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Elecciones en EEUU: los jóvenes deciden

La más joven de las grandes democracias occidentales tiende a estar tan absorta en la versión más virtuosa de sí misma que pierde a menudo el sentido de la realidad. Una realidad muy alejada de aquel país que sedujo al mundo con el idealismo desbordante de sus líderes y la frescura que irradiaba de su cultura. Estados Unidos es hoy una gerontocracia, una república gobernada por ancianos, cínica, irascible y tan contaminada por la ideología que afronta estas elecciones como si fueran el preludio de una guerra civil. Su presidente tiene 74 años; la jefa de la Cámara de Representantes, 80; su homónimo en el Senado, 78; el presidente del Tribunal Supremo, 65; el jefe del Estado Mayor, 61. Y la cosa no mejora demasiado si se saca la edad media de sus principales instituciones. 

Nada debería cambiar a corto plazo. Los dos candidatos que se disputan estas elecciones hace mucho que sobrepasaron la edad de jubilación, pero serán irónicamente los jóvenes quienes decidan la suerte de Donald Trump (74 años) y Joe Biden (77) si aprovechan la oportunidad que les concede su peso electoral. La misma generación que ha liderado las protestas raciales de los últimos meses, el movimiento contra las armas o la concienciación contra el cambio climático. Millennials y Generación Z, los menores de 40 años. La hornada más multicultural, progresista y atea de la historia reciente. También una de las más maltratadas desde el final de la segunda guerra mundial, totalmente ajena al largo período de inmensa prosperidad en la que crecieron los candidatos. 

“Los ‘millennials’ son la primera generación en experimentar de golpe los problemas sociales y económicos de nuestro tiempo”, ha dicho el sociólogo de la Universidad de Stanford David Grusky. “Podemos pensar en ellos como conejillos de Indias que revelan lo tóxicos que se han vuelto estos problemas”. Los más mayores se hicieron adultos bajo el trauma de los atentados del 11-S, desarrollaron su conciencia política durante las guerras contra el terrorismo de George Bush y entraron en el mercado laboral cuando el capitalismo de casino hundió la economía en la Gran Recesión. Para los más jóvenes, todo ha sido ligeramente más espeluznante. Crecieron rodeados de precariedad y desahucios, tiroteos de masas, desigualdad rampante, glaciares que se derriten y ahora la pandemia. 

Normalizar los problemas

Gente como Lindsay Van der Wegen, criada en los suburbios blancos de una pequeña ciudad del norte del país. “Nuestra generación ha acabado normalizando todos estos problemas porque no hemos conocido otra cosa. Tendemos a ignorarlos hasta que nos explotan en la cara”, afirma en los pasillos de la Universidad de Wisconsin. Habla con la seriedad de un adulto, pero tiene solo 18 años. Acaba de empezar sus estudios de contabilidad a razón de 21.000 dólares anuales de matrícula en esta facultad pública de Milwaukee, un precio que ilustra los costes astronómicos de la educación superior en EE UU y la presión que aguarda a sus universitarios al salir de la facultad. La movilidad social no es la que era y muchos arrastran la deuda estudiantil como una cruz durante décadas.

“Creo que podría haber mejores candidatos en ambos partidos”, comenta Lindsay Van der Wegen, de 18 años

 Van der Wegen ha votado por correo a Biden, el candidato con “mejores respuestas” a los asuntos que considera prioritarios, como las injusticias raciales y el cambio climático. “Creo que podría haber mejores candidatos en ambos partidos”, dice resumiendo el sentir de la mayoría de jóvenes. “Es preocupante porque, pase lo que pase, el país está tan polarizado que no sé si podremos reconducir el rumbo. Estamos demasiado enfadados los unos con los otros y hemos dejado de escucharnos”. 

Fama de apáticos

Los jóvenes estadounidenses tienen fama de apáticos. Votan bastante menos que otros grupos demográficos, aunque Trump parece haber despertado su conciencia cívica. La participación entre los menores de 30 años aumentó hasta el 36% en las legislativas de hace dos años, 20 puntos más que en el 2014.  Y todo indica que la tendencia se mantendrá en estos comicios. Los datos hasta ahora solo reflejan el voto anticipado y por correo, por lo que no necesariamente son una representación fiel de la participación final en un año tan atípico como este, pero algunos números sugieren que podría haber una explosión del voto joven. En Tejas ha aumentado un 600%; en Carolina del Norte, un 274%; y en Florida, un 220%. Todos ellos, estados competitivos. También ha crecido la cifra de jóvenes registrados para votar. 

En estos comicios los menores de 40 años representan el 37% del electorado, un porcentaje que podría darles una enorme influencia sobre el resultado, como pasó en el 2008 con las elecciones que llevaron a Barack Obama a la presidencia. Su participación entonces fue del 48%, la más alta desde mediados de los 80. Las encuestas no dejan lugar a dudas de quién es su candidato predilecto. De acuerdo con un sondeo reciente de la Universidad de Harvard, el 63% votará a Biden frente al 25% que se inclina por Trump.

La opción más inteligente

Amanda Ford es también de las primeras. “Biden no me genera mucho entusiasmo, pero creo que es la opción más inteligente en estos momentos”, dice esta joven de 23 años que compagina sus estudios de chino y márketing con dos trabajos para pagarse la carrera. “Siento que el Partido Demócrata lucha mucho más por los problemas que conciernen a mi generación”. Su candidato es el único que ha puesto sobre la mesa planes ambiciosos para pilotar la transición energética, crear universidades públicas gratuitas y reducir el peso de la deuda estudiantil. Por no hablar de las injusticias raciales, un asunto fundamental para movilizar al electorado negro. “Muchos de mis amigos piensan que no sirve para nada votar, pero yo creo que solo tendremos voz si nos unimos y somos fuertes en las urnas”, afirma Naseem, un chico afroamericano de 18 años.

“Pienso que solo tendremos voz 
si nos unimos y somos fuertes
en las urnas”, afirma Naseem, afroamericano
de 18 años

Algunas ideas de Biden en materia social beben de las propuestas de Bernie Sanders y Elizabeth Warren, los dos candidatos que hicieron soñar a los jóvenes durante las primarias del partido. Al integrarlas parcialmente en su programa, se ha asegurado el respaldo sin fisuras de ambos en esta campaña. Un favor que se espera que devuelva reservando un sitio en la mesa al ala más izquierdista del partido si conquista la Casa Blanca.

Trump ha explotado esa alianza para describir a su rival como un “títere de la extrema izquierda” y asustar al electorado afirmando que piensa convertir a EE UU en un régimen comunista como los de Cuba o Venezuela. Pero es cuestionable que el espantapájaros le vaya a funcionar entre los jóvenes, que saben muy poco de la guerra fría y han crecido con las bofetadas del capitalismo.

Encuesta sorprendente 

La desafección de las nuevas generaciones hacia el sistema económico estadounidense es tan profunda que un 70% decía hace unos meses en una encuesta de YouGov que votaría por un candidato socialista, algo completamente impensable hace unos años. No solo eso, la mayoría quiere una mayor intervención del Gobierno para lidiar con los grandes problemas de su tiempo, incluso entre los jóvenes republicanos, bastante más progresistas que sus mayores. Chicas como Makayla e Izzy, dos estudiantes de 19 años la Universidad de Marquette, católica y privada, también situada en Milwaukee (Wisconsin). 

“Si votas a Trump, hay gente que cree que eres mala persona, pero yo no me avergüenzo”,
dice Makayla, estudiante
de 19 años

Ninguna revela a quién votará, pero ambas se definen como conservadoras. “Hay un estigma entre nuestra generación. Si votas por Trump, mucha gente piensa que eres una mala persona, pero yo no me avergüenzo de ser conservadora”, dice Makayla tras explicar que hay mucho movimiento en la facultad, así como en las redes sociales, para animar a los estudiantes a que voten.

Ambas enarbolan la oposición al aborto como un tema fundamental en su decisión, pero en un reflejo de las nuevas generaciones de republicanos también quieren preservar el planeta del cambio climático o endurecer los controles de armas. “También es muy importante la igualdad en todos los sentidos. Sea racial o de género. Me siento orgullosa de que mi generación haya salido a las calles a protestar”, dice Izzy.

Puede que el resultado en las elecciones del martes lo contradiga, pero el Partido Republicano debería hacer un serio examen de conciencia si quiere tener algo más que presente. Los jóvenes están telegrafiando su muerte. O cambia mucho o el futuro de EEUU será demócrata.

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