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Los republicanos defienden la ley y el orden en medio de los disturbios

La tercera fue la noche más aburrida de toda la convención republicana. Con Mike Pence como ponente estrella de una jornada que tenía entre sus nombres más conocidos a la nuera del presidente Lara Trump, la asesora de comunicación Kellyanne Conway y la senadora de Iowa Joni Ernst, el ‘show’ político no podía competir con el glamour de Melania Trump la noche antes o el de Ivanka Trump hoy, que pasará el micrófono a su padre para que ponga la última palabra a la gran convención del partido conservador.

Esta era la noche de los héroes, esa en la que Michael McHale, presidente de la Asociación Nacional de Organizaciones de Policía, mostraba su apoyo «al presidente de la ley y el orden» que aboga por dar rienda suelta a los agentes para que utilicen mano dura. Era una elección incómoda para los que se han sobrecogido con el vídeo en el que un policía descarga por la espalda siete disparos seguidos a un joven de 29 años que se metía en su coche con tres niños pequeños, apenas dos minutos después de que los agentes llegaran a la escena.

McHale, como haría Pence después, culpó a las autoridades locales de los incidentes en los que la noche antes un adolescente blanco de 17 años disparó con un rifle semiautomático sobre la manifestación de Black Lives Matter, dejando al menos dos muertos y un herido. «¿A alguien le sorprende que viendo cómo las autoridades no hacían nada un chico con un arma sintiera la necesidad de defender las calles?», le defendió en Fox News el presentador Tucker Carlson.

Pence no llegó tan lejos, pero avisó a sus bases y a los moderados que pudieran estar viéndole que «la violencia tiene que acabar», dijo como si fuera un ultimátum. Y a sus correligionarios más abnegados les advirtió de que «la dura realidad es que no estaréis seguros si Joe Biden sale elegido presidente» en noviembre. Como los demócratas, el segundo de a bordo cree que estas elecciones son cruciales para decidir el rumbo del país, solo que el leal escudero de Trump cree que «nadie ha hecho más que Donald Trump para restablecer el orden», no solo en EE UU sino en el mundo. Pence le da crédito por haber acabado con el Estado Islámico y trabado la paz en Oriente Medio con un «acuerdo histórico», aunque nada esté más lejos de la realidad. Biden «pondrá a EE UU por la senda del socialismo y el declive», vaticinó, en lugar de continuar por la de los éxitos de Trump.

Puestos a calumniar, incluso acusó al exvicepresidente de Obama de ser «un católico de nombre» que apoya el aborto tardío, aunque Biden nunca se haya pronunciado al respecto. Como la defensa del aborto tiene un coto de apoyo limitado a los más religiosos, Pence pidió a todos los votantes que tomen la decisión basándose en quién será mejor para cada uno económicamente, seguro de que en ese terreno gana su jefe. La exuberancia de la Bolsa pese al retroceso económico de la pandemia y la predecible inflación ayudan a mantener esa imagen, pese a que solo la mitad de los estadounidenses tienen acciones.

En el último minuto los asesores de Pence decidieron seguir la pauta de la empatía que tan buenos resultados había dado la noche antes a Melania Trump. Pence la atribuyó al presidente que promete una vacuna contra la Covid-19 antes de final de año y tuvo también unas palabras para reconfortar a los estadounidenses del Golfo de México que se preparaban anoche para otra tormenta histórica, Laura.

El vicepresidente aceptó esta segunda nominación para servir en el gobierno desde el Fuerte McHenry, donde alabó a Trump por haber sacado brillo al ejército con una inversión histórica, que es la parte más fidedigna de su discurso. Trump ha aumentado el presupuesto del Pentágono un 10% e intenta sacar rentabilidad a su inversión enviándolo a las calles de EE UU, donde los alcaldes se resisten a ver al Ejército en sus calles.

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