Política

Presión a Sánchez para que orille a Bildu, frene a Iglesias y retenga a Cs

Parecía difícil, pero ocurrió. La semana en la que el Gobierno podía celebrar su victoria, con holgura, en el primer examen de Presupuestos, ha concluido con una nueva agitación en el PSOE por el apoyo de Bildu. Ruido ambiental potente, —más audible que cuando en mayo se pactó con la formación aberzale la derogación íntegra de la reforma laboral, frenada por la vicepresidenta económica, Nadia Calviño—, que da cuenta del malestar y del desagrado que en parte de las filas socialistas se siente por la compañía de Arnaldo Otegi.

Lo han verbalizado ya varios barones, el último, y de forma contundente, Emiliano García-Page, este viernes en la SER: “Lo de Bildu no tiene un pase“. Pero el desasosiego es compartido por otros altos cargos y por miembros del Gobierno. La dirección ha intentado taponar la grieta, muy ofuscada esta vez por unos comentarios que entiende como “inoportunos“. Sí comparte, y aquí sí hay mayor consenso, la incomodidad por la “exhibición” que Pablo Iglesias hizo del anuncio de Bildu, el pasado miércoles. El hecho de que se apresurase a proclamar a los independentistas vascos como integrantes de la “dirección de Estado” y que empuje y empuje para sacar a Cs de la negociación presupuestaria. 

El giro de guión se produjo con los tuits de Vara, respetado y leal al líder, y siguió con Barbón Page

La suma de todos esos elementos han sido gasolina dentro del PSOE. La cúpula de Pedro Sánchez está habituada a que se desmarquen dos presidentes, el de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y el de Aragón, Javier Lambán. Este último, de hecho, ya había dicho el martes que le resultaba “inquietante” ERC como socio.

El giro de guión se produjo el miércoles, cuando la cúpula se vio sorprendida por los tres tuits que escribió Guillermo Fernández Vara, cuando advirtió de que le resultaba “doloroso” que Bildu pintara, que fuera relevante. El jefe de la Junta de Extremadura es un dirigente reconocido por su lealtad indubitada a Sánchez, con el que se alineó en cuanto pasaron las primarias de 2017. Hasta ahora se había mantenido silente, pero entendió que esta vez tenía que mostrar su desacuerdo. Como explican en su entorno, por los votantes —”ya nos están insultando“— y por el temor a que Podemos desfigure el proyecto socialista. El secretario de Organización y ministro de Transportes, José Luis Ábalos, le pidió en privado que se contuviera con sus declaraciones. 

“Lo de Bildu no tiene un pase”

El apoyo de Bildu, uno de los ejes del debate de totalidad en el Congreso, fue también reprobado, de manera más sutil, por el presidente asturiano, Adrián Barbón, sanchista inequívoco, y dirigente muy cercano a la número dos del PSOE, Adriana Lastra. “No es plato de buen gusto” un acuerdo con los aberzales, dijo el jueves en Onda CeroSusana Díaz, desactivada como rival, sí dejó ver su malestar: su posición es conocida y ella no comparte “nada ni con Bildu ni con Otegi”. El siguiente escalón lo subió Page este viernes en la SER. No solo por advertir de que “lo de Bildu no tiene un pase”. Al barón castellanomanchego también le duele la influencia de los morados

En la cúpula piden que a los críticos que dejen de “importunar” pero admiten que falta “pedagogía”

“Todo esto que está pasando —señaló— no responde a convicciones del PSOE, es comulgar con ruedas de molino a lo que nos obliga Pablo Iglesias“. Lo que le irrita es el “tacticismo permanente“, porque “todo el mundo sabe en España que los Presupuestos son la clave de bóveda de aguantar toda la legislatura”. “Veo con preocupación que Podemos nos marca la agenda y nos arrastra a una esquina del tablero político que está muy fuera del sitio habitual de las grandes mayorías del PSOE”, agregó. “El panorama es desolador”, indican sucintamente en el entorno de Lambán. 

“Es gente que vive permanentemente irritada —replican con enfado en Ferraz—. Aquí los del PSOE defendemos sacar los PGE adelante. Si quieren ayudar, que se pongan a sumar y dejen de importunar, que tenemos mucho trabajo”. Sánchez obvió la polémica durante su visita a Pamplona, en la que fue recibido con abucheos, justo por la aproximación a Otegi. “Entre avanzar o quedarnos como estamos, el Congreso da un paso y decide avanzar. Con ello, España dice adiós por fin al pasado y abre la puerta definitivamente a un futuro de estabilidad y de progreso”. 

En la cúpula se reconoce, no obstante, que pudo haber faltado “pedagogía“, explicar que este episodio iba a llegar y que hay que “normalizar” a Bildu, palabra que empleó Ábalos. Todo habría sido más sencillo, dicen, sin la ostentación de Iglesias. Es como cuando te tapas con una manta, dicen en Ferraz, que “siempre habrá descontentos”. “Pero por eso hay que hacerlo todo muy bien y no dar la sensación de que es Podemos quien nos lleva a este territorio”, remarca un cargo de la sede, quien deplora que la semana haya salido tan “mal”. 

“Los barones han de ser más contenidos, que no tienen elecciones pronto, y la dirección federal ha de tener un poco de aguante y preparar el terreno”, concede un secretario general alineado con Ferraz. “Claro que no gusta“, sentencia un presidente autonómico, “está claro que hay un componente emocional, pero les dijimos que o bombas o votos, y ahora no podemos echarnos atrás”. “Creo que debemos ser más consistentes en nuestra convicciones. Les vencimos y ahora a hacer política. Bildu salió así para joder al PNV. Lo que no se entiende es que Pablo haga el caldo gordo a Otegi cuando les perjudica en Euskadi”, apuntan desde el PSE. Otra presidenta coincide con ese diagnóstico, pero entiende la crispación de algunos barones porque atienden a su propia “realidad” territorial. 

“Entre avanzar o quedarnos como estamos, el Congreso da un paso y decide avanzar. España dice adiós al pasado”

Pedro Sánchez

Presidente del Gobierno

“Tienen razón con su incomodidad —apunta otro barón—, pero todo sería más fácil si el PP fuera más sincero y ayudara”. “Si tan orgullosos están, que salgan y lo defiendan con rotundidad y sin máscaras”, protesta un ministro, muy cabreado con la decisión de incorporar a Bildu y del “cacareo” de Iglesias. Todos coinciden, no obstante, en que lo prioritario es salvar los PGE, porque es la forma de canalizar los fondos europeos, y que tocará sufrir un mes más. “Necesitamos estas cuentas, y no olvidemos que la derecha pretende derribar al Gobierno”, glosa un dirigente andaluz. El malestar no tiene traducción práctica porque en ningún caso se pretende tumbar al líder ni habría opciones de hacerlo, porque Sánchez configuró un PSOE a su medida. Pero sí denota el escaso debate interno, que ahora se nota más por la pandemia: el comité federal no se convoca desde febrero, y las reuniones de la dirección sirven para reforzar la acción del Ejecutivo de coalición. 

El pantanoso mundo de las abstenciones

Los socialistas insisten en que intentarán no perder a los naranjas para los PGE, también porque estratégicamente quieren mantenerlos cerca, por lo que pueda pasar en el futuro. De hecho, hay dirigentes que no dudan de que si en la próxima legislatura a Sánchez le dieran los números con los liberales, con Inés Arrimadas al frente, optaría por ellos. Otros cuadros creen que no, que la coalición con los morados está afianzada y sobrevivirá a este mandato, pero sí estiman que el presidente quiere tener manos libres para decidir. “Hay que tener una mirada más abierta, y hablar con Cs y con los que se puedan. También para no renunciar al espacio del centro, que debemos seguir ocupando. Y para que no se aglutine el voto de la derecha, es importante ayudar a Cs para que tenga su espacio. Generar la mayor complicidad posible para aislar al PP”, indica un presidente regional. Iglesias tira en el camino contrario, y ahí está la gran pugna: sabe que si atrae a Sánchez a su lado, los naranjas no tendrían opciones de ser bisagra. El PSOE, entretanto, prefiere dejarse las puertas abiertas y apostar por la transversalidad

En la dirección de Cs no se esconde la buena relación que se ha creado con la Moncloa tras meses negociando las prórrogas del estado de alarma y, estas últimas semanas, analizando algunos capítulos de los Presupuestos.

En la dirección naranja se sienten mimados por una parte del Ejecutivo por si lo necesitan de aliado en un futuro

Altos cargos de la formación naranja se sienten especialmente cuidados por algunos ministros y algunos colaboradores de Sánchez, y creen que están mimando a Inés Arrimadas (la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, lo hizo el jueves en la tribuna del Congreso), porque quieren ayudar a Cs a reconstruirse y que se convierta en un verdadero partido bisagra por si le puede ser útil a medio plazo. Por si puede ser el recambio del tándem Podemos-ERC.

Arrimadas lleva semanas pidiéndole a Sánchez que opte por la “vía moderada de Cs”, pero en el partido naranja saben, porque lo han admitido a regañadientes en alguna rueda de prensa, que esa opción obligaría al jefe del Ejecutivo a abandonar el “bloque de izquierdas” que le invistió y entrar en el pantanoso mundo de las abstenciones. El PSOE tiene 120 diputados, por lo que necesita el apoyo de varios grupos para tirar la legislatura adelante.

Si el jefe del Ejecutivo hiciera comulgar a Unidas Podemos (35 diputados) con Cs (10) y sumara a los diputados naranjas al ‘sí’ a los PGE, debería lograr retener también los del PNV (6) y los de algunos regionalistas (al diputado cántabro, al de Teruel Existe y a uno de los dos canarios, por ejemplo). Esa alianza arroja 174 diputados y, para asegurarse la aprobación de las cuentas, necesita más ‘síes’ que ‘noes’, por lo que tendría que continuar negociando, ya que seguiría habiendo 176 que podrían tumbárselas.

En ese punto se añade la variable de las elecciones catalanas, que complicarían todavía más la operación del PSOE. Con los comicios en febrero, la abstención de ERC se presenta muy difícil. Algo más factible podría ser ganarse la de los cuatro diputados del PDECat, que se han divorciado de sus otros compañeros de JxCat en el Congreso y desde hace semanas han establecido su propia estrategia

La ‘vía Arrimadas’ obligaría al Gobierno a buscar abstenciones y con las catalanas a la vista no es fácil

Los socialistas tienen hasta la semana del 30 de noviembre al 3 de diciembre para hacer sus cábalas y su magia negociadora. En esos días se votarán el articulado y cada una de las secciones de los Presupuestos. El Gobierno necesita mayoría simple en todas ellas, porque no conseguirlo en una sola de las secciones supone la invalidación de todas las cuentas y no podrían seguir su camino hasta el Senado. El PSOE también podría cambiar de socios según cada apartado y cuadrar el círculo de contar con la mayoría de izquierdas (incluida Bildu) y Ciudadanos, según la votación, aunque normalmente los gobiernos suelen llegar a esa jornada clave con una mayoría armada y no la dejan a merced de alianzas variables. En los últimos, por ejemplo, Mariano Rajoy cerró un pacto con el PNV y Cs, aunque en algunos puntos también se sumaron otros grupos.   

No puedes ir a jugarte el partido a un escaño. El ser o no ser de esta legislatura está en estas cuentas. Hay que sacarlas, porque luego la gente verá su efecto en sus bolsillos”, advierte un senador socialista. La opción b no es una vía nada sencilla. E iría muy justa. De ahí que el PSOE quiera correr para tener en sus manos los PGE, pasar página y centrarse en el resto de legislatura. Antes, y esto lo asumen todos, habrá que tragar, porque el Parlamento es el que es. 

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