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Incendio en el campo de refugiados de la isla griega de Samos

Un incendio quema desde este miércoles por la mañana el campo de refugiados de Vathy, en isla griega de Samos, la segunda en número de más llegadas de solicitantes de asilo desde las costas turcas.

El campo, con una capacidad oficial para 600 personas, alberga a más de 3.800, en tiendas de campaña improvisadas en medio de una cuesta de olivos. El incendio, sin embargo, se ha declarado en la parte oficial del campo, aunque el cuerpo de bomberos ha asegurado que el fuego no es muy violento y que está bajo controlNo hay ni heridos ni muertos.

Según la televisión griega ‘ERT’, el incendio ha empezado en la cocina del recinto, y ha pasado a un almacén de ropa, que ha ardido instantáneamente. Eso sí, se desconoce si el fuego ha sido provocado o un accidente.

Este no es el primer incendio en el campo de Samos: hace justo una semana, otro fuego se declaró en sus instalaciones, aunque fue más pequeño y de menor envergadura que el actual. Ambos, llegan tras el gran incendio de Moria, en la isla de Lesbos, que acabó por completo con el campo de refugiados de la otra isla y dejó a 12.000 personas, de la noche a la mañana, sin un sitio donde dormir.

Durante cuatro días —con sus cuatro noches—, la policía griega obligó a los refugiados y migrantes a dormir encima del asfalto, confinados en un pequeño trozo de carretera del que no podían salir. Después, fueron reubicados en un nuevo campo en Lesbos, que sustituyó al de Moria y donde, según varias oenegés, las condiciones sanitarias e higiénicas son aún peores que en el campo antiguo.

Samos, la isla de los castigos

Desde hace años, a los solicitantes de asilo que llegan a Grecia a través del Egeo, pasan meses meses e incluso años en los campos de refugiados de las islas, tan llenos y tan faltos de servicios básicos que se vuelven focos de violencia.

Pero desde el pasado marzo, el Gobierno griego ha dado un paso más en su lucha contra los migrantes: las devoluciones en caliente en el mar —con violencia y robos—, practicadas por la guardia costera griega, se han vuelto la norma. Solo una pequeña minoría consigue llegar a las costas griegas; a los que lo consiguen, les espera un infierno.

Es el caso de Nadir A., un padre afgano que llegó a Samos hace un par de días. La barcaza en la que viajaba se hundió, y su hijo, de seis años, murió en el agua. Nadir fue detenido y, ahora, la policía le acusa de poner en riesgo la vida de su hijo, lo que podría llevarle una pena máxima de 10 años de cárcel. Nunca antes se había acusado a un solicitante de asilo de este crimen.

“Estos cargos son un ataque directo al derecho de solicitud de asilo, y es vergonzoso que un padre que pasa por un duelo así se le castigue por buscar su seguridad y la de su hijo”, ha dicho la oenegé Help Refugees en un comunicado.

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