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Los votantes latinos en EEUU: el gigante que despierta

Durante mucho tiempo los votantes latinos han sido considerados “el gigante dormido” en las elecciones de Estados Unidos dado su bajo nivel de participación, el 49% en 2016. En este 2020 esa sombra sigue sobrevolando a su alrededor, pero cada vez se ve al gigante más despierto. Y gigante es.

De los cerca de 60 millones de latinos que viven en Estados Unidos, 32 millones tienen derecho a votar en las elecciones del 3 de noviembre, casi cuatro millones más que en 2016. Son el 13,3% del electorado, por primera vez la mayor minoría en el censo electoral, por delante de los negros. El 60% de ellos son menores de 33 años. Y su papel se anticipa trascendental como de costumbre en Florida, pero también en Pensilvania, Arizona, Carolina del Norte, Wisconsin e incluso en Tejas, estados muy disputados y determinantes.

Tras la errónea etiqueta monolítica de “voto latino” late un abanico inmenso de orígenes, edades, ideologías, preocupaciones o intereses. Se abren brechas obvias entre un cubano de Hialeah, un puertoriqueño del Bronx o un mexicano de Santa Fe; entre generaciones que emigraron desde sus países o las ya nacidas en EEUU; entre los políticamente más activos y volcados en obtener fuerza, representación y poder para una comunidad tan diversa y los más pasivos. En cualquier caso, para Joe Biden y Donald Trump, la lucha por sus votos se ha hecho vital.

La ventaja de Biden

Según los sondeos es el demócrata quien cuenta con el respaldo mayoritario, 63% frente al 29% de Trump según un sondeo reciente del Centro Pew. Su campaña fue más lenta que la del republicano en organizarse para buscar a los votantes latinos, pero ese retraso se ha suplido con una importante implicación en la movilización de activistas. Y los hispanos registrados para votar, en otro sondeo reciente de Pew, muestran cada vez más confianza en Biden para abordar la pandemia (71%), unir al país (70%) o tomar decisiones económicas (66%).

Uno de sus principales puntos fuertes está justo en mensajes y propuestas que resuenan especialmente en una comunidad que es la que tiene mayor porcentaje de no asegurados y ha sido particularmente golpeada en lo sanitario y lo económico por el coronavirus. Los latinos son el 18% de la población pero han sufrido más del 28% de los casos. El paro entre ellos, que había caído a un mínimo histórico del 3,9%, se disparó y el mes pasado estaba en 10,3%. Y el golpe ha sido brutal en el caso de las mujeres. El mes pasado, por ejemplo, las latinas perdieron sus empleos tres veces más que las mujeres blancas y cuatro más que las negras. Ningún otro grupo, independientemente del género, ha sufrido un colapso igual a nivel laboral.

Los avances de Trump

A la hora de mirar las encuestas, no obstante, no conviene olvidar algo que recuerda en una entrevista telefónica el profesor de Florida International University Eduardo Gamarra: “La única óptica que importa es la estatal”. Y por eso han generado muchos titulares los avances que Trump parece estar logrando, aunque sea en dos o tres puntos sobre porcentajes de 2016.

Es algo que, según Benjamin Francis-Fallon, autor de The rise of the latino vote y profesor de Western Carolina University, no debería sorprender ni destacarse tanto. “Poniendo el foco en Florida y Tejas se crea la narrativa de que Biden no está yendo tan bien, pero cabe recordar que esos dos son lugares conservadores y que los cubanos tienen una preferencia diferente”, añade. 

Florida

Desde que llegó al Despacho Oval, Trump ha hecho la mayor parte de su política exterior hacia Latinoamérica con la vista puesta en Florida y en el voto no solo cubano, sino también de la creciente comunidad venezolana y nicaragüense.  Y ahí ha calado especialmente su mensaje amenazante sobre el supuesto “socialismo” que llevarían a la Casa Blanca Biden y Kamala Harris.

Es un mensaje que tiene interiorizado María Lourdes Naranjo, cubana de 58 años que hace unos días se enfrentaba a gritos con una caravana proBiden que recorrió la Calle Ocho de Miami. “Biden no es socialista pero tiene ideas socialistas y a Kamala Harris le gustan las ideas de Fidel Castro. El Partido Demócrata se ha ido muy a la izquierda y ya no es el de hace 10 años”, decía. “Medicina gratis, -argumentaba- estudios gratis… El todo gratis es marxista y esa película ya la vimos”.

Para Gamarra hay una “gran paradoja o, francamente, estupidez”, en escuchar mensajes como esos en el condado de Miami-Dade. “El votante cubano es el máximo consumidor de servicios sociales”, recuerda el experto, y señala por ejemplo que Hialeah, el epicentro de la comunidad cubana, tiene “el mayor número de gente per capita inscrita en Obamacare. Se están disparando en la sien”.

Florida es para Trump como un tubo de ensayo y desde allí exporta su mensaje. Y con él ha logrado conectar con una parte del voto latino, particularmente entre algunos hombres, centrados en lo financiero. Son gente como Francisco, un emigrante mexicano instalado desde hace años en Tucson (Arizona) que ahora conduce un Uber. Casado y padre de tres hijos, a él no le gusta que Trump separara a niños de sus familias en la frontera. Él, que llegó legalmente desde Mazatlán hace años, piensa que “el muro no va a solucionar nada, porque se gastan millones en construirlo y se salta con una escalera de 50 dólares”. Pero su voto en estas elecciones es indudablemente para el republicano. “El dato duro, la matemática, no miente, y Trump ha sido bueno para nosotros, decía hace un par de semanas. Incluso defendía que haya pagado menos impuestos que él. “No es trampa, es que el sistema es el que es”, añadía.

Desinformación

Lo que Trump y los republicanos están haciendo también es tratar de explotar las tensiones históricas entre parte de la comunidad latina y los negros. Es lo que Francis-Fallon denuncia como “una de sus actualizaciones del manual de Richard Nixon”: el intento de crear una división entre la “buena minoría” que no protesta, y la supuestamente mala. “Están siendo muy explícitos. No se ahorran palabras”, denuncia.

Ese mensaje divisorio no cala en algunas comunidades, como la de origen mexicano (la mayoritaria), que tiene una historia de décadas de colaboración con la negra en lucha por derechos civiles y de los trabajadores. Pero en otras, especialmente las que hunden sus raíces en otros países suramericanos, sí está haciendo mella. “En Florida lo hemos visto”, constata el profesor Gamarra, que añade: “El Partido Republicano aquí ha logrado definir Black Lives Matter como una cosa comunista e influenciada por la magia negra”. Es parte de una campaña de desinformación que está siendo especialmente intensa en el estado y con la comunidad latina. “He visto desinformación, mentiras, pero jamás en esta proporción”, reflexiona. “Somos un país polarizado, somos una comunidad polarizada”, termina.

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