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Evo Morales regresa a Bolivia después de pasar un año en el exilio

Evo Morales regresa a Bolivia cuando se cumple un año de su renuncia a la presidencia del país y su huida apresurada a México. Al conocerse la victoria de su delfín político Luis Arce y de su partido, Movimiento Al Socialismo (MAS), en las elecciones del pasado 18 de octubre, el dirigente aymara anunció que su intención era «volver lo antes posible» a su tierra. Este lunes cumplió su promesa y cruzó la frontera en la localidad boliviana de Villazón, donde fue recibido por una multitud de seguidores.

Minutos antes, en suelo argentino, el presidente Alberto Fernández despidió a Morales en un acto celebrado en La Quiaca. «No dudaba que iba a volver, pero no sabía que iba a ser tan pronto», reconoció el expresidente boliviano, que agradeció a Fernández su hospitalidad y la de su pueblo, que lo han acogido a él y a parte de su gabinete desde el pasado 12 de diciembre. «Parte de mi vida queda en Argentina. Muchas gracias, hermanas y hermanos, no me he sentido abandonado», dijo.

En Villazón, en el sur del país, centenares de personas, muchos de ellos indígenas, desafiaron al viento helado para recibir al «padre de Bolivia». Vestidos con trajes de colores y enarbolando carteles y banderas desde la madrugada dieron la bienvenida al expresidente y a parte de su cúpula. Entre ellos estaba su mano derecha durante 14 años, el vicepresidente Álvaro García Linera, además de varios exministros que permanecían exiliados en Argentina.

Morales regresa tras la victoria del MAS y días después de que la Justicia boliviana retirara una orden de aprehensión en su contra por delito de «terrorismo». Pero el dirigente, perseguido por el Gobierno interino de Jeanine Áñez, todavía tiene abiertas varias causas en su contra.

El «milagro económico»

La comitiva pasará la noche en la localidad andina de Uyumi y encabezará una caravana que recorrerá 1.100 kilómetros hasta Cochabamba, donde tiene previsto llegar el miércoles. La zona guarda especial simbolismo, ya que allí forjó Morales su carrera política tras emerger como líder de los cocaleros en la década de los ochenta.

También se encontraba allí el año pasado, cuando tuvo que renunciar a la presidencia y huir a México en medio de presiones militares y policiales. Días antes, las denuncias de fraude en las elecciones en las que salió reelegido provocaron un estallido social que dejó disturbios en todo el país, con al menos 22 víctimas mortales. Morales, por su parte, siempre ha calificado lo ocurrido de «golpe de Estado».

En las zonas rurales de Cochabamba, entre las casas de ladrillo y adobe abundan las pintadas a favor del dirigente aymara con la leyenda «Evo vuelve». En un contexto de crisis debido a la pandemia de la covid-19, muchos bolivianos esperaban que el regreso del que fuera el primer presidente indígena del país consiga replicar el «milagro económico» de su mandato.

Bajo la presidencia de Morales, la economía creció y el índice de pobreza se redujo del 60% al 37,2%. En Bolivia, la pobreza se ceba principalmente con la población indígena: el 34,6% vive bajo el umbral de pobreza y el 12,9% en pobreza extrema.

Pero al contrario de la creencia popular, los analistas advierten que el regreso de Evo puede opacar el nuevo Ejecutivo de Luis Arce y hacer que la población se pregunte quién gobierna realmente el país. El expresidente, de 61 años, ya ha repetido en varias ocasiones que no se dedicará a la política, mientras que el flamante presidente Luis Arce ha marcado distancias con su mentor político: «Si quiere ayudarno será muy bienvenido, pero no significa que estará en el Ejecutivo. Será mi Gobierno», destacó.

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