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Lukashenko desarbola el comité opositor bielorruso con nuevas detenciones

Ayer se cumplió un mes desde que en Bielorrusia estallaron las protestas contra el presidente Alexánder Lukashenko, a quien la oposición acusan de haber manipulado los comicios que supuestamente le dieron la victoria el pasado 9 de agosto con un 80% de los votos. Su adversaria, la candidata de la oposición unificada, Svetlana Tijanóvskaya, según la Comisión Electoral, se quedó en el 10% de los sufragios, resultado que no se cree nadie en el país.

Las movilizaciones continúan, día a día, un mes entero, pero Lukashenko sigue firme en su intención de no ceder. Cuenta con todo el apoyo del presidente ruso, Vladímir Putin, que le ha prometido enviar fuerzas policiales si fuera necesario y con quien ultima un gran plan de integración de ambos países en un «Estado Unitario». Una reunión de los dos dirigentes en Moscú está ya en preparación y tendrá lugar la semana que viene. Aunque la fecha no está todavía confirmada, distintas fuentes señalan el lunes día 14.

En una entrevista concedida a varios medios de comunicación rusos, RIA-Nóvosti entre ellos, Lukashenko declaró el martes que llegó a una conclusión con Putin: «Si Bielorrusia cae, Rusia caerá la siguiente». «Yo no me iré así como así. Dediqué un cuarto de siglo a construir Bielorrusia. No voy a tirar todo por la borda de buenas a primeras. Además, si me voy, masacrarán a mis partidarios», aseguró.

Nuevas detenciones
Admitió, no obstante que «efectivamente, es posible que haya estado en la poltrona de la Presidencia demasiado tiempo (…) pero soy el único capaz de proteger a los bielorrusos y la soberanía de nuestro país». El dictador dejó claro también que no se reunirá con la oposición, patrocinada según él por Estados Unidos, ni negociará nada con ella y que su intención es reformar la actual Constitución para transferir parte de sus poderes al Parlamento. Después, Lukashenko dice no descartar nuevas elecciones.

Pero, de momento, lo que está habiendo es represión violenta de las manifestaciones, seis muertos, centenares de heridos, unos 8.000 detenidos y las deportaciones de las principales figuras de la oposición.

Igual que sucedió el lunes con María Kolésnikova, que forma parte también del presídium, el jurista Maxim Znak, según sus colaboradores,fue secuestrado ayer en Minsk por hombres enmascarados. En circunstancias idénticas se perdió el contacto con Kolésnikova y el martes apareció en la frontera con Ucrania para ser deportada a la fuerza. Al romper su pasaporte para impedirlo, la opositora no fue al final expulsada del país sino arrestada. El martes y ayer miércoles ha habido manifestaciones en Minsk exigiendo la liberación de Kolésnikova y la Policía ha detenido a decenas de personas. Ella llegó a la frontera en un vehículo en compañía de otros dos miembros del Consejo de Coordinación, Antón Rodnenkov e Iván Kravtsov, que sí entraron en Ucrania y están actualmente en Kiev.

La abogada de la activista, Ludmila Kazak, declaró ayer que a Kolésnikova la quieren acusar de «hacer llamamientos públicos para tomar el poder», igual que a Znak. Kazak relató que todavía no ha iniciado acciones procesales a la espera de que se concreten las acusaciones. Pero, si se confirma la imputación por llamamientos a tomar el poder, la pena podría ser de cinco años de prisión.

Amenazas
Kolésnikova es una de las tres mujeres que encabezaron la campaña electoral contra Lukashenko, junto con Tijanóvskaya y Verónica Tsepkalo, ambas también deportadas, a Lituania y Polonia respectivamente. Igualmente fue conminada a abandonar Bielorrusia la semana pasada con destino a Polonia Olga Kovalkova, estrecha colaboradora de Tijanóvskaya y miembro también del presídium.

De este órgano queda solamente en libertad y dentro de Bielorrusia, Svetlana Alexiévich. «No preparamos un golpe de Estado. Nosotros queríamos impedir la fractura del país, queríamos que comenzara un diálogo en la sociedad», manifestó ayer Alexiévich en un mensaje publicado en la página web del Pen-Center bielorruso.

Según sus palabras, «ya no queda nadie de mis amigos y correligionarios del presídium del Consejo de Coordinación. O están en prisión o han sido expulsados de país».

«Primero secuestraron el país, ahora secuestran a los mejores de nosotros. Pero aquellos que los arrebatan de nuestras filas serán sustituidos por centenares más. No hay una rebelión del Consejo Coordinación, se ha rebelado todo el país», afirmó. La escritora ha denunciado que, desde la calle, llaman permanentemente a su interfono para provocarla un estado constante de desasosiego y junto a su domicilio hay siempre algún vehículo policial. Pero ha asegurado que no tiene la menor intención de abandonar Bielorrusia.

Por su parte, Tijanóvskaya dijo ayer que «Lukashenko tiene miedo a negociar y trata de esta manera de paralizar la labor de Consejo de Coordinación y de intimidar a sus miembros». Pero, a su juicio, «no hay alternativa a las negociaciones y tendrá que aceptarlo».
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