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Primer caso de Covid-19 en el centro de refugiados de Moria, en Lesbos

Esta semana ha ocurrido lo que todo el mundo se temía: se ha diagnosticado el primer caso de Covid-19 entre la población de inmigrantes y refugiados en el centro de acogida e identificación de Moria, a pocos kilómetros de la ciudad de Mitilini en la isla de Lesbos.

Se trata de un refugiado somalí de cuarenta años que no se sintió bien y las autoridades sanitarias, tras examinarle, detectaron que era positivo. El somalí, del que ya se conoce que ya tenía concedido el estado de refugiado, tenía orden de abandonar la isla para ir a Atenas a recoger sus documentos. Viajó a la capital el 17 de Agosto. Al no poder encontrar trabajo y donde vivir, decidió volver a la isla y al campamento que conocía, para instalarse de nuevo en la tienda de campaña que había sido su alojamiento durante meses, reencontrándose con sus amigos y teniendo acceso a alimentos. Nada más ser diagnosticado positivo, fue trasladado al hospital de la capital, Mitilini, mientras que todo el campamento se encuentra en cuarentena durante los próximos 14 días y continúan los controles médicos, comenzando por las personas que estuvieron en contacto con él. Queda prohibido el salir o entrar en este campamento salvo casos de emergencia.

Refugiados sin trabajo y sin vivienda
Aun no se ha dado a conocer cómo y dónde se ha contagiado este refugiado, pero si los detalles de su caso: llegó de forma ilegal a las costas de la isla, pasando a ser instalado en una de las tiendas de campaña en los olivares que rodean al campamento de Moria, construido para acoger inicialmente a tres mil personas. Ahora en la zona malviven más de 13.000, muchos de ellos mujeres y niños, y si tienen suerte lo hacen en los contenedores del campamento inicial, donde tienen agua, electricidad y su propio aseo. Si no, se instalan en tiendas de campaña en los olivares de los alrededores, donde el acceso al agua y a los aseos es dificil. Las grandes ONGs que ayudan a esta población denuncian el hacinamiento, la falta de higiene y las malas condiciones en general de los centros de acogida y el que nada mas recibir el estatus legal de refugiados la gran mayoría de estos inmigrantes se encuentran literalmente en la calle.

Proceso legal agilizado pero falta de medios
Ahora mismo hay menos personas intentando llegar a las costas griegas, en parte por las deportaciones en caliente que el Gobierno griego no confirma y en parte por los controles turcos. También ya desde hace meses el Gobierno conservador de Kiriakos Mitsotakis ha agilizado el proceso de identificación y solicitud de asilo, consiguiendo que más de diez mil personas que se encontraban en las cinco islas más cercanas a Turquía (Lesbos, Leros, Kos, Jíos y Samos) fueran trasladadas a otras partes de Grecia y son centenares los menores no acompañados que son acogidos en otros países europeos.

Niños en el campo de Moria (Lesbos) esperan autobuses que les lleven a Atenas

REUTERS
Pero la mayoría de las personas que se encuentran en Grecia, nada más ser reconocidas como refugiadas, pierden automáticamente el derecho a tener donde vivir y comer gratuitamente, algo que inquieta no solo a las autoridades locales sino a todas las ONGs que les ayudan. Ello es debido «a que nadie les informa de cómo solicitar ayuda y de qué derechos tienen», como dice Irini, una asistente social de una gran organización filantrópica que trabaja con ACNUR y fondos europeos para proporcionar pisos y distintos tipos de ayuda para los inmigrantes que terminan su proceso de asilo o son ya refugiados. «Para inscribirse en las listas de los distintos programas hay que estar informados y saber dónde acudir y si no es la policía la que se los lleva de forma obligatoria a algún campamento en las cercanías de Atenas o del Pireo hasta que se solucione su futuro inmediato», explica Irini, que lamenta el que no haya más programas de integración y apoyo financiero para los nuevos refugiados legales que no ven futuro en el país.

Campamentos cerrados
El contagio de este somalí desesperado no solo muestra los problemas existentes para los inmigrantes legalizados, sino que deja claro que los campamentos, que en principio son abiertos (permitiendo entradas y salidas) no permiten controlar a esta población. Los habitantes locales por su parte ahora aceptarían más fácilmente los campamentos «cerrados», es decir con entradas y salidas controladas, algo que no querían hasta ahora ya que se temían que esto eternizaría la situación en sus islas.
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