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Lukashenko agita la amenaza de una invasión extranjera

El presidente bielorruso, Alexánder Lukashenko, lleva ya más de una semana agitando el fantasma de una supuesta intervención de la OTAN en su país en ayuda de su adversaria en las pasadas elecciones, Svetlana Tijanóvskaya. Este manoseado recurso de la amenaza externa es al que los déspotas acorralados suelen recurrir con la intención de cerrar filas entre los suyos y conjurar cualquier posible disidencia. Ante un supuesto peligro para la patria, el que disiente es un traidor y merece el mayor castigo.

En este contexto de gesticulación victimista y patriotera, Lukashenko realizó ayer dos simbólicas visitas: una a las maniobras que realiza el Ejército bielorruso en un polígono militar en la parte oeste del país y la otra a la ciudad de Grodno, que se encuentra en el extremo occidental de Bielorrusia, junto a las fronteras de Polonia y Lituania.

Proclamó ante las tropas que la principal misión que deberán cumplir ahora es «defender la integridad territorial de Bielorrusia» y ordenó a la cúpula del Ejército que disponga «medidas enérgicas» para conseguirlo. Según su opinión, la Alianza Atlántica «arrastra hacia aquí a una presidenta alternativa», en alusión a Tijanóvskaya, y subrayó que se está haciendo mediante el empleo de «recursos financieros y militares».

«El apoyo militar es evidente, trasladan las tropas de la OTAN hacia nuestras fronteras», afirmó Lukashenko y subrayó la necesidad de «proteger en primer lugar la zona occidental de Bielorrusia con sede en Grodno». Dijo haber ordenado también que las Fuerzas Armadas «sean puestas en estado de máxima alerta». «Esta es la decisión más importante que hemos adoptado en el último cuarto de siglo», añadió. Él lleva en el poder precisamente 26 años, desde 1994.

Durante la campaña electoral, el máximo dirigente bielorruso miró más hacia Rusia como posible agresor. Ordenó la detención en Minsk de una treintena de mercenarios del grupo ruso Wagner. Los encarceló y acusó de planear actos de sabotaje para desestabilizar el país en la víspera electoral. Al final, los devolvió a Rusia, salvo a uno que no fue extraditado por tener nacionalidad bielorrusa.

Pero ahora, tras los comicios, después de la denuncias de Occidente y la ola de protestas, han cambiado las tornas. Ha llamado varias veces por teléfono a su homólogo ruso, Vladímir Putin, y ahora el enemigo es Occidente. El jefe de la oficina de la Presidencia polaca, Krzysztof Szczerski, puntualizó ayer que «Polonia no reclama territorios bielorrusos y no va a violar su integridad territorial». Según sus palabras, «Polonia es un Estado que defiende constantemente la supremacía del derecho internacional en las relaciones entre países, y la soberanía y la integridad territorial de cualquier país».

Ya en Grodno, en un mitin con sus partidarios, Lukashenko declaró que «hay muchos que desean arrebatarnos territorio, especialmente de la parte oeste del país». Sostuvo haber dado órdenes a las tropas guardafronteras de disparar sin previo aviso a cualquier individuo que intente violar la línea de demarcación desde el lado de Polonia o Lituania.

Al gobernador de la región, Vladímir Kravtsov, le ha destituido por apoyar las protestas de la oposición en demanda de la repetición de elecciones y del cese de la represión. Ante los asistentes, Lukashenko aseguró también, que a partir del lunes, «echaremos el candado a todas las empresas que no funcionen». Dijo que cuando termine la huelga, «cuando se calmen, ya decidiremos quién vuelve a trabajar».

Mientras tanto, ayer en Minsk los manifestantes volvían a salir a la calle. Durante el mitin celebrado en la plaza de la Independencia de la capital bielorrusa, Pável Latushko, unos de los dirigentes opositores, anunció que el Consejo Coordinador, órgano creado por la oposición el pasado martes para tratar de entablar negociaciones con el poder y organizar unas nuevas elecciones, presentará hoy domingo un plan de acción, pero siempre dentro de la legalidad. La Fiscalía General ha abierto una causa penal contra el Consejo Coordinador por ser un órgano «ilegal» y «atentar contra la seguridad nacional».

Bielorrusia amaneció ayer con las páginas web de los principales medios de comunicación digitales bloqueadas. Cuando se intenta acceder a ellas, aparece el mensaje «por decisión del Ministerio de Información de la República de Bielorrusia». La Asociación de Prensa del país ha protestado por el apagón informativo y manifestado en un comunicado que la medida gubernamental pretende «obstaculizar la información sobre las protestas postelectorales en el país y la brutal violencia ejercida contra sus participantes».

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