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Italia, en estado crítico por el covid

El gobierno ha pasado este viernes por la noche las regiones de Florencia y Nápoles a zonas rojas por el aumento de sus tasas de contagio y otros 20 baremos que se analizan para tomar la decisión, como el índice Rt y la capacidad regional de trazar a los positivos.

Otras nueve autonomías han pasado también a zona naranja y otras cuatro, más la provincia autónoma de Trento, permanecen como zonas amarillas. De manera que en toda Italia, a excepción de cuatro autonomías (Lazio, Molise, Cerdeña y Sicilia), ha entrado en vigor un toque de queda nocturno desde las diez hasta las cinco de la madrugada, además de otras restricciones.

Las protestas en la excapital del Reino de la Dos Sicilias comenzaron casi simultáneamente, aunque esta vez no pillaron desprevenido al Ejecutivo nacional como sucedió dos semanas atrás cuando la ciudad vivió una noche de violencias callejeras. El ejército está apoyando el trabajo en los hospitales de Nápoles, que en los últimos días han sufrido un colapso generalizado, con casos de muertos por los suelos y pacientes abandonados en una camilla que han creado una gran contrariedad nacional. Para la región de Calabria, cuya sanidad ya está intervenida desde hace 10 años, el gobierno ha nombrado un nuevo interventor.

Zonas amarillas, naranjas y rojas

En las zonas amarillas, bares, restaurantes y análogos tienen que cerrar a las seis de la tarde y pueden vender comida solo para llevar. Todas las otras actividades quedan reguladas y con cierres horarios, como los centros comerciales que pueden abrir solamente los que no alcancen los 2.500 m2. Los quioscos permanecen abiertos y también los estancos, que en Italia no venden solo tabaco sino servicios (pago de recibos, recogida de paquetes, etc.). En las zonas rojas, se puede salir de casa, como en primavera, sólo para actividades obligadas (trabajo), urgencias (farmacia, hospital) o necesarias (actividad deportiva alrededor del domicilio), y no se puede abandonar el propio municipio.

En las rojas y amarillas los alcaldes pueden cerrar aquellos lugares de las ciudades donde se producen agregaciones y todas las autonomías de norte a sur de la península han aprobado numerosas restricciones urbanas. En Roma, no se podrá pasear por la céntrica vía del Corso y las calles adyacentes serán de dirección única peatonal, además de que unos guardias urbanos contarán a las personas que entren y salgan. En las regiones del norte no se podrá “pasear en calles y plazas de los centros históricos”.

Los mercados al aire libre quedan prohibidos, a no ser que hayan sido perimetrados y con una sola entrada y salida. El alcalde de Palermo cierra todas las escuelas a partir del lunes. En Veneto (Venecia) los restaurantes podrán aceptar solo a cuatro clientes por mesa en los horarios permitidos. En la región Liguria (Génova) se practicarán descuentos a los sesentañeros que realicen sus compras en un “horario protegido”, es decir sin otros clientes. En todas las ciudades costeras, no se podrán frecuentar los paseos de mar, como sucedió el pasado fin de semana en una especie de desahogo general y nacional.

Después de una semana de mayores restricciones el índice Rt ha descendido del 1,7% a 1,4, aunque los muertos en los hospitales han alcanzado en una semana la cifra de 3.400, el doble que la semana anterior. Las uci se encuentran ocupadas en un 50% (la alerta se dispara al 40%) y por cada 100 mil habitantes se producen 650 nuevos positivos. “Hay que reducir drásticamente las interacciones físicas entre las personas para poder aligerar los servicios sanitarios”, había advertido el Instituto Superior de Sanidad (ISS).

El papa Francisco ha dado orden de ofrecer desde el jueves pruebas pcr gratuitas en el centro médico que abre en la plaza de san Pedro del Vaticano. “Para pobres y quienes tengan que viajar”, ha informado el Vaticano.

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