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Hong Kong asesta el primer golpe a la prensa crítica con China

Los peores augurios han empezado a materializarse en Hong Kong. La Ley de Seguridad Nacional promulgada por Pekín a finales de junio ha comenzado a utilizarse hoy contra la prensa más crítica con el régimen chino. El empresario prodemocracia Jimmy Lai ha sido detenido por «confabularse con fuerzas extranjeras, pronunciar un discurso sedicioso, y conspiración para cometer fraude», mientras que su periódico, el Apple Daily, ha sido registrado por unos 200 policías que han acordonado la sede y han impedido el acceso de periodistas extranjeros. De momento, al menos siete personas más -entre ellas dos hijos de Lai- han sido detenidas, y, según la Policía, «la operación está en curso y no se descartan más arrestos».

La respuesta de los activistas demócratas no se ha hecho esperar. «Es el primer paso en el apagón que el gobierno chino quiere para la prensa de Hong Kong», ha afirmado el político Chu Hoi-dick. «Es el fin de la libertad de prensa y el día más oscuro para los periodistas», ha añadido el activista Joshua Wong, cuya candidatura a las ahora pospuestas elecciones autonómicas fue rechazada. «¿Podéis imaginar que esto sucediese en las redacciones del New York Times o el Guardian? Cientos de policías han entrado en el Apple Daily sin orden judicial», ha añadido en Twitter. Algunos abogados del equipo legal del empresario tampoco han podido acceder a la sede.

Lai, de 72 años, es una figura especialmente controvertida en la excolonia británica. Ha apoyado sin fisuras las manifestaciones contra la propuesta de ley de extradición, que estallaron durante el verano del año pasado y desembocaron en la exigencia -muchas veces violenta- de una democracia plena para Hong Kong, y ha llegado a pedir públicamente la intervención de Estados Unidos y ayuda de la CIA para contrarrestar el aumento del poder que ejerce el gobierno central chino en el centro financiero.

«Estoy preparado para ir a prisión», afirmó en junio en una entrevista concedida a la agencia AFP. «Si sucede, tendré oportunidad de leer muchos libros que tengo pendientes. Lo único que puedo hacer es ser positivo», añadió en tono irónico después de reconocer que se considera una persona «problemática». Nacido en la provincia sureña de Guangdong, Lai tiene razones para odiar al Partido Comunista: su familia perdió la fortuna que había amasado tras la revolución de Mao Zedong, y él tuvo que emigrar de forma ilegal a Hong Kong cuando tenía doce años. Tras desempeñar todo tipo de trabajos, fundó la exitosa empresa de moda Giordano y su primer medio de comunicación llegó poco después de la masacre de Tiananmen.

Desde entonces, Lai ha tenido a los dirigentes chinos en su punto de mira, y eso le ha granjeado que la prensa oficial lo tache de traidor. No en vano, también está siendo investigado por su participación en las protestas y sobre él pesan otros cargos, como el de asamblea ilegal, que acarrean penas de hasta cinco años de cárcel. Pero, por todo ello, para los manifestantes de Hong Kong es un héroe, y así se lo han hecho saber hoy de una forma muy peculiar: comprando acciones de Next Media, su empresa de medios de comunicación, cuya cotización se ha llegado a multiplicar por tres.

Si Lai es finalmente procesado y su caso se considera especialmente severo, podría ser juzgado en territorio de la China continental y enfrentarse a cadena perpetua. «Independientemente de lo que suceda con él, este caso envía un mensaje claro a la prensa y puede provocar una ola de autocensura. La situación se está deteriorando rápidamente y las libertades de las que todavía goza Hong Kong están en peligro», comenta a este diario un redactor del South China Morning Post que pide mantenerse en el anonimato.

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