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La redención de Melania Trump

La primera dama Melania Trump tuvo anoche una nueva oportunidad para redimirse en la Convención Nacional Republicana que, por segunda vez, ha nominado a su esposo como candidato a presidente. Hace cuatro años su discurso quedó completamente opacado al conocerse que una parte del mismo había sido plagiado del que diese Michelle Obama ocho años antes en Denver.

Esta vez no cometió ese error. Es más, la eslovena que explota más su imagen que sus palabras se ganó la aprobación general con algo tan simple como expresar sus condolencias a todos lo que han perdido algún ser querido víctima de la covid-19. Ningún otro miembro prominente de la Casa Blanca lo había hecho, tal vez porque en casa del ahorcado no se menciona la soga. Son ya casi 180.000 muertos que muchos cuelgan a Donald Trump por haber ignorado el virus hasta que se había esparcido por todo el país.

Frente a la reticencia de Trump por usar mascarilla, que consideraba una declaración en su contra, su esposa la vestía públicamente y la recomendaba en Twitter, en otro más de los cismas que refleja el matrimonio. Anoche el discurso de la primera dama no había sido revisado por nadie en el Ala Oeste, aseguró su personal, aunque en realidad el equipo de Gobierno no debería participar en las actividades electorales del presidente y su esposa. Ese fue el gran escándalo de la noche.

Trump ha dejado claro que no tiene escrúpulos al usar todo el poder de su cargo para favorecer su reelección. Ayer utilizó el juramento de nacionalización de cinco inmigrantes como atrezo de propaganda en la segunda noche de la convención en la que ha decidido aparecer diariamente de una forma o de otra. Para colmo, su esposa habló desde el Jardín Rosado, con el equipo de Gobierno cómo público, convirtiéndose en la única ponente que ha contado con aplausos.

La primera dama optó por un tono conciliador que se distinguía de la crispación exhibida por el resto de los ponentes, en particular los hijos de Trump y sus consortes. Si la novia de Donald Trump Jr. se convirtió la víspera en el hazmerreír de las redes por el airado tono con el que predecía la hecatombe socialista, ayer Eric Trump mostraba el resentimiento de haber sido «ignorados al principio y burlados después» hasta que ganaron la noche electoral. El hijo menor del presidente acusó a «los demócratas radicales» de intentar borrar la historia y olvidarse del pasado al querer destruir los monumentos de los héroes confederados o con pasado racista, y a los medios de comunicación de mofarse de los «patriotas» de los estados del sur.

Por el contrario, Melania Trump se hizo eco «del debate sobre temas raciales» sin tomar posición y pidió al país unirse para trabajar juntos en «un mañana mejor». Era el discurso más conciliador de toda la convención, a pesar de que ella misma se comparó con los que dieran los demócratas la semana pasada para lanzarles un gancho al decir que había elegido no atacar al otro lado «como hicieran ellos, porque eso sólo sirve para dividir más al país». Con todo, cumplió con su papel de defender a su marido, del que dijo no cejará hasta conseguir una vacuna que proteja a todos los estadounidenses.

Como esposa abnegada transformó los errores de su marido en virtudes y calificó su desparpajo de «total honestidad», lo que permite que todos sepan lo que siente «te guste o no». Eso es lo que lo hace «auténtico», alguien que no pierde el tiempo «jugando a hacer política». Trump la escuchaba sentado en primera fila con una sonrisa de oreja a oreja, sabiendo que hacía un buen trabajo para las cámaras.

Hasta ese Jardín Rosado que Melania ha transformado en los últimos meses para la ocasión, llegó también la videoconferencia del secretario de Estado Mike Pompeo desde Jerusalén, quizás el momento más buscado de esta primera mitad de la Convención Nacional Republicana. Y no tanto porque los méritos que destacó del presidente en cuanto a política exterior sean del todo cuestionables, sino porque era la primera vez en 75 años que el jefe de la diplomacia estadounidense se lucra en política de su partido. Pompeo comenzó recordando su papel de marido y padre para que quedase claro que lo hacía de forma privada, pero precisamente en las últimas semanas ha amonestado al cuerpo diplomático recordándole que no pueden involucrarse en política ni siquiera en su tiempo libre.

No le importó, como tampoco le importará al presidente utilizar ese escenario mañana para su gran discurso de aceptación. Trump va a por todas y no piensa mudarse de la mansión presidencial en noviembre. «Hace cuatro años llegamos a las urnas completamente subestimados», recordó Melania, que según diversas fuentes lloró la noche electoral al saber que su marido había ganado. Esta vez está convencida de que ganará y de que tendrá «el honor de servir a este increíble país cuatro años más».

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