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La expulsión de Corbyn abre una lucha cainita en el laborismo

La conclusión del organismo de control de derechos humanos del Reino Unido de que el Partido Laborista violó la ley, al no erradicar el racismo antijudío en sus filas cuando

Jeremy Corbyn

era líder de la formación, y su reacción consiguiente a su suspensión, han reavivado la cruenta guerra interna dentro de la formación roja. La reacción de Corbyn, diciendo que no aceptaba «todas» las conclusiones de la investigación y que «la magnitud del problema también fue exagerada dramáticamente por razones políticas por nuestros oponentes dentro y fuera del partido, así como por gran parte de los medios de comunicación», acabó provocando su suspensión solo seis meses después de haber dejado el cargo.

Este viernes, en declaraciones en un programa de la BBC, el actual líder,
Keir Starmer
, señaló que no hay ninguna razón para que el partido caiga en una «guerra civil», pero los ánimos están caldeados y la batalla dentro de la formación no ha hecho más que encenderse. Más allá de la crisis relacionada con el semitismo, hay quienes señalan que la expulsión de Corbyn podría ser la excusa perfecta para un partido que está corriéndose hacia el centro, para lo cual es necesario hacer una purga de sus caras más radicales. Según fuentes del ala más izquierdista del partido citadas por el diario «The Times», la suspensión temporal de Corbyn, mientras se lleva a cabo una investigación interna sobre sus declaraciones, provocará una «guerra civil a gran escala contra sus partidarios» y además «consumirá al líder (Starmer) durante los próximos cuatro años y reducirá sus posibilidades en las próximas elecciones generales».

«Dejé en claro que el Partido Laborista que dirijo no tolerará el antisemitismo, ni tolerará el argumento que niega o minimiza el antisemitismo en el Partido Laborista sobre la base de que es exagerado», afirmó Starmer en televisión, una posición aplaudida por sus seguidores. Pero Corbyn tiene fuertes aliados que no tardaron en reaccionar, prometiendo estar a su lado para luchar por su regreso y advirtieron del perjuicio que puede suponer de cara al electorado. La suspensión fue calificada como una «grave injusticia que, si no se revierte, creará el caos dentro del partido y, al hacerlo, comprometerá las posibilidades de victoria de los laboristas en las elecciones generales», aseguró el secretario general del sindicato Unite, Len McCluskey, quien aprovechó para instar a los miembros «enfadados por esta suspensión a no abandonar el partido», sino a colaborar en la solución del conflicto.

Tono más duro
Este golpe sobre la mesa de Starmer pone de relieve que el nuevo líder está cada vez más decidido a imponer su visión política y a dejar claro que tendrá tolerancia cero ante denuncias como las investigadas. Aunque su aterrizaje en lo más alto de la formación roja fue suave, con el paso de los meses ha ido endureciendo el tono, tanto a nivel interno como en su relación con el primer ministro Boris Johnson. Además, una de sus estrategias es alejarse lo máximo posible de ambos, marcando una fuerte posición centrada tras el giro a la izquierda del partido hecho por Corbyn en el 2015, y presentándose como una opción para los electores en una carrera cuya meta está a cuatro años vista. Pero Corbyn, de 71 años y que es miembro del partido desde los 16, tiene un «ejército detrás de él», según una fuente anónima citada por «The Telegraph».

Aunque la Comisión británica de Igualdad y Derechos Humanos (EHRC, por sus siglas en inglés), encontró al partido responsable de tres infracciones a la Ley de Igualdad, Corbyn se niega a retractarse de sus comentarios y se defiende diciendo que trató de acelerar el proceso de investigación y actuación ante las denuncias. Pero admitió: «Lamento que haya tardado más de lo debido en realizar ese cambio». En todo caso, fue tajante en declaraciones a la cadena SkyNews: «Yo no soy parte del problema».
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