La pista búlgara del caso Navalni

Se quejó brevemente de un picor en los ojos. Después comenzaron los espasmos, un dolor intenso, hubo de ser hospitalizado a toda prisa y, ya en coma, le fue diagnosticado un envenenamiento, aunque resultó imposible determinar la sustancia tóxica utilizada. Podríamos estar hablando del opositor ruso Alexéi Navalni, pero estamos recordando el caso del fabricante de armas búlgaro Emilian Gebrew.

El ataque contra Gebrew se produjo en abril de 2015 y en su organismo no fue posible encontrar restos del veneno, sino solamente la destrucción que había dejado a su paso. Tres años después, el ex-agente doble ruso Sergei Skripal y su hija sufrieron un colapso similar en un parque en Salisbury, Reino Unido, pero en este caso la hospitalización y los análisis fueron muy rápidos, lo que permitió determinar que ambos habían sido envenenados con un arma química extremadamente peligrosa, un organofosfato llamado Novitschok. También la investigación sobre la autoría contó con más recursos desde el primer momento y condijo a dos agentes del servicio de inteligencia militar ruso GRU, cuyos rastros después de Salisbury pudieron rastrear casi por completo.

Siguiendo esa pista, la Fiscalía búlgara se centró en los mismos sospechosos y dio con un vídeo de una cámara de seguridad, fechado el 28 de abril de 2015, el mismo día del envenenamiento de Gebrev, en el que se ve a un hombre que oculta su rostro bajo el ala de un sombrero, que porta una pequeña caja o sobre y que merodea por el estacionamiento subterráneo donde estaba aparcado el auto de Gebrev. La persona camina entre los coches y después se retira caminando. Se trataba del agente de inteligencia ruso Sergey Fedotov, el mismo que participó en el atentado contra Serguei Skripal en el Reino Unido en 2018. A partir de ahí fue fácil atar cabos: Gebrew había vendido armas tanto a Georgia como a Ucrania y la inteligencia rusa quiso hacerle pagar por ello. Y a partir de ese mismo dato será posible ahora atar cabos también en el caso Navalni.

Sergei Skripal y su hija YuliaUn equipo de periodistas de Bellingcat y Der Spiegel ha revelado conexiones adicionales entre los dos intentos de asesinato y ha hallado indicios de la participación de un total de ocho agentes del GRU involucrados en la operación. Los fiscales búlgaros solo presentaron cargos contra tres de estos funcionarios del GRU a principios de este año. Fueron acusados de intentar asesinar a Gebrew «deliberadamente con una sustancia organofosfática» que «amenazó la vida de muchos».

El hecho de que los médicos alemanes de la Charité de Berlín se hayan puesto en contacto ahora con sus colegas búlgaros está justificado por esta conexión. Consideran posible que se hayan utilizado sustancias iguales o muy similares y desean contrastar opiniones sobre el tratamiento a seguir. Skripal y su hija sobrevivieron al intento de asesinato. El búlgaro Gebrew fue dado de alta del hospital aproximadamente un mes después de haber sido envenenado, aunque apenas un mes después tuvo que ser hospitalizado nuevamente con síntomas de intoxicación, fruto de un segundo ataque. Los responsables de la evolución de Navalni, que de momento siguen un tratamiento con el antídoto atropina, buscan ese mismo pronóstico para su paciente.

Administración del veneno
Según la primera declaración de Charité, Navalni estuvo expuesto a un principio activo del grupo de los i
nhibidores de la colinesterasa, que incluye organofosfatos. Entre ellos hay insecticidas como el E605, pero también toxinas nerviosas como el sarín y el aún más potente Novitschok, desarrollado en laboratorios rusos. El tratamiento clásico es, efectivamente, la administración de atropina, como ha prescrito la Charité.

Dichas sustancias no solo pueden administrarse en líquidos, sino también por inhalación o contacto con la piel. Además, como muestran los ejemplos de Gran Bretaña y Bulgaria, aparentemente son difíciles de dosificar; en ambos casos, los familiares se vieron afectados. Cuando Skripal fue atacado, la manija de la puerta se había preparado con Novichok. En Inglaterra, una persona completamente ajena murió más tarde. Su pareja había encontrado una botella en la que se sospechó que se había transportado el veneno. El hombre enfermó y la mujer no sobrevivió al contacto con la neurotoxina.

Los agentes de guerra basados en organofosfatos (ésteres de ácido fosfórico) fueron originalmente una invención alemana. Los intentos de desarrollar insecticidas particularmente efectivos dieron como resultado las toxinas nerviosas Tabun (1936) y Sarin (1939). A partir de la década de 1970, el ejército soviético desarrolló agentes nerviosos cada vez más poderosos sobre la base de organofosforados en un programa secreto. La existencia del llamado Novitschok, un cóctel de neurotoxinas extremadamente fuertes, se hizo público a principios de los 90 gracias a un científico que había participado en su desarrollo.
Ir al artículo fuente

¿Cuál es tu reacción?

Emocionado
0
Feliz
0
Enamorado
0
No estoy seguro
0
Gracioso
0

Los comentarios están cerrados.