Preocupación en Japón por la salud del primer ministro Shinzo Abe

Justo el día que cumplía el récord como primer ministro de Japón con más días consecutivos en el cargo, 2.799, Shinzo Abe ha vuelto este lunes al hospital donde la semana pasada estuvo más de siete horas haciéndose pruebas. Aunque sus asistentes han asegurado que solo iba a conocer los resultados y a hacerse alguna prueba adicional, en Japón ha cundido la preocupación por su estado de salud desde que una revista publicara que había vomitado sangre en julio.

Hay motivos para la inquietud porque Abe, de 65 años, ya tuvo que renunciar a su primer mandato en 2007 por una enfermedad intestinal. Cuando solo llevaba un año en el cargo, se vio obligado a dimitir por una colitis ulcerosa que, tras retomar el poder en 2012, parecía haber controlado con un nuevo medicamento. Pero su regreso al Hospital Universitario de Keio, donde ha pasado cuatro horas, despierta nuevos temores sobre su salud, que podría haberse resentido por el estrés del cargo y los escándalos de corrupción y amiguismo que le han salpicado durante los últimos años.

Intentando mostrarse ajeno a estas preocupaciones, Abe ha reafirmado ante los periodistas que le esperaban a las puertas del hospital su determinación de seguir dirigiendo el Gobierno, al tiempo que ha agradecido las muestras de cariño recibidas. «La política no es solo sobre cuántos días está uno en el cargo, sino sobre lo que ha conseguido. Cada día me he dedicado completamente a cumplir las promesas que había hecho a la gente», señaló, según informa la agencia de noticias Kyodo. Curiosamente, el anterior primer ministro que ostentaba este récord de permanencia era un tío suyo: Eisaku Sato.

Superviviente a varias crisis
En el poder desde diciembre de 2012, y reelegido en 2014 y 2017 en sendos comicios adelantados, Abe ha acabado con la tradicional brevedad que sufrían los primeros ministros nipones desde Junichiro Koizumi, quien estuvo en el cargo desde 2001 hasta 2006. Gracias a la debilidad de sus rivales, Abe ha sobrevivido políticamente a la renqueante economía nipona, a varios casos de corrupción y amiguismo y a la pandemia del coronavirus.

A pesar de las críticas internas a la gestión sanitaria de su Gobierno, las cifras de Japón están bien lejos de la catástrofe que ha provocado la enfermedad Covid-19 en Europa y América. Con algo más de 63.000 contagios, el archipiélago nipón ha registrado 1.194 muertes, pero Tokio y otras grandes ciudades no pueden recuperar totalmente la normalidad por los rebrotes que sufren desde hace meses.

Nacido en 1954 en Nagato (prefectura de Yamaguchi) en el seno de una familia con larga tradición política, ya que su padre fue titular de Exteriores y su abuelo primer ministro, Abe es considerado un halcón de la derecha nipona por su afán militarista para reformar la Constitución pacifista del país. Impulsor de la recuperación económica gracias a su programa de estímulos, bautizado “Abenomics”, pretende devolverle a Japón la relevancia internacional perdida por el auge de China. Para ello eran fundamentales los Juegos Olímpicos y Paralímpicos que debían celebrarse en Tokio este verano, aplazados hasta el año que viene por el coronavirus. Dos eventos mundiales que Abe quiere inaugurar siempre y cuando se lo permitan la pandemia y su salud.

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