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Muere Robert Fisk, los ojos de las guerras que azotan Oriente Próximo

«No quiero morir por una bala pasajera en El Cairo, ni por de un francotirador en Malula, ni por una explosión en Beirut. Quiero tiempo para terminar mi libro sobre la II Guerra Mundial. Mi padre vivió hasta los 90 años y yo quiero vivir mucho más para disfrutar de mi matrimonio y observar las ardillas en mi pequeño jardín de Dublín», confesó Robert Fisk al periodista sirio Ziad Haidar, del diario Al Watan, en uno de sus viajes a Damasco. El mítico corresponsal en Oriente Medio del diario británico The Independent no pudo cumplir ese sueño y falleció en Dublín, alejado de su amada Beirut, a los 74 años a causa de una complicación en la enfermedad que sufría.

«Valiente, intransigente, decidido y absolutamente comprometido con descubrir la verdad a toda costa, Robert Fisk fue el mejor periodista de su generación», escribió su director, Christian Broughton, quien aseguró que «la llama que encendió en The Independent seguirá ardiendo». Una llama que se mantendrá también viva en dos de sus libros que son manuales imprescindibles para entender Oriente Próximo como «Pity The Nation» y «The Great War for Civilisation».

Su trabajo de reportero arrancó en las páginas de Sunday Express y de allí dio el salto al The Times como corresponsal en Irlanda del Norte, Portugal y luego en Beirut, ciudad que se convirtió en su atalaya durante las últimas cuatro décadas. Cubrió la guerra civil libanesa, la invasión soviética de Afganistán, la revolución iraní, la invasión iraquí de Kuwait, la guerra de los Balcanes, las invasiones de Irak y Afganistán, la Primavera Árabe… hasta centrarse en sus últimos años en la guerra de Siria, que estalló en 2011.

El reportero, nacido en Kent, fue uno de los pocos que tuvo la oportunidad de entrevistar a Osama Bin Laden y lo hizo en tres ocasiones (1993, 1997 y 1997). Antes, en 1982 fue el único periodista extranjero en la masacre de Hama, ciudad siria escenario de una operación a gran escala del presidente Hafez Al Assad contra los Hermanos Musulmanes, y uno de los pocos presentes en Sabra y Shatila, campos de refugiados palestinos en Líbano donde milicias cristianas mataron a cientos de personas.

No ha llegado a los noventa, no podrá ver las ardillas en Dublín y disfrutar de la compañía de su esposa, la activista de los derechos humanos y cineasta Nelofer Pazira, pero nos deja ‘This is Not a Movie’, un documental sobre su vida presentado hace unos meses en el que se sincera ante la cámara. Después de toda una vida de guerra en guerra a lo que temía de verdad el reportero británico es a que «lo que escribo no sirva para cambiar las cosas».
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