Las fuertes lluvias ponen a prueba las Tres Gargantas

A grandes males, grandes remedios. No es un refrán chino, pero debería serlo. Porque en ningún lugar se plantean retos del tamaño de los que el gigante afronta con soluciones proporcionalmente megalómanas. Y la presa de las Tres Gargantas es uno de los mejores ejemplos de ello.

El mayor proyecto hidrológico del mundo es una maravilla de la ingeniería que costó 22.000 millones de euros, tardó casi dos décadas en ser completado, sumergió 300 pueblos y desplazó a casi millón y medio de personas. El Gobierno consideró que la presa era necesaria porque es capaz de embalsar hasta 39,3 kilómetros cúbicos de agua del río Yangtsé y de producir un máximo de 22.500 gigavatios de electricidad, en torno al 9% de la necesidad energética total de China. Supone también una barrera eficaz para evitar grandes daños en caso de inundación, pero todo tiene un límite. Y las fuertes lluvias que están cayendo desde hace meses en el centro del país lo están poniendo a prueba.

Estos días, las autoridades han reconocido que el embalse de 1.045 kilómetros cuadrados está recibiendo 75 millones de litros de agua por segundo, un caudal récord que ha obligado a abrir once compuertas para aliviar la presión sobre la presa y evitar que se llegue al máximo para el que fue diseñada. Nunca antes se llevó a cabo una descarga tan grande, pero esos 49,2 millones de litros que salen despedidos no impiden que el nivel del agua continúe aumentando. Ya está a diez metros de la cota máxima –175 metros de una altura total de 185–, razón por la que hace ya semanas que las redes sociales se han llenado de rumores sobre el peligro que una rotura en el dique puede representar para las poblaciones río abajo.

No obstante, el Gobierno asegura que la integridad estructural no está en peligro y que la situación se halla bajo control porque el embalse está diseñado para soportar un caudal de hasta 100 millones de litros por segundo. «El estándar de construcción de la presa es alto y puede resistir este tipo de grandes inundaciones», ha afirmado en un comunicado el Ministerio de Recursos Hídricos.

Visita del presidente

La corporación que gestiona el pantano ha añadido que está trabajando de forma conjunta con otras infraestructuras similares río arriba para controlar el caudal, y Gao Jianguo, experto del Comité Nacional para la Prevención de Desastres, ha manifestado al diario ‘Global Times’ que solo hay peligro si la situación se mantiene durante mucho tiempo, algo que los meteorólogos descartan. En dos o tres días, lo peor habrá pasado, pronostican.

Pero la gravedad del asunto ha quedado patente con los viajes que han realizado los principales mandatarios chinos. El propio presidente, Xi Jinping, ha visitado esta semana la provincia de Anhui para supervisar los trabajos de limpieza y acondicionamiento de las zonas afectadas. «Siempre me ha preocupado la gente que vive en zonas que sufren inundaciones. Pero el pueblo chino ha combatido estos desastres naturales desde hace miles de años y lo seguirá haciendo», ha declarado.

Por su parte, el primer ministro, Li Keqiang, llegó el jueves a Chongqing, otra de las localidades afectadas, y ha exigido a las autoridades locales que hagan todo lo que esté en su mano para proteger a la población. Cerca de allí, la mayor escultura de Buda del mundo, en Leshan, también se ha visto afectada porque el agua ha llegado hasta sus pies por primera vez en 70 años.

En esta situación, diferentes localidades, tanto río arriba como río abajo, han vuelto a evacuar a más de 170.000 personas para evitar que se repita una tragedia como la de 1998, cuando las fuertes lluvias dejaron más de 3.000 muertos. China ha desplegado también 1,2 millones de efectivos de la Policía y del Ejército en 17 provincias y ha reforzado 900 kilómetros de la orilla de ríos que amenazan con desbordarse.

En algunos puntos el agua ya ha sobrepasado con creces los límites de seguridad. En el puerto de Cuntan, por ejemplo, se ha superado en ocho metros. Sin duda, los próximos días serán cruciales. De que pare de llover no solo dependen vidas humanas, también la economía, que ya ha sufrido un golpe sin precedentes con la pandemia del coronavirus.

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