Política

Los primeros testigos ponen en aprietos la condena por los asesinatos que piden las acusaciones

Los primeros testigos, el que era jefe de Antiterrorismo de los Mossos d’Esquadra en 2017 y su superior jerárquico, han coincidido en sus declaraciones ante el tribunal de la Audiencia Nacional que juzga desde este martes los atentados del 17 y 18 de agosto en Barcelona y Cambrils en explicar cómo se improvisan los atropellos, una vez que los terroristas más implicados en la célula conocen la explosión de Alcanar y pierden su plan original de atentar con explosivos en el Camp Nou o la Sagrada Familia. Aunque queda mucho juicio, eso pone en serios aprietos la pretensión de las acusaciones populares y particulares de lograr una condena por los asesinatos de dos de los tres presuntos terroristas que se sientan en el banquillo.

A preguntas del teniente fiscal de la Audiencia Nacional, Miguel Ángel Carballo, el que fue secretario del primer atestado policial recordó cómo Younes Abouyaaqoub se entera junto a Mohamed Himachy de la explosión de Alcanar y da la vuelta al vehículo y se dirige a La Rambla a atropellar a todas las personas que pueda; a los demás les pide que salgan a la autopista. Himachy, en cambio, se dirige a la casa y sufre un accidente, del que huye a pie, y le recogen sus compañeros en el audi A3 en el que cometen el atropello de Cambrils. 

Eso cuadra con la improvisación por la que la fiscalía no acusa ni al superviviente de Alcanar, Mohamed Houli Chemial, ni a Driss Oukabir, que alquiló la furgoneta del atropello de La Rambla, por los asesinatos y los heridos. Pide 41 años para el primero y 36 para el segundo por los delitos de integración en organización terrorista, fabricación y tenencia de explosivos y estragos en grado de tentativa. En cambio las acusaciones populares que ejercen la Asociación de Víctimas de Terroristas (AVT) y 11-M Afectados por el Terrorismo piden 15 prisiones permanentes revisables y 15 años de prisión por cada uno de los 150 heridos que se produjeron en los atropellos. 

El testigo recordó que Houli Chemial, que compró dos de los teléfonos “conspirativos” (en localidades distintas a las suyas y con identidad falsa) para cometer los atentados, declaró que los planes de la célula terrorista eran atentar con los explosivos y las bombonas de butano que preparaban y guardaban en Alcanar “nada de atropellos” o de “acuchillar” personas, como terminaron haciendo en Cambrils para “emular” a Abouyaaqoub. Este extremo también lo corroboró el agente que le tomó declaración, aunque sí respondió a la pregunta de quién participó en la elaboración de explosivos. No situó entre ellos al acusado Driss Oukabir, ni siquiera entre los miembros del grupo. 

Poca colaboración

Las declaraciones de los primeros testigos fueron muy tensas, debido a las continuas interrupciones del presidente del tribunal, Alfonso Guevara, a las preguntas de los letrados de las acusaciones y las defensas para tratar de diferenciar entre la comparecencia de los mossos como testigos y como peritos, motivo por el que comparecerán de nuevo ante el tribunal, pero también versaron sobre cómo podían o no hacer sus preguntas los letrados.

Uno de los momentos en el que Guevara ha mostrado su carácter, se ha producido con la defensa de Houli Chemial, María Carmen González, que trataba de acreditar sin demasiado éxito la colaboración que ofreció el superviviente de Alcanar con la investigación, en busca de que se le aplique algún atenuante en la futura sentencia.

Ambos responsables policiales señalaron con unas y otras palabras que “arrojó poca luz” tanto como testigo, cuando se pensó que la explosión podía estar relacionada con drogas, como en condición de imputado, tras encontrarse su pasaporte en la furgoneta del atropello de La Rambla.

Guevara acabó perdiendo la paciencia, para lo que no suele necesitar mucho tiempo; en este juicio, además, está dejando claro que no tolerará ninguna pérdida de tiempo. “Ya sabemos que colaboró“, zanjó, para reprocharle que llevara “una hora” preguntando sobre ello, cuando la investigación, como todas, avanza “paulatinamente”, al descubrirse “un nie, un pasaporte, un contrato de alquiler… La policía no es tonta y va atando cabos“, sentenció.

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