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Los demócratas de EE UU buscan la unidad del partido en sanidad

Casi no se dice, pero la Convención Nacional Demócrata que se estrenó anoche en las pantallas de millones de hogares se celebra también en Milwaukee (Wisconsin). Mientras Michelle Obama y Alexandra Ocasio-Cortez desfilan glamurosamente ante los micrófonos virtuales, los asuntos más importantes pero menos televisivos siguen desarrollándose en la sede terrenal de esta convención, la menos convencional de todos los tiempos. Y allí la unidad que presentan los demócratas ante las cámaras no es tal.

El senador Bernie Sander aprovechó anoche sus 15 minutos de gloria en la primera jornada inaugural de la gran fiesta del Partido Demócrata para recordar al aparato cuáles son los temas que le convirtieron en el candidato más votado de Iowa y New Hampshire, muy por encima del exvicepresidente Joe Biden, que a pesar de quedar cuarto y quinto respectivamente ha sido el elegido para enfrentarse a Trump el 3 de noviembre. Es la propuesta de extender el sistema de sanidad para jubilados llamado Medicare a toda la población lo que divide al partido y hace que importantes legisladores progresistas estén votando en contra de la plataforma de Biden.

Orgullosa de esa decisión, la congresista de Detroit (Michigan) Rashida Tlaib –primera mujer de origen palestino elegida para el Congreso– colgó en Twitter su papeleta votando ‘no’ para hacerse eco de las demandas de sus constituyentes, que quieren alejarse de «este sistema de salud mercantilista que constantemente deja a la gente que sufra y muera sólo porque no se pueden permitir atención médica». Por eso, porque la plataforma de Biden incluye un plan de salud al estilo Obamacare que no satisface las necesidades de muchos, Tlaib no votará a favor de nominarle como candidato, sino que marcará la casilla de Sanders, el otro único aspirante que ha cumplido los requisitos para estar en esta papeleta en la que solo votan los delegados elegidos en las primarias y los «superdelegados» del partido. Sanders se retiró en abril y apoya al exvicepresidente Biden, como hizo con Hillary Clinton en 2016, porque no quiere que la presidencia de Trump recaiga sobre su conciencia.

Una promesa bajo mínimos

Lo mismo ha explicado en un artículo editorial el congresista californiano Ro Khanna. Pese a la certeza de que hará campaña por los nominados demócratas a pesar de todo, anunció que no puede apoyar un programa que «carece de un claro apoyo al sistema de Medicare para todos».

«Harry Truman se presentó en 1948 proponiendo la Sanidad universal y eso fue parte de la plataforma del partido hasta 1980», explicó. Pero la plataforma de 2016 meramente hablaba de la posibilidad de bajar la edad para recibir Medicare a los 55 años y la plataforma de 2020 sólo lo propone a los 60. «Eso no es avanzar, no puedo votar por una plataforma que dice que la atención sanitaria es un derecho humano, pero no lucha por él».

Esas son las voces que al final se cuadrarán para favorecer la victoria de la pareja demócrata, a sabiendas de cuánto hay un juego. Pero están también los electores como Yolanda Serrano, una contable de Brooklyn que se niega el redondo a votar por «el menor de los dos males», explica. «Los demócratas siempre nos hacen lo mismo, nos ponen contra la pared y nos obligan a votar por ellos con el argumento de que es ‘o yo o el diablo’, Ya estoy cansada. Que se ganen nuestro voto. A Biden lo eligió el aparato del partido, yo no tengo por qué votar por él».

Es ese sentimiento el que realmente costó las elecciones a Hillary Clinton en 2016 y el que algunos temen que pueda volver a costárselas a Joe Biden, porque tiene la misma actitud arriesgada y arrogante sobre las bases progresistas, más orientado a ganarse el voto de los republicanos moderados que el de los progresistas de su propio partido.

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