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Los muros de Trump en la política migratoria de EEUU

En 35 años trabajando como abogada de inmigrantes en Arizona, los últimos 16 como defensora pública en el fronterizo condado de Pima y desde hace tiempo también como asesora legal en el grupo Mantenga Tucson Unido, Margo Cowan no ha visto “nunca una época tan cruel como esta”. Es, en sus palabras, “la inhumanidad“.

El pliego de cargos contra los cuatro primeros años de mandato de Donald Trump que Cowan enumeraba hace unos días sentada en una sala de conferencias de la Oficina de Defensor Público es extenso e incluye los mismos elementos que han horrorizado e indignado a abogados y organizaciones de derechos humanos y a muchos estadounidenses: la separación en la frontera de 5.500 niños de sus familias (en 545 de cuyos casos aún no se ha localizado a los progenitores deportados), tortuosas condiciones de detención empeoradas durante la pandemia, la militarización de la frontera, los asaltos a la ley de Barack Obama que alejaba la amenaza de deportación para los llamados “dreamers” que llegaron al país como niños sin papeles, la desarticulación del proceso de asilo y refugio…

“Agenda racista”

Todo es parte de lo que Cowan, y no está sola, identifica como una “agenda racista” en materia de migración que se dicta desde la Casa Blanca. En su diseño ha sido fundamental el papel del asesor de Trump de Stephen Miller, señalado por grupos como el observatorio Southern Poverty Law Center por su probada afinidad con el supremacismo blanco. Y en su diana están todos los inmigrantes: con y sin papeles.

Trump ha dejado en esta campaña la inmigración en un plano mucho más secundario de lo que hizo en el 2015 y el 2016, cuando la construcción del muro en la frontera con México fue uno de sus ejes. Tiene que ver que algunas de las políticas que ha aplicado le hayan restado apoyo entre cristianos moderados y, especialmente, entre mujeres conservadoras de alto nivel educativo y de zonas metropolitanas. También que haya 23 millones de inmigrantes con derecho a voto en estos comicios. Y para alguien que ha levantado un muro físico pero también uno invisible contra la inmigración legal (que se ha reducido prácticamente a la mitad en estos cuatro años) es difícil vender al electorado este programa.

El argumento público es que se busca establecer un sistema migratorio basado exclusivamente en la meritocracia, pero tras acciones recientes como limitar el tiempo de visados para estudiantes o académicos en intercambio, así como a periodistas, está un endurecimiento radical de sus políticas. Y si Trump logra un segundo mandato, esa radicalización sería aún más intensa.

Miller pretende acabar con la ciudadanía automática que ahora obtienen todos los nacidos en EEUU, hacer más exigentes los exámenes para lograr la ciudadanía, acabar con el Estatus de Protección Temporal que ya ha reducido la Administración republicana y eliminar completamente la admisión de refugiados, ya rebajada a niveles mínimos históricos, con un límite marcado para el 2021 en 15.000 personas. “Bajo este presidente todo es posible, no se respetan las leyes“, advertía Cowan ya antes de que se filtraran las noticias sobre el plan.

Las promesas de Biden

Las radicales políticas migratorias que emanan del 1600 de la Avenida Pensilvania abren una vía a Joe Biden para ganar votos, y no solo de aquellos tocados directa o indirectamente por esas políticas. Y aunque el demócrata enfrenta retos, especialmente dado el número récord de deportaciones que se realizaron bajo el mandato de Barack Obama o el fracaso de esa Administración en lograr la prometida reforma migratoria, está planteando un discurso de contrición y enmienda.

Cometimos un error” decía en su último debate con Trump el que fue vicepresidente de Obama, que en un paso inusual pareció responsabilizar al presidente demócrata del fracaso en la consecución de una reforma migratoria. “Seré presidente, no vicepresidente”, dijo en aquel cara a cara.

Biden, al que le acompaña en el ticket Kamala Harris, hija de inmigrantes de India y Jamaica, ha prometido que si gana enviará en sus primeros 100 días al Congreso una propuesta que ponga en el camino de la ciudadanía a los 11 millones de personas que se calcula viven sin documentos en EEUU. También, que asegurará esa vía inmediatamente para los “dreamers“. En su agenda, asimismo, aparece volver a elevar la acogida hasta los 125.000 refugiados y, sobre todo, devolver parámetros humanitarios básicos a la política migratoria. “Podemos asegurar las fronteras sin tratar a los inmigrantes como menos que seres humanos“, ha declarado.

Cowan mira por eso con esperanza estas elecciones, y por algo más. “Nunca he visto tanto entusiasmo en la comunidad por echar a un presidente como veo frente a Trump”, contaba la abogada. Y aunque en su descripción de estos cuatro años aparecían palabras como “tortura” y descripciones de los horrores y el miedo que se han conseguido imponer, para el futuro ella optaba por el optimismo. “Todo funciona como un péndulo“, recordaba, “nunca nada se queda parado”.

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