Política

Héroes de la vida real: rumbo al desastre, al servicio de los demás

Haryono nació en Klaten, una pequeña ciudad en Java Central, cerca del Monte Merapi. Mucha gente vive en las laderas de la montaña, a pesar de que es el volcán más activo del país y ha cobrado muchas vidas durante sus frecuentes erupciones.

El rescatista compartió su historia personal como parte de la campaña #RealLifeHeroes (que se traduce como Héroes de la Vida Real) de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). Se trata de una iniciativa para el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria que se celebra el 19 de agosto.

De soldado a rescatista

“Cuando era joven, soñaba con ser soldado, porque pensaba que los soldados eran duros, valientes y leales. Debido a mi mala vista, tuve que renunciar a ese sueño y, en cambio, me uní al Ministerio de Transporte después de graduarme de la universidad.

Mientras estaba allí, aprendí sobre la búsqueda y el rescate marítimo y me di cuenta de que salvar la vida de otros es una profesión muy noble. Los rescatistas luchan para salvar a personas que no conocen, e incluso se sacrifican en el intento. Actualmente soy el director adjunto de la Agencia de Búsqueda y Rescate de Indonesia.

Por haber crecido en Klaten, el desastre es algo habitual para mí. Las amenazas a mi ciudad natal no solo provienen del monte Merapi, sino también de los terremotos. Situada en “el anillo de fuego”, un área de la cuenca del Océano Pacífico que sufre muchos terremotos y volcanes, Indonesia es un país propenso a este tipo de catástrofes.

La Agencia de Búsqueda y Rescate se creó en 1972, año en el que nací, para brindar asistencia las 24 horas en caso de accidentes aéreos y marítimos, desastres naturales y otras situaciones que pongan en peligro la vida de las personas.

INSARAG

Agus Haryono nació en Klaten, a la sombra del volcán Monte Merapi, uno de los más activos de Indonesia.

Salvar vidas no es cuestión de heroísmo

El terremoto más impactante que azotó mi región ocurrió el 27 de mayo de 2006, se cobró unas 5800 vidas y causó graves daños a los edificios. Otro impacto volcánico grave ocurrió el 26 de octubre de 2010 cuando el monte Merapi hizo erupción, matando a unos 353 de los habitantes de Klaten.

Vi con mis propios ojos cómo una calamidad de este tipo puede cambiar la vida de alguien, con la desesperación y la desesperanza cuando se pierden familiares y bienes. En esos momentos, estas personas necesitan la ayuda y el cuidado de los demás para volver a levantarse.

El trabajo humanitario me ha enseñado sobre el cuidado, la empatía, la cooperación y la hermandad, independientemente de la raza y la nacionalidad. Ahora tengo 47 años, lo que puede parecer demasiado mayor para ser un rescatista, pero lo que importa es tener un espíritu fuerte y la voluntad de brindar el mejor servicio a otras personas que necesitan ayuda, en particular, a aquellas cuyas vidas están en peligro inminente.

Salvar vidas no es una cuestión de heroísmo, se trata de nuestro compromiso con la humanidad y de hacer un esfuerzo para retribuir y dar a otros la oportunidad de vivir. No hay momento más feliz que el que ocurre cuando puedes devolver a alguien vivo a su familia”.

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