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«Los narcos son poderosos y si te quieren matar, lo harán te cuides o no»

La captura de uno de los capos de la droga más poderosos de todos los tiempos no significó ni de lejos una disminución del narcotráfico y de la violencia en México. Al contrario, a partir del arresto de ‘El Chapo’ Guzmán, en 2016, otros jefes le han reemplazado y se han dividido un negocio que no para de crecer, como el miedo que acecha a la población.

Hay varios cárteles, se calcula que unos diez de renombre, pero los dos más importantes, con presencia a nivel nacional, son el de Sinaloa -cuyo líder principal era ‘El Chapo’- y el Cártel Jalisco Nueva Generación, que hace poco publicó un vídeo que se hizo viral, en el que decenas de sicarios presumían portando armas de alto calibre a bordo de vehículos blindados. Le rendían homenaje a su jefe: Nemesio Oseguera Cervantes, alias ‘El Mencho’, el narco con mayor renombre del momento.

Desde que Guzmán fue extraditado a Estados Unidos, el Cártel de Sinaloa, que lleva en ese mercado ilícito 50 años, ya no tiene a un sólo jefe relevante. En realidad, lo dirigen varias familias, empezando por la de Rafael Caro Quintero, quien estuvo preso casi tres décadas y aún así nunca dejó supuestamente de operar con la droga.

LA CLAVE:

Intimidación.
Veracruz o Tamaulipas se han convertido en ‘zonas de silencio’, donde las bandas controlan la información

Luego, por supuesto, está la familia Guzmán: los hijos de ‘El Chapo’ se quedaron con las redes criminales de su padre y siguen sus pasos. También está la familia Zambada. Su cabecilla es Ismael, el padre del clan, quien lleva 50 años traficando y nunca ha sido encarcelado. Se le conoce como ‘El gran padrino’.

Así lo cuenta a este diario Ismael Bojórquez, director del periódico ‘Riodoce y reportero reconocido a nivel internacional’, aunque es completamente extraño encontrar a alguien que hable sin tapujos sobre el narcotráfico en México por el peligro que conlleva. O peor aún, dejar que su nombre sea citado. Porque, como él mismo admite, «el poder de los narcos es inmenso».

Los clanes pueden matar o atemorizar a quien sea, cuando quieran. Incluso al personal del Gobierno. Sólo hay que echar un vistazo al 17 de octubre de 2019, cuando intentaron capturar al hijo de ‘El Chapo’ y no lo lograron. Los policías y militares que le habían apresado debieron soltarle ante la lluvia de balas y explosiones ocasionada por el cártel en lo que se llamó la «batalla de Culiacán». «Los narcos hincaron a la sociedad civil, hincaron al Gobierno, hincaron al Ejército. Son cientos y cientos de sicarios. Tienen mucho poder y muchas armas», dice el periodista.

OTRAS OPINIONES:

Andrés Manuel López Obrador – Presidente de México.
«No vamos a dejarnos intimidar ni a negociar». El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, asegura que su Gobierno no se dejará «intimidar» por los cárteles, pero rechaza abrir una guerra, convencido de que la lucha contra la violencia se «ganará con inteligencia».
Alfonso Durazo – Secretario de Seguridad.
«Ningún grupo criminal puede contra el Gobierno». El secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, tampoco es partidario de una guerra con los narcos tras las experiencias previas que terminaron con un saldo elevado de víctimas. Pero advierte: «Ningún grupo criminal puede contra el Estado».
Juan Carlos Montero – Especialista en seguridad.
«Ya no se continúa llenando el vaso, pero sigue lleno». «Ya no se sigue llenando el vaso, pero éste sigue lleno», opina el investigador del Tecnológico de Monterrey Juan Carlos Montero. La situación de violencia en México se asemeja a una «meseta» donde «no hemos logrado revertir el problema».

Él vive precisamente en Culiacán, la capital del Estado de Sinaloa, al occidente del país, una de las regiones más violentas. Ahora mismo hay una disputa entre los Zambada y los hijos de ‘El Chapo’ por una zona del norte de Culiacán. Lo que indica que entre los cabecillas de un mismo cártel hay enfrentamientos. Como las peleas de familiares ambiciosos por una herencia.

Eso mismo sucede en Guanajuato, la ciudad que últimamente aparece en los titulares de todos los diarios por la violencia en la que está sumergida. Allí se libra una batalla sangrienta -que deja ya más 1.900 muertos desde 2019- por el liderazgo, disputado entre el Cártel Jalisco Nueva Generación y el de Santa Rosa de Lima, cuyo líder, José Antonio Yépes, ‘El Marro’, fue arrestado a principios de este mes.

Pero, según explica Bojórquez, a diferencia de lo que muchos creen, las peleas de los narcos no se dan por la exportación de la cocaína, sino que se derivan por el control el mercado interno, el «narcomenudeo». Y en Guanajuato la batalla se libra por el comercio ilegal de combustible o ‘guachicoleo’.

Un peligro constante

En esas luchas nadie se salva. Un colega de Bojórquez fue asesinado hace apenas tres años. Él mismo está en peligro, pero aún así continúa trabajando sin protección especial. El Gobierno federal le ha ofrecido escolta y «nunca he querido porque si los narcos quieren matarte lo van a hacer de todos modos. Te cuides o no. Son muy poderosos». Desde el año 2000 han asesinado a 166 periodistas. Eso y las constantes amenazas han silenciado a gran parte del gremio. Muchos reporteros han creado mecanismos de autoprotección.

Los cárteles han impuesto su ley en varios territorios, al punto de que se han convertido en las llamadas ‘zonas de silencio’, «como Veracruz o Tamaulipas, donde no se publica absolutamente nada» relacionado con estos grupos. Ellos imponen la línea editorial de los medios. «Ni siquiera se ha publicado sobre un muerto que apareció en la carretera porque no quieren. Y si algo se publica tiene que ser con la información y titulares que autoricen», lamenta Bojórquez.

Quizá por eso, las organizaciones civiles han saludado con emoción la sentencia hecha pública este domingo por la Fiscalía contra Juan Carlos N., ‘El Larry’, un pistolero condenado a 50 años de cárcel por el asesinato de la periodista Miroslava Breach en 2017 en Chihuahua. «Representa un precedente importante en el combate a la impunidad de crímenes contra periodistas en el país más violento contra la prensa», señaló la ONG Propuesta Cívica respecto a la condena, la más alta impuesta por este tipo de delitos, según admitió el fiscal. Breach, de 54 años, recibió durante meses amenazas por informar sobre el narcotráfico. Ocho disparos acabaron con su vida cuando salía de casa.

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