Política

La convivencia de los socios se tensa

—Hay cada vez más hartazgo, pero también resignación. Es la sensación de “estos ya están otra vez”, pero sabemos que los dos nos necesitamos. No se divisa ruptura. 

Es la voz de un dirigente de Ferraz que resume el clima interno al cabo de una semana en la que se ha visto crujir, aún más, las costuras de una coalición, el matrimonio de conveniencia de PSOE y Unidas Podemos, de mala salud de hierro. Primero fue la acusación de los morados a Isabel Celaá de “falta de liderazgo” en el diseño de la vuelta al cole.

El reproche nunca se lo lanzó Pablo Iglesias a la titular de Educación durante el Consejo de Ministros, pero el malestar con ella sí existía y el partido quiso que se supiera. Aireó las desavenencias de manera deliberada. Y lo hizo poco antes de la comparecencia de Pedro Sánchez y de que el PSOE salvara a Iglesias de acudir al Congreso para aclarar la supuesta financiación ilegal de Podemos, con una encendida defensa del diputado Felipe Sicilia. La andanada contra la ministra irritó al PSOE y enturbió el ambiente dentro del Gabinete. La sensación en la Moncloa, de hecho, es que Celaá “ha trabajado discretamente, mucho y bien” para procurar el acuerdo sobre el retorno a las aulas, consenso con las comunidades autónomas que se materializó el jueves en la conferencia multisectorial. “Ha sido una puñalada trapera”, condena un alto mando.  

Pero esa queja de los morados no era unánime, o al menos no todos en UP querían visibilizar las discrepancias: los ministros morados Yolanda Díaz y Alberto Garzón sí defendieron con ahínco la labor de Celaá al frente de su departamento. Ambos, por cierto, son los que menos pegas han puesto a un hipotético diálogo con los naranjas. Por cierto que Podemos digirió mal también que tanto la vicepresidenta Carmen Calvo como sobre todo la responsable de Defensa, Margarita Robles —la que menos oculta su incomodidad con el hermano pequeño de la coalición, deslizaran que sería positivo que Iglesias aclarara la situación de su partido en el Parlamento. 

Pero el mayor choque, y el más trascendente, llegó el viernes, cuando Podemos vetó a Ciudadanos como socio de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). A los socialistas, las declaraciones de los portavoces Isa Serra y Rafa Mayoral, avaladas por Iglesias —a fin de cuentas, sus palabras llegaban tras la reunión del secretariado del partido—, les pillaron fuera de juego. Por la “rotundidad” que ambos emplearon, porque suponía “subir dos escalones más” en el pulso interno que se libra en el Ejecutivo. 

Desde Podemos defienden que Sánchez conocía de sobra la posición de su socio. El pasado lunes, tras la reunión de ‘maitines‘ —la cita que semanalmente congrega al núcleo duro de ambas partes del Gabinete—, ambos debatieron a solas sobre los PGE y mostraron sus cartas: el presidente, como creen en su equipo, Ferraz y el PSOE, solo ve opciones reales de sacar las cuentas con Cs, porque ERC “no tiene margen” para respaldarlas por su eterna pugna con JxCat, y más antes de unas autonómicas que se atisban o en noviembre o bien para comienzos de 2021. Iglesias quiere preservar la mayoría de investidura, aunque suponga esperar unos meses para presentar el proyecto de ley. Los socialistas entienden que no se puede esperar hasta entonces, porque el país necesita unos PGE que sirvan de vehículo para las ayudas procedentes de la Unión Europea. 

Los morados matizan su postura y ya no hablan de veto total a Cs, pero quieren que primero se hable con ERC

Sin embargo, en las últimas horas los morados han abierto una puerta, según pudo confirmar este sábado EL PERIÓDICO: ante la  “preocupación” por que Sánchez quiera “cerrar un acuerdo con Cs y sin contar con Podemos”, exige que los PGE se pacten primero dentro del Gobierno, entre los dos socios, y que ese borrador se negocie, y en primer término, con los aliados de investidura, pero no se opone tajantemente a que, si la bala de ERC falla, se hable con Inés Arrimadas. Es decir, que suaviza su postura, aunque aún no haya oficializado ese giro sutil, aunque importante, vía declaraciones públicas de sus dirigentes. “Lo que se impugna es que se vaya directo hacia el acuerdo con Cs antes de consensuar el proyecto dentro de la coalición”, indican fuentes de UP a este diario. 

En Hacienda recuerdan que para elaborar los PGE “se habla con todos los ministerios, incluidos los de Podemos, y se incluyen medidas de todos ellos”. Para los morados, es fundamental que los Presupuestos tengan un marcado carácter “social” y se alejen de los recortes que preconizan, a su juicio, PP y Ciudadanos. 

Un Iglesias “debilitado”

Aunque la tensión fue mayor en marzo, cuando se desbocó la lucha de los morados con la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, a cuenta de la ley de libertad sexual, el conflicto en torno a los PGE es de mucho más calado. Porque es la ley que puede garantizar estabilidad al Gobierno o, de fracasar, conducirle a elecciones. La legislatura pasa por las cuentas de 2021, de ahí que en la parte socialista del Ejecutivo se haya instalado la convicción de que habrá que aprovechar el tren que pase. Y si es Cs, sea.

El llamamiento se hace incluso al PP, aunque ese es más retórico, ya que atraer a los de Pablo Casado se asume como imposible. No obstante, Sánchez quiere machacar su idea de que serán unos PGE “de reconstrucción“, y con la foto del lunes en la Casa de América de Madrid quiere esgrimir la imagen del diálogo social, de la cooperación de grandes empresarios y sindicatos, para marginar al PP. Sin embargo, esa escenografía con los grandes del Ibex 35 —copia, por cierto, del formato que ya usó el presidente en septiembre de 2018, a los cien días de su acceso al poder— también ha irritado a los morados. Para ellos, apuntala su visión de una querencia del PSOE por la derecha. 

Pese a los choques frecuentes, ninguno de los dos socios vislumbra una ruptura

“Es Pablo el que está en esa posición [maximalista]. Los demás [ministros morados] están bien. La aritmética es la que es y a ellos tampoco les interesa descarrilar, así que yo lo relativizaría bastante”, indica una ministra de mucho peso. “Habrá que sacar los PGE, los que exige la situación, y lo demás lo dejamos para la cátedra”, opina otro. “Nos preocupa su deslealtad, pero no su posición”, resume otro alto cargo del Ejecutivo. Es decir, que cansa cada vez más la estrategia de los de Iglesias de dar publicidad a sus desacuerdos con los socialistas, pero no su planteamiento, que se daba por descontado. 

Es más, los avisos de Podemos no moverán, sin embargo, a Sánchez, que mantiene su meta de aprobar unos “Presupuestos de país”, desideologizados y transversales, y todos sus pasos se encaminan a ese punto, desde su acto con empresarios del lunes hasta su despacho con Arrimadas el miércoles 2 de septiembre. En la Moncloa avisan de que el peso de Podemos se ha “debilitado” por su debacle electoral en las gallegas y vascas del 12 de julio y los frentes judiciales que tiene abiertos. “Tienen un mal momento, pero deben pensar cuál es la situación. Esperemos que lo hagan”, confía otro miembro relevante del Gobierno. “El 12-J les dejó más tocados, pero también parece haberles puesto más nerviosos, con la necesidad de marcar perfil”, apunta un responsable de la sede federal socialista. 

Redondo-Del Olmo, Bolaños-Belarra

Además, fuentes gubernamentales socialistas recalcan que el peso de los morados en la dinámica del Gabinete es escaso. “Pienso en 1982 —evocan este responsable— y entonces el PSOE rápidamente se echóa la espalda el país, pero eso a Podemos no le ha pasado. El Estado y el Gobierno va con nosotros. Ellos no son muy conscientes de lo que significa gobernar. Igual Yolanda Díaz sí, pero no el resto. Gobernar es decidir dentro de lo posible. Pero ellos parece que no se han hecho con el puesto. Y no se puede ser Gobierno y oposición a la vez. Ellos creen que ganan cuando se desmarcan, pero dudo de que su gente les aplauda”. 

“No se puede ser Gobierno y oposición a la vez”, reprocha un alto mando socialista

PSOE y Podemos insisten en que la coalición no se romperá, en buena medida por la óptima relación de Sánchez e Iglesias y porque “se pulen las fisuras a todos los niveles”, añaden en la Moncloa. A nivel comunicativo, entre el director de Gabinete del líder socialista, el todopoderoso Iván Redondo, y el jefe de Comunicación del vicepresidente segundo, Juanma del Olmo. Y a nivel de contenidos, entre el secretario general de la Presidencia, Félix Bolaños, y la secretaria de Estado para Agenda 2030, Ione Belarra. También el diálogo entre los distintos ministerios es fluido, observan desde la parte socialista. 

Los dos partidos tienen incentivos sobrados, además, para continuar juntos, ya que ambos “se necesitan” y perderían los dos en caso de divorcio, según el análisis compartido, si bien los socialistas creen que quien más arriesgaría con una salida del Ejecutivo sería Podemos, mermado en votos. “Hemos dado un toque de atención serio“, indican por su parte en Podemos, “pero para consolidar el Ejecutivo en torno al bloque de la investidura”. Los PGE serán el todo o nada. La prueba de fuego. 

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