sexuales y ahora, 20 años después, Jorge Bergoglio manda publicar un informe que revela por primera vez el historial de unos hechos que le hicieron enfrentarse una petición de dimisión. Lo que pone sobre la mesa el documento de 455 páginas de la Secretaría de Estado del Vaticano son las complicidades con las que contó el cardenal Theodor Edgar McCarrick, de 90 años, tanto en EEUU como en el Vaticano,  para su condición de homosexual y sus delitos de pederastia. El Vaticano ha esperado que pasaran las elecciones en los EEUU para publicar el informe referente al cardenal, cercano a los republicanos de EEUU y al mismo presidente Donald Trump.

El Papa ha renovado el compromiso de la Iglesia para “erradicar” de su seno “el mal” de los abusos sexuales tras la publicació del “doloroso” informe sobre el excardenal Theodore Edgar McCarrick, condenado por abusos y expulsado del sacerdocio en 2019. “Ha sido publicado el doloroso informe del caso McCarrick. Renuevo mi cercanía a las víctimas de todo abuso y el compromiso de la Iglesia para erradicar este mal”, ha declarado el pontífice en la audiencia general del miércoles.

El engaño que salvó durante 20 años al exarzobispo de Washington, reducido en 2018 a simple laico por el papa Francisco -primer caso de su pontificado- fue una carta enviada en el año 2000 por McCarrick al entonces secretario de Juan Pablo II, Stanislaw Dziwisz. En ella escribió: “Durante los 70 años de mi vida, no he mantenido nunca relaciones sexuales con nadie, ni he abusado de otra persona, varón o hembra, joven o viejo, clérigo o laico, o la he tratado con falta de respeto”.

Degradado a laico

Francisco le degradó a simple laico cuando tuvo la certidumbre de que el cardenal había cometido abusos sobre menores, recoge el escrito. La razón de que no se hiciera antes, según el documento, era que hasta 2017 corrían muchos rumores sobre monseñor McCarrick, “pero nadie había facilitado ninguna prueba de su culpabilidad”. Dado que los rumores, las denuncias anónimas e incluso los informes de la nunciatura (embajada) del Vaticano en EEUU no desvelaban hechos contundentes, “Francisco consideró que las acusaciones ya habían sido examinadas (y rechazadas) por Juan Pablo II y que Benedicto XVI no había tomado ninguna decisión al respecto, por lo que no vio la necesidad de modificar la línea adoptada en los años anteriores”.

Todo cambió cuando Carlo Maria Viganò, exnuncio en EEUU, amigo y apoyo de Trump, acusó públicamente al Papa argentino, recién elegido, de no haber Wactuado inmediatamente” después de leer un informe que le envió él mismo sobre McCarrick. Viganò pidió la dimisión del Papa y arrastró en su batalla a las jerarquías conservadoras más rancias de aquel país.

El informe actual ha necesitado dos años de investigaciones sobre el “tío Ted”, como se hacía llamar por sus víctimas o compañeros de cama. Por ejemplo, contiene hasta 90 entrevistas con personas que pudieron conocer los hechos.

En él se relata que Juan Pablo II solicitó informes sobre el que nombraría obispo en cuatro diócesis y cardenal, pero que tanto en el Vaticano como en EEUU nadie le vislumbró la gravedad de la situación, más allá de las acusaciones anónimas. Excepto las de John Joseph O’Connor, arzobispo de Nueva York, que no fueron anónimas sino explícitas. Juan Pablo II frenó los nombramientos sucesivos de McCarrick hasta que este no envió la carta en la que negaba cualquier acusación.

Los “nietos” del cardenal

Benedicto XVI siguió en la línea de su predecesor hasta 2006 cuando, a la vista de nuevas acusaciones más detalladas, pidió la dimisión “espontanea” de McCarrick. Joseph Ratzinger y su secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone afrontaron la situación, pero no hallaron “acusaciones probadas” y no abrieron un proceso interno formal. Tal vez un error pagado con alto precio, porque en el informe actual se facilitan las pruebas sobre la actividad homosexual del excardenal, prohibida para los clérigos católicos, y los abusos sobre los que el eclesiástico llamaba “mis nietos”.

El segundo afectado por la historia es el cardenal Stanislaw Dziwisz, que fue secretario personal del papa Juan Pablo II. Un documental recién estrenado, que curiosamente coincide con la publicación del informe vaticano, ilustra que Dziwisz “encubría a los pederastas a cambio de dinero” y que escondió al Papa “las acusaciones contra el Padre Maciel (fundador de los Legionarios de Cristo) y de McCarrick”.

El arzobispo Stanislaw Gadecki, presidente de la conferencia episcopal de Polonia, ha pedido al Vaticano una comisión investigadora sobre el exsecretario de Karol Wojtya. Según los expedientes que hay en el Vaticano, “habrá tela para rato”.

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