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Italia se dirige al confinamiento general mientras continúan las protestas

Italia sigue el camino de Francia y Alemania y se encamina hacia un confinamiento en todo el país, seguramente dentro de dos semanas. Se trataría de un cierre general «ligero», con suspensión de casi todas las actividades no esenciales, pero con las escuelas abiertas y movimientos limitados para ir a trabajar o por necesidades esenciales. En algún caso, como la región de Apulia, su presidente Michele Emiliano ha decidido cerrar ya las escuelas. De momento, el primer ministro, Giuseppe Conte, por presión de los presidentes de algunas regiones y de los sectores más golpeados por la crisis, se toma tiempo, un par de semanas, para comprobar la eficacia de sus últimas medidas restrictivas, que entraron en vigor el pasado lunes, con cierre a las seis de la tarde de las actividades no indispensables, entre ellas bares y restaurantes.

No obstante, Conte reconoce que la situación es grave porque el país ha entrado en el «escenario de tipo 3», lo que supone estar en alto riesgo. Incluso el coordinador jefe del Comité científico que asesora al Gobierno, el profesor Agostino Meozzo, advierte que si no desciende la curva epidémica dentro de 15 días, se deberá decretar el confinamiento. Igualmente, el jefe del departamento de enfermedades infecciosas del hospital Luigi Sacco de Milán, afirma que «el confinamiento se realizará, solo falta por saber cuándo entrará en vigor». Algunos medios adelantan que podría iniciarse el próximo 9 de noviembre. Los comerciantes de Nápoles han solicitado que se comience cuanto antes el confinamiento para intentar salvar la campaña de ventas durante las fiestas navideñas.

Hospitales desbordados
La urgencia viene determinada porque el número de contagios se está haciendo casi exponencial y en algunas regiones, como Campania, Lombardía, Liguria, Umbría, Piamonte y Lazio los hospitales están al borde del colapso o se aproximan a la saturación. Piamonte ha solicitado incluso al ejército, dada su organización y medios, montar hospitales de campaña. En la práctica, esta situación significa que al menos media Italia se encontraría ya en el «escenario de tipo 4», es decir, en zona roja, según los límites fijados por el Instituto Superior de Sanidad. De ahí que el epidemiólogo Martin Blachier, fundador de Public Health Expertise, se muestre convencido de que el confinamiento sea la única solución. Blachier explica, en una entrevista a «La Repubblica», que «el virus estalló repentinamente, no entendemos cómo pudo haber sucedido; nuestra hipótesis es que la llegada del frío es un factor decisivo en el aumento de infecciones».

El ascenso de la curva epidémica parece imparable: El miércoles se registraron 24.991 nuevos infectados (21.994 el martes). Se trata de un récord, con el mayor número de test realizados hasta ahora: casi 199.000 en un día. Se agrava también el balance de muertos, con 205 fallecidos en las últimas veinticuatro horas. La situación se hace preocupante sobre todo en Lombardía, donde se han registrado en solo 24 horas 7.558 nuevos positivos (5.035 el martes). Inquietan al Gobierno muy especialmente Nápoles y Milán. El ministro de Salud, Roberto Speranza, ha escrito a los alcaldes de ambas capitales para advertirles que sus ciudades están en observación, porque «las infecciones han crecido demasiado rápido y ya están fuera de la posibilidad de control». Es una forma de indicarles que el confinamiento se hace inevitable.

Manifestaciones con violencia
La emergencia sanitaria se refleja en el desbordamiento que se percibe ya en algunos hospitales, mientras la emergencia económica se traslada a la calle, con manifestaciones que se extienden diariamente por todo el país, en protesta por las medidas restrictivas del Gobierno y en petición de ayudas. Ayer, 10.000 pequeños empresarios de la restauración y trabajadores se manifestaron en toda Italia, siguiendo la convocatoria de las asociaciones del sector (Fipe-Confcommercio), con un lema común: «Estamos por los suelos». Lo reflejaron simbólicamente: Para hacer visible su mensaje colocaron por tierra los manteles de sus mesas de bares y restaurantes, y sobre ellos pusieron las copas, platos y cubiertos. El líder de la Liga, Matteo Salvini, se acercó a mostrar su solidaridad y recibió insultos de algunos manifestantes.

La mayoría de las legítimas manifestaciones son un ejemplo de civismo. Marcan así distancia de las violentas protestas que se suceden en los últimos días por parte de neofascistas, grupos de anarquistas, muchos ultras y extremistas de izquierda y de derechas. El Gobierno se ha mostrado dispuesto a dialogar con las asociaciones de los sectores más afectados por la crisis, pero ha pedido que se aísle a los violentos cuyas protestas con enfrentamientos con la policía, lanzando petardos y otros explosivos, están creando tensión en muchas ciudades. Anoche se registraron violentos incidentes en Palermo, Bari y Génova.

La ministra del Interior, Luciana Lamorgese, ha advertido que «la estabilidad social del país» está en riesgo: «Paralelamente a las protestas ciudadanas – destacó Lamorgese – hemos sido testigos de episodios indescriptibles de violencia y guerrilla urbana. Fueron episodios que encontraron solo un pretexto ocasional en el descontento, por sujetos que nada tienen que ver con los sectores afectados por las medidas gubernamentales».
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